Una IA descifró el whatsapp interno del embrión y ya predice qué tejido se va a formar
Investigadores del Instituto Whitehead crearon IRIS, un sistema que traduce los mensajes químicos que reciben las células durante el desarrollo. Lo probaron en embriones de ratón y prometen mejoras en el cultivo de tejido pulmonar en laboratorio.

A mí me pasa siempre: estoy cenando y el teléfono me tira una notificación que no entiendo. Resulta que era un mensaje clave, pero me llegó con la app equivocada. Algo así, pero en versión microscópica, es lo que les sucede a las células de un embrión: reciben señales químicas todo el tiempo y, si las interpretan mal, el tejido que se forme termina siendo cualquier cosa. Un equipo del Instituto Whitehead, asociado al MIT, se propuso traducir ese whatsapp celular. Y lo logró con una Inteligencia Artificial a la que bautizaron IRIS.
Una herramienta que reconoce señales nuevas como Siri reconoce un idioma nuevo
IRIS funciona con una técnica llamada aprendizaje por transferencia, que en criollo es así: vos aprendés a manejar un Fiat y después te subís a una Hilux y ya te arreglás. La investigadora Pulin Li lo explica con una comparación doméstica: pensá en los asistentes de voz como Siri, que se entrenan principalmente en inglés y después usan ese entrenamiento para reconocer otros idiomas. IRIS aprende a identificar una señal química en un grupo de células y después la reconoce en tejidos completamente distintos, incluso en aquellos que no formó parte de su entrenamiento.
Para armarlo, el equipo trabajó con células madre de ratón y de humano. Activaron y desactivaron de forma controlada seis señales químicas distintas, las combinaron de miles de maneras y registraron cómo respondía la actividad genética de cada célula. Con esos datos armaron un mapa de correspondencias: ante determinada combinación de señales, el sistema puede predecir el destino de la célula.
Qué tan bien le fue en las pruebas
- En embriones de ratón, IRIS anticipó con precisión qué señales llevan a la formación del corazón, los intestinos, los músculos y la médula espinal.
- Superó una prueba de segmentación embrionaria, un proceso en el que el cuerpo se organiza en partes respondiendo a señales que llegan desde dos direcciones opuestas, sin haber sido entrenado específicamente para esa tarea.
- Cuando lo evaluaron con tipos de células nerviosas que nunca había procesado, sus predicciones coincidieron con lo que ya se conocía sobre la formación del sistema nervioso.
Lo más jugoso, al menos para los que padecemos asma o conocemos a alguien con fibrosis pulmonar, es que los investigadores ya usaron IRIS para mejorar el cultivo de tejido pulmonar en laboratorio. No es magia ni promesa electoral: es un paso concreto hacia entender mejor cómo se forman estos tejidos y, eventualmente, por qué dejan de funcionar como deberían.
Dicho todo esto, conviene no volar tan alto. Yo me guardo las expectativas cada vez que escucho Inteligencia Artificial más desarrollo embrionario, porque suelen venir con PowerPoint inflado y titulares a tres años vista. Acá, al menos, hay un paper con resultados verificables y un uso inmediato en el laboratorio. No es poco.
Consejo práctico para periodistas, divulgadores y curiosos que estén pensando cómo contar esta clase de avances: no se queden con la palabra inteligencia artificial y larguen. Pidan siempre qué se entrenó, con qué datos y para qué sirve hoy, no mañana. Si la respuesta es puro verso, escupan el café y sigan de largo.
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