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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Roedores en el barrio: por qué tapar el agujero no alcanza y qué hacer antes de llamar al fumigador

Un responsable técnico de una empresa de control de plagas explica los selladores que realmente sirven, los errores domésticos que mantienen viva la infestación y el paso a paso para limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado, un riesgo que casi nadie conoce.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Roedores en el barrio: por qué tapar el agujero no alcanza y qué hacer antes de llamar al fumigador

Acá, en cualquier manzana de cualquier barrio, el tema vuelve cada otoño: aparece un ratón en el depósito, alguien ve un excremento detrás de la heladera y lo primero que se hace es agarrar la espuma de poliuretano y tapar el agujero que se ve. Hasta ahí, parece lógico. El problema, según me lo explicó un responsable técnico de una empresa de control de plagas con el que conversé durante la semana, es que ese trabajo casi nunca alcanza. La espuma es el sellador más usado para cerrar agujeros en paredes y zócalos, pero tiene una limitación concreta que mucha gente ignora: los roedores pueden roerla. Literalmente, con los dientes, la atraviesan.

El combo que sí funciona para cerrar el paso

Para que el cierre sea de verdad efectivo, el material tiene que combinarse con una barrera física antes de la masilla: malla metálica o lana de acero. Sin eso, el trabajo queda a medias y, a los pocos días, el bicho vuelve a entrar como si nada. La idea es sencilla: si el animal no puede roer la malla, no pasa. Lo demás es decorativo.

Ahora bien, además de los agujeros visibles, hay puntos de ingreso que suelen quedar afuera del diagnóstico casero. El técnico me los fue enumerando uno por uno, y varios me sorprendieron. Los burletes deteriorados debajo de las puertas son una vía frecuente, sobre todo en casas antiguas. La vegetación pegada a la fachada funciona como puente y, créase o no, las cajas de cartón apiladas en los depósitos terminan siendo un hotel cinco estrellas para una colonia. También las pequeñas fugas de agua atraen, porque sin agua no sobreviven ni una semana. Y un detalle que tengo escuchado en la mesa familiar más de una vez: el alimento de mascotas que queda al alcance durante la noche. Una vivienda puede estar ordenada y limpia y, aun así, tener una infestación si alguno de esos accesos queda abierto. Me lo dijo con una frase que se me quedó: el orden no expulsa, solo dificulta.

Por qué los remedios caseros no resuelven nada

Sobre los famosos trucos que circulan por redes sociales, el técnico fue bastante directo. La menta y el vinagre no repelen de forma sostenida: el olor se va y el ratón vuelve. Los aparatos de ultrasonido, esos aparatitos que se enchufan y prometen espantar todo lo que se mueva, no atraviesan paredes ni muebles, y con el tiempo los roedores se acostumbran al estímulo sonoro y siguen como si la música no sonara. Las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado, sí, pero no controlan una infestación, apenas sacan una foto del problema. Y las trampas adhesivas, agregó sin rodeos, generan un sufrimiento innecesario sin resolver el foco. Ninguna de esas alternativas reemplaza la tarea de fondo: localizar y cerrar los puntos de entrada.

Limpiar los restos: el paso a paso que casi nadie sigue

  • Ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar al lugar donde están los rastros.
  • Colocarse guantes gruesos y protección para las vías respiratorias, idealmente una mascarilla con filtro.
  • Humedecer los excrementos con un desinfectante apropiado y dejarlo actuar el tiempo que indique el producto.
  • Retirar todo con papel descartable, sin contacto directo de la piel con los restos.
  • Nunca barrer en seco ni usar aspiradora: ambas acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin notarlo.

Lo que más me llamó la atención, y por eso lo cuento, es lo del polvo. Uno tiende a pensar que el riesgo de los roedores está en la mordedura, en el contacto directo. Pero la orina y los excrementos se secan, se pulverizan y se mezclan con el polvo de la casa. Cuando alguien barre o pasa la aspiradora sin saber que hubo una plaga, ese polvo se levanta y se inhala sin que la persona se dé cuenta. Los roedores pueden transmitir enfermedades por esas vías y, además, introducir parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros. La limpieza no es un detalle estético, es un tema de salud.

Cuando le pregunté cuándo hay que dejar de hacer el trabajo doméstico y llamar a un profesional, la respuesta fue bastante clara: si los rastros se repiten después de limpiar y cerrar lo que uno encontró, o si se tiene la sospecha de que el foco viene de la red de alcantarillado, lo recomendable es recurrir a un servicio de control de plagas sin seguir improvisando. Mi vecina Marta, que vive dos casas más allá y que siempre tiene algún tema doméstico para comentar, me dijo mientras le contaba todo esto: yo tapé tres agujeros con espuma el año pasado y a los quince días tenía un ratón en la cocina. Ahora ya sé por qué. La espuma sola, acá también, no alcanza.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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