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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Aunque uno se sienta bien: por qué conviene sentarse en el consultorio antes de que algo avise

La tranquilidad de no tener síntomas no siempre equivale a estar sano. Qué se controla, cada cuánto y por qué la edad y los antecedentes familiares terminan definiendo el calendario de los chequeos.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
Aunque uno se sienta bien: por qué conviene sentarse en el consultorio antes de que algo avise

Vivo en un barrio donde la gente suele repetir la misma frase cuando le preguntan por el médico: "Yo me siento perfecto, ¿para qué voy a ir?". El martes a la tarde me lo dijo Jorge, el de la ferretería de la esquina, mientras lijaba una tabla para una cliente del fondo. Y no es un disparate: cuando el cuerpo no avisa, cuesta mucho armar el viaje hasta el consultorio. El problema es que, justamente, hay varias condiciones que durante años no avisan nada y que, cuando deciden hacerlo, ya dejaron huella. La hipertensión, por ejemplo, es una de esas silenciosas que durante mucho tiempo avanza sin dar señales hasta que un día se presenta con un dolor de cabeza fuera de lo común o con un episodio que termina en la guardia. Por eso los controles preventivos no están pensados para quienes se sienten mal, sino al revés: para quienes, sintiéndose bien, igual quieren saber cómo están.

Qué se revisa en una visita preventiva

En una consulta de este tipo el equipo de atención primaria suele tomar peso, talla, presión arterial, frecuencia cardíaca y función respiratoria, y aprovecha para mirar ojos, oídos, piel y mucosas. Es un paneo general que después orienta al profesional sobre qué estudios pedir. Los análisis de laboratorio que se indican a partir de ese primer paso aportan datos sobre el funcionamiento renal y hepático, los niveles asociados con diabetes y riesgo cardiovascular, la presencia de anemia o procesos inflamatorios. Acá viene un detalle que a veces se pierde de vista: la orden no es la misma para todos. Depende de la edad, del sexo, del historial clínico y de cómo se haya desarrollado esa primera entrevista.

“Los cuidados preventivos contemplan el historial médico, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para definir un plan individual.”Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah

Me quedé pensando en esa frase cuando hablaba con Marta, la señora que atiende la verdulería de la avenida, que me contaba que a su padre se le detectó diabetes a los 55 casi por casualidad, en un análisis que pidió el cardiólogo antes de una operación menor. A partir de ahí, los hijos empezaron a controlar glucemia con otra atención. Los antecedentes familiares pesan, y pesan mucho: si hubo enfermedades cardíacas, diabetes o determinados tipos de cáncer en la familia directa, no es raro que los controles tengan que empezar antes o repetirse con mayor frecuencia.

Un calendario que cambia con los años

  • Entre los 20 y los 30 años, una persona sana sin antecedentes puede requerir un chequeo cada uno a tres años.
  • A partir de los 40, las recomendaciones suelen orientarse hacia controles anuales.
  • Entre los 45 y los 75 años se recomienda incorporar la detección de cáncer colorrectal; la colonoscopia cada diez años es una de las alternativas habituales, aunque los antecedentes pueden adelantar ese inicio.
  • Desde los 50 hasta los 59, los chequeos anuales son frecuentes.

Después, ya con la libreta en la mano y los turnos anotados, Jorge me dijo algo que me parece la mejor síntesis posible de todo esto: "Uno no va al médico porque se sienta mal, va para que el día que el cuerpo tenga algo para decir, ya haya alguien que lo venía escuchando". Es una manera muy criolla de explicar por qué importa sentarse en el consultorio antes de que los síntomas lleguen al living. La salud, como tantas cosas en la vida, suele agradecer más el aviso temprano que la visita urgente.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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