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Una mañana para mirar a los ojos a los pibes: el Castro Rendón abre sus puertas y controla la vista gratis

Este jueves, de 8 a 14, el servicio de Oftalmología del hospital neuquino atiende a chicos de 4 a 14 años por orden de llegada, con DNI en mano. Buscan detectar a tiempo el ojo vago y otras fallas que, agarradas a tiempo, tienen solución.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Una mañana para mirar a los ojos a los pibes: el Castro Rendón abre sus puertas y controla la vista gratis

Les cuento lo que hay que saber porque la cosa vale la pena y, además, es gratis. Este jueves, el servicio de Oftalmología del Hospital Provincial Castro Rendón, ese que queda en Santa Fe 350, pleno centro de la ciudad de Neuquén, abre sus puertas para una jornada de control visual pediátrico pensada para chicas y chicos de entre 4 y 14 años. No hace falta turno previo: se atiende por orden de llegada, de 8 a 14, y lo único que tienen que llevar las familias es el Documento Nacional de Identidad del pibe o la pibe, que se carga en el sistema sanitario ANDES. Si en la casa guardan estudios visuales anteriores, llévenlos también, porque siempre le sirven al equipo médico.

El lugar, para el que no lo conoce, es de esos hospitales públicos grandes, con pasillos anchos y movimiento constante desde temprano. Pero este jueves la postal cambia un poco: la planta de Oftalmología se va a llenar de chicos, de padres y madres haciendo cola con la bolsita del DNI, de abuelos que aprovechan para acompañar al nieto porque acá, en Neuquén, uno siempre se cruza con un conocido. Diego, vecino del barrio Villa Ceferino, me lo decía mientras tomaba mates en la vereda: "Yo llevo a mi nena, que viene quejándose de que no ve bien el pizarrón, y la verdad es que una oportunidad así no se desaprovecha". Esa es, me parece, la síntesis perfecta del espíritu de la movida.

De qué se trata y por qué importa

La jornada apunta, sobre todo, a detectar ambliopía, esa condición que en la calle conocemos como ojo vago y que en los papeles técnicos lleva un nombre más largo. Lo explica la subjefa de Oftalmología del hospital, Natalia Racigh: "Ambliopía es el término técnico para referirse a un ojo que no funciona como corresponde y que, si se diagnostica en el momento oportuno, tiene tratamiento". Lo que pasa, mirado con sencillez, es que el cerebro, que es un poco tramposo, aprende a el ojo que ve mejor y deja de prestarle atención al otro. Si eso se descubre temprano, se corrige; si se deja pasar, el problema se queda para siempre.

Y acá viene lo central, lo que a mí me parece que hay que remarcar con todas las letras: la oportunidad de tratar tiene fecha de vencimiento. El cerebro y los ojos de los chicos mantienen plasticidad hasta más o menos los 13 o 14 años; después de esa edad, las conexiones se fijan y el clásico parche sobre el ojo bueno, que se usa para obligar al cerebro a trabajar con el ojo flojo, ya no da mejoras permanentes. Por eso los médicos insisten en no demorar el control, aunque el pibe parezca ver bien y no se queje.

  • La atención es de 8 a 14, por orden de llegada, sin turno previo.
  • Hay que llevar el documento de identidad del chico para registrarlo en el sistema ANDES.
  • Si hay estudios visuales anteriores, conviene presentarlos.
  • Está dirigida a niñas y niños de 4 a 14 años.
  • Si se detecta alguna alteración, el equipo deriva a consulta ambulatoria para iniciar tratamiento.

Las pantallas, los dolores de cabeza y el calendario que se repite

Hay un dato que a mí me dejó pensando y que quiero compartirlo con ustedes. En jornadas anteriores del propio Castro Rendón, más de la mitad de los chicos evaluados llegaron con alguna falla en la agudeza visual. No es un dato menor: estamos hablando de uno de cada dos. Parte de ese crecimiento, coinciden los especialistas, se vincula con el uso intensivo de pantallas desde edades cada vez más tempranas, con el esfuerzo sostenido de enfoque a corta distancia que favorece la miopía y que suele traducirse en dolores de cabeza frecuentes en la etapa escolar. Pibes que se acercan a la pantalla de la tablet a veinte centímetros, que se quedan horas con el celular, que estudian con la laptop pegada a la cara. El ojo lo nota, aunque el pibe no se queje.

El calendario de controles que sugieren los oftalmólogos empieza bien temprano, casi desde que el pibe nace: primer mes de vida, seis meses, año y medio, tres años y cinco años. A partir de los cinco, la recomendación es repetir el examen una vez por año, en paralelo con el chequeo escolar. Es una rutina que no cuesta demasiado y que, bien entendida, le puede ahorrar a una familia años de idas y vueltas, de fracasos escolares que en realidad eran un problema de enfoque, de dolores de cabeza que se confundían con otra cosa.

Me quedo con una imagen, la que se me viene a la cabeza mientras escribo: la cola formándose temprano sobre la calle Santa Fe, el sol neuquino pegando de lleno en la vereda, una madre con su nena del cole quejándose de calor y un abuelo que le dice "ya vamos a entrar, mi amor, ya vamos". Detrás de ese gesto chiquito, casi doméstico, hay un equipo médico listo para mirarles los ojos a decenas de pibes y, si hace falta, agarrar el problema a tiempo. Por eso, si están en Neuquén o cerca, anotarse esta oportunidad es casi un acto de cuidado elemental. Acá, en definitiva, de eso se trata: de mirar a tiempo a los que más queremos.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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