Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Latido Riojano

Latido Riojano

Portada — Vida —

El rencor que no se va: lo que le hace al cuerpo sostener una ofensa durante décadas

Cuando una afrenta se guarda sin procesarla, el organismo reacciona como si la amenaza siguiera viva: presión arterial alta, cortisol elevado, defensas bajas y una fatiga que no se explica por el esfuerzo físico. Un repaso por lo que la medicina sabe sobre el costo biológico de no soltar el enojo.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
El rencor que no se va: lo que le hace al cuerpo sostener una ofensa durante décadas

A mí me cuesta escribir sobre este tema sin que aparezca la cara de Roberto, un vecino de acá nomás, en mi viejo barrio de Lanús. Roberto cargó durante más de veinte años el día que un socio lo dejó afuera de un emprendimiento que habían levantado juntos, ladrillo por ladrillo, con el crédito de sus padres y los fines de semana sin descanso. Nunca le hizo un juicio, nunca le gritó en la cara, nunca se lo dijo a los hijos. Lo que hizo fue otra cosa, mucho más silenciosa y mucho más dañina: se lo guardó. Cada vez que alguien mencionaba al antiguo socio, Roberto apretaba la mandíbula, se le endurecía el cuello y cambiaba de tema con una sonrisa que no le llegaba a los ojos. A los cincuenta y pico terminó con hipertensión, con problemas de sueño que ni el médico ni él lograban entender del todo y con una gastritis que aparecía y desaparecía sin razón aparente. Cuando le pregunté, hace poco, si pensaba que todo eso tenía que ver con aquella historia, me miró como si le hubiera puesto en palabras algo que él sabía pero nunca se había animado a decir en voz alta. Esa escena vuelve cada vez que me toca leer un material como el que llegó a la redacción esta semana.

La diferencia entre la bronca y el rencor

Porque una cosa es enojarse, discutir, decir de todo y a la noche dormir como un tronco, y otra muy distinta es lo que los especialistas llaman rencor: ese volver una y otra vez, durante años, a la misma herida, sin que la intensidad baje, sin que el recuerdo pierda fuerza, sin que el cuerpo registre que la amenaza ya pasó. La bronca es una reacción que aparece con fuerza y se disipa; el rencor es un estado permanente, una manera de estar en el mundo que se instala sin pedir permiso y que termina cobrándose cosas que no tienen nada que ver con el enojo original. Puede nacer de una traición amorosa, de una injusticia en el trabajo, de una pelea familiar que nunca se cerró, de un trámite que alguien trabó a propósito. El origen es variado; lo que se repite es el mecanismo.

Lo que el cuerpo empieza a pagar

Lo primero que se desordena es el sistema cardiovascular. La presión arterial sube de manera crónica y la frecuencia cardíaca se acelera incluso en reposo, como si el organismo estuviera siempre a la espera de algo que nunca termina de llegar. El corazón termina trabajando de más, sin pausa, porque el cerebro sigue interpretando el recuerdo de la ofensa como si la amenaza siguiera viva en este preciso momento, acá, a la vuelta de la esquina. En paralelo se desordenan las hormonas: el cortisol, que es la hormona del estrés, se queda elevado más tiempo del que corresponde, y esa elevación sostenida es la que termina arruinando el sueño, favoreciendo la acumulación de grasa abdominal y reduciendo la sensibilidad a la insulina, lo que puede abrir la puerta a trastornos metabólicos que antes no tenían por qué aparecer.

  • Defensas bajas: con el sistema inmunitario sometido a una demanda constante, las defensas frente a infecciones caen y se instala una inflamación de bajo grado, silenciosa, vinculada con enfermedades crónicas de distinto tipo.
  • Rigidez muscular literal: mandíbula apretada, cuello duro, espalda cargada, cefaleas tensionales que no encuentran causa en una resonancia ni en un análisis.
  • Desgaste digestivo: el eje intestino-cerebro es de los más sensibles al estado emocional, y el rencor se traduce en gastritis, colon irritable y digestiones que nunca terminan de sentarse bien.
  • Fatiga sin causa aparente: no es cansancio físico, es el agotamiento de sostener, sin pausa, una respuesta de emergencia que el cuerpo humano diseñó para ser breve y no para durar décadas.
“El cuerpo que paga la factura es siempre el propio.”Norberto Abdala, psiquiatra especialista en psiconeuroendocrinología

Abdala, que conoce el tema como pocos en el país, aclara algo que a mí me parece importante decir con todas las letras: no hay evidencia sólida como para decir que el rencor cause tal o cual enfermedad específica, pero sí hay evidencia firme de que mantiene encendidos, de manera sostenida, un montón de mecanismos que son perjudiciales para el organismo. La diferencia no es menor: no es que el rencor genere por sí solo un infarto o un cáncer, sino que el rencor pone al cuerpo en un estado de alerta permanente que va gastando piezas, una por una, durante años, hasta que algo se rompe. Por eso el especialista insiste en que la factura la paga siempre el mismo, el que se quedó cargando la ofensa, y no el que la provocó.

A mí lo que más me queda de estos temas, y se lo hago saber a quien me quiera escuchar en la redacción, es que el rencor es una de esas cosas que parecen gratuitas pero que tienen un precio enorme, y que ese precio se paga en silencio, sin que los demás se enteren, hasta que un día el cuerpo avisa con un dolor de pecho, con un insomnio que no cede, con un análisis que salió mal. Roberto, mi vecino de toda la vida, terminó entendiéndolo tarde, pero lo entendió. Y cada vez que lo veo charlar con los nietos en la vereda, con la mandíbula distendida y la espalda derecha, pienso que hay afres que se pueden soltar no por el otro, al que probablemente le importe muy poco, sino por uno mismo, que es el único que va a vivir adentro de este cuerpo los próximos años. La imagen que me llevo, y que les dejo, es esa: un hombre aprendiendo, ya grande, a abrir la mano que durante décadas estuvo apretada en un puño contra la nada.

Etiquetas del tema

A continuación, las palabras clave que dejo para que cualquiera pueda encontrar esta nota cuando la busque: rencor, salud, cuerpo, estrés crónico, cortisol, hipertensión, inflamación, sistema inmune, fatiga, salud mental, psicología, medicina, vida cotidiana.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo