Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Latido Riojano

Latido Riojano

Piñeiro rescata del exilio la voz teatral que Puig dejó escrita en una novela

La dramaturga argentina adaptó Maldición eterna a quien lea estas páginas, una obra que el autor de Boquitas pintadas escribió en Nueva York y que ahora sube a escena bajo la dirección de Marcelo Moncarz, con Luis Campos, Mateo Chiarino y Luz Miraldi.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 3 min de lectura
Piñeiro rescata del exilio la voz teatral que Puig dejó escrita en una novela

Hay obras que esperan décadas para encontrar su escenario, y esa espera, a veces, termina siendo el mejor argumento a favor de su regreso. Eso mismo pensó Claudia Piñeiro cuando, hace ya algunos años, se sentó a escribir el prólogo de la reedición de la obra completa de Manuel Puig y volvió a cruzarse con Maldición eterna a quien lea estas páginas, una novela que el autor de Boquitas pintadas escribió durante su exilio en Nueva York y que, desde entonces, parecía pedir otra forma de ser leída. La dramaturga argentina la levantó del anaquel y la llevó al teatro: la pieza se estrenó el 23 de agosto bajo la dirección de Marcelo Moncarz, con Luis Campos, Mateo Chiarino y Luz Miraldi en escena, y pone sobre las tablas un cruce improbable entre un argentino amnésico y un joven neoyorquino que dialogan sin saber muy bien quién es quién ni de qué conversación han venido.

Un libro que ya era teatro antes de subir a escena

Lo que sedujo a Piñeiro no fue la trama sino la forma. La novela está construida casi entera como un diálogo entre dos personajes, un armazón tan poco habitual en la narrativa de Puig que a esta escritora y dramaturga, acostumbrada a pensar en escena antes que en página, le resultó inevitable preguntarse cómo sonaría eso dicho en voz alta, con cuerpos presentes y silencios contados en metros y no en líneas. Me impresionó cómo le habla al presente el texto, reconoció la autora al recordar el momento de la relectura, convencida de que ciertos libros encuentran su momento más tarde que al salir, como si la propia literatura les fuera marcando la cita con el escenario que merecen.

“Me impresionó cómo le habla al presente el texto. Ciertos libros encuentran su momento más tarde que al salir.”Claudia Piñeiro

Piñeiro subraya además algo que quienes leyeron a Puig saben bien: el autor de Boquitas pintadas fue un artista integral que nunca abandonó del todo el cine y el teatro, y que en cada novela dejaba filtrarse un oído preparado para la escena. Esa teatralidad latente fue la que ella decidió activar con esta adaptación, sin traicionar el lenguaje coloquial que el propio Puig cultivó como nadie, ese registro de cartas, conversaciones y modos de dirigirse que no busca la perfección sino la fidelidad con la que hablaba una clase media argentina que Piñeiro, sin nostalgia pero con mirada crítica, ya describe como casi arqueológica, como si para reconstruirla hubiera que recurrir casi a un arqueólogo de las palabras cotidianas.

Del papel a la butaca: lo que el escenario le devolvió

La mudanza de la página al escenario, según confiesa la propia Piñeiro, le permitió ver matices que la lectura solitaria le había tapado. El personaje del argentino mayor, un hombre duro y a veces hiriente, ganó en sensibilidad gracias al trabajo de Luis Campos, que le arrancó capas de ternura que el texto escrito dejaba apenas sugeridas. Todos somos claroscuros, reflexionó la dramaturga sobre esa tensión entre la aspereza y la fragilidad que el escenario hace visible de un modo que la página no siempre garantiza, y que es, en definitiva, la promesa que el teatro le cumple a un libro cuando decide adoptarlo.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo