Treinta kilómetros de cráteres: el castigo que sufre la Ruta 40 entre Junín y Zapala
Vecinos y viajeros describen un tramo con pozos tan profundos que ya hubo cubiertas reventadas y roturas mecánicas; las últimas lluvias los taparon de agua y nadie sabe qué hay debajo hasta que la rueda cae.

Acá, en este rincón de la Patagonia, la Ruta 40 tiene tramos que se cuentan entre los más lindos del país, pero también tiene ratos en los que parece que el pavimento se hubiera rendido: eso es lo que pasa entre Junín de los Andes y Zapala, donde unos treinta kilómetros de calzada están literalmente acribillados por pozos, muchos de ellos de dimensiones considerables, de esos que no se esquivan ni queriendo porque ocupan media mano y obligan a reducir la velocidad al mínimo si uno no quiere terminar con la rueda en la banquina o, peor todavía, en el taller.
Para hacerse una idea de lo que significa recorrer este corredor hay que imaginarse una cinta de asfalto que en algunos sectores parece más un camino rural que una ruta nacional, y le pregunto a cualquiera que haya pasado por ahí y me va a decir lo mismo: los pozos están desde hace rato, no son un invento de las últimas semanas, y las lluvias recientes los taparon de agua, de manera que uno avanza creyendo que tiene enfrente un charco y termina metiéndose en un cráter que no se ve, y el golpe lo recibe la suspensión, la cubierta y, casi siempre, el ánimo del conductor.
Vecinos y viajeros cuentan lo mismo
Como suelo hacer en estas notas, me tomé un rato para cruzar unas palabras con gente que conoce la zona y que la transita seguido, y la coincidencia es llamativa: todos arrancan la frase con un 'y bueno' o un 'mirá', como pidiendo paciencia, y todos terminan diciendo que ya les tocó sufrir las consecuencias. 'Yo ya reventé dos cubiertas en lo que va del año por culpa de los pozos que aparecieron entre Junín y Zapala, y la última vez me llevé un golpe tan fuerte en la dirección que casi me voy a la cuneta', me cuenta Fabián, un vecino de Junín de los Andes que suele viajar a Zapala por temas de trabajo y que conoce cada metro de ese asfalto como la palma de su mano, y mientras me lo decía se reía con esa risa nerviosa del que sabe que no tiene mucho por qué reírse.
Otros viajeros que prefirieron no dar su nombre pero que también transitan el tramo por vacaciones o por trabajo coinciden con Fabián: hubo roturas de neumáticos, golpes en tren delantero, problemas de alineación y hasta algún que otro caso de cubiertas que directamente estallaron contra el filo del pavimento, y por eso más de uno ya empezó a postergar el viaje en auto y a evaluar combinaciones con micro o avión cuando puede, una decisión que, en una zona tan turística, no es menor.
- Circular de día y a velocidad moderada para ver los agujeros con tiempo.
- Llevar cubierta de repuesto en buen estado y revisarla antes de salir.
- Tener a mano el número de auxilio mecánico y el de la aseguradora, porque en varios sectores no hay señal de celular.
- Evitar el cruce de pozos llenos de agua, ya que la profundidad real está tapada y el golpe es más violento.
- Consultar el estado del tramo antes de salir, sobre todo después de jornadas de lluvia.
La Ruta 40 en Neuquén es, por estos lados, mucho más que una carretera: es la puerta de entrada a destinos turísticos muy concurridos, sobre todo cuando se acerca el verano y empieza a colmarse de familias, de turistas y de trabajadores golondrina que vienen desde otros puntos del país, y la paradoja es que justo en el momento en que más gente quiere usarla es cuando la calzada se muestra más castigada, con una carpeta asfáltica que lleva años acumulando promesas y muy pocas máquinas trabajando encima.
Mientras tanto, acá el paisaje sigue siendo de esos que cortan la respiración: la cordillera al fondo, el aire limpio, los colores del sur, todo eso intacto, y uno quisiera que el viaje fuera solo eso, una postal, pero no, el viaje también es esto, un hilo de pozos que parece no terminar nunca, y uno se agarra del volante y mira el espejo para ver si la cubierta sigue entera, y recién ahí respira, y se acuerda de los vecinos como Fabián, que ya casi ni se sorprenden, y entiende que la paciencia que tienen los que viven en la zona no es un don, es un reflejo de haber aprendido a convivir con un camino que, por ahora, les pide mucho más de lo que devuelve.
¿Ya recorriste ese tramo o tenés un viaje planeado por la zona? Contanos tu experiencia en los comentarios.
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