Octubre rosa en primera persona: la productora audiovisual que pasó por un cáncer de mama y sale a grabar mensajes desde el auto para empujar a las mujeres a chequearse
María José Riera recibió el diagnóstico en noviembre de 2020, atravesó la quimioterapia y la radioterapia, escribió un libro sobre el proceso y ahora insiste en que cada mujer se ponga primero en su lista de pendientes. En el mes internacional de concientización, su convocatoria vuelve a circular.

La mañana se presenta templada y luminosa sobre Buenos Aires, una de esas jornadas que invitan a bajar la ventanilla del auto y dejar entrar el aire, y eso es justamente lo que hizo María José Riera antes de entrar a una larga jornada de estudios de control: detuvo el vehículo, encendió la cámara del celular y grabó un mensaje directo a otras mujeres. La escena, mínima y casera, condensa una cruzada personal que esta productora audiovisual sostiene desde hace cinco años, cuando un diagnóstico de cáncer de mama le cambió la vida y, según cuenta, le ordenó las prioridades.
Una grabación desde el auto, camino a los estudios
El video que Riera compartió en sus historias de Instagram fue grabado a la vera del camino, antes de cada turno. Lo pensó mientras manejaba y lo ejecutó apenas se detuvo. Venía, dijo, con mucha alegría a hacerse los estudios, una alegría que, explicó, proviene de dos lugares bien concretos: la posibilidad efectiva de acceder a los controles y la decisión íntima de hacerlos, que no es automática ni liviana. Esa decisión la tradujo en una frase que ya se volvió bandera: ponerse primero en su lista, priorizarse, cuidarse para poder estar en salud y en disfrute. La convocatoria, simple y sin estridencias, apuntó especialmente a octubre, el mes en que el mundo vuelve a hablar de cáncer de mama, y cerró con un pedido puntual: háganse todos los controles necesarios.
“Hoy es un día en donde durante todo el día tengo estudios de control. Y venía pensando que vengo con mucha alegría a hacerme eso. Es la misma decisión de ir por el mismo camino, de ponerme primero en mi lista, de priorizarme, de cuidarme para poder estar en salud, para poder estar en disfrute. Especialmente en este octubre, chicas, háganse todos los controles necesarios.”María José Riera, productora audiovisual
Del diagnóstico al libro, cinco años después
El 24 de noviembre de 2020 Riera estaba en la peluquería, con los papelitos de los claritos todavía en el pelo, cuando recibió la noticia. La operaron el 9 de diciembre de ese año y a lo largo de 2021 completó el tratamiento con quimioterapia y radioterapia, un proceso que ella misma describe como un punto de inflexión del que todavía hoy está saliendo. La experiencia, además, trajo aparejados cambios personales que ella no había planeado: durante ese período decidió separarse, después de treinta y cinco años de matrimonio, y lo explica con una frase que también condensa su mirada sobre el cuidado: no quería cargar con la angustia de otra persona que no me podía acompañar y que no tenía las herramientas emocionales para hacerlo, dijo en una entrevista previa. Esa etapa quedó además atravesada por la pérdida de una sobrina a causa de la misma enfermedad, un duelo que, según repite, no hace más que reforzar la insistencia en los chequeos periódicos.
- Diagnóstico el 24 de noviembre de 2020, mientras estaba en la peluquería.
- Operación el 9 de diciembre de ese mismo año.
- Tratamiento de quimioterapia y radioterapia durante 2021.
- Separación después de 35 años de matrimonio en ese período.
- Publicación de su primer libro, Fue un buen verano, donde relata el proceso y la decisión de separarse.
- Controles periódicos para descartar que el tumor reaparezca.
La amistad como trinchera
En el libro, Riera no se detiene solo en la enfermedad ni en el final del matrimonio. Hay un capítulo entero dedicado a la amistad como trinchera: un grupo de amigas se mudó con ella en plena quimioterapia, la acompañó en los peores tramos y, según describe, la sostuvo con presencia concreta, del surco a la góndola de la vida cotidiana, que es justamente donde se prueba la red afectiva de cualquier persona. La autora, oriunda de la ciudad de Buenos Aires, suele repetir que ese acompañamiento femenino fue tan terapéutico como los propios tratamientos, y por eso el volumen cierra con una dedicatoria explícita a la amistad femenina. La experiencia, dice, le dejó también una certeza que traslada a cada grabación: las mujeres tienden a postergar sus controles para atender a los otros, y ella prefiere invertirla.
Lo que el Estado todavía no resolvió
Porque del dicho al hecho, en materia de salud mamaria en Argentina todavía hay un trecho que el Estado no termina de cerrar. El mensaje de Riera se viraliza cada año en octubre, pero las estadísticas de acceso a estudios preventivos no se mueven al mismo ritmo: los turnos para mamografías en hospitales públicos siguen siendo largos en buena parte del país, las campañas de detección temprana pierden fuerza después del mes rosa y las mujeres sin cobertura de medicina prepaga dependen de dispositivos puntuales que, en muchos casos, no llegan. A esa deuda estructural se suma la cultural: la de postergarse, la de no ponerse primera, la de ir siempre última en la propia lista de pendientes. Riera lo dice de memoria y por eso vuelve a grabarlo desde el auto cada vez que sale rumbo a un control. Es una forma de militancia que no necesita siglas ni actos: alcanza con la cámara del celular encendida mientras se entra al estudio.
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