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Sentirse solo y estar aislado no es lo mismo, pero los dos restan años de vida saludable

Una investigación con más de 277 mil participantes del Biobanco del Reino Unido encontró que la soledad y el aislamiento social se asociaron con menos años libres de enfermedades. La mayor brecha se dio en la salud mental de los hombres, donde alcanzó los 5,8 años. Los hábitos saludables atenuaron el impacto del aislamiento, pero no el de la soledad.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
Sentirse solo y estar aislado no es lo mismo, pero los dos restan años de vida saludable

A veces uno cruza la calle, saluda al kiosquero, comparte un café con un compañero de trabajo y, sin embargo, vuelve a su casa con la sensación de que nadie lo escucha de verdad. Otras veces, en cambio, alguien pasa días enteros sin hablar con nadie y no se siente solo en lo más mínimo. Esa diferencia, que parece sutil y casi filosófica, es la puerta de entrada para entender un trabajo reciente que volvió a poner el foco en cómo vivimos y cuánto vivimos sin que las enfermedades nos pasen factura. Una investigación con más de 277 mil participantes del Biobanco del Reino Unido encontró que la soledad y el aislamiento social se asociaron con menos años de vida saludable, y que la brecha más grande llegó a los 5,8 años, nada menos que en la salud mental de los hombres.

Dos palabras distintas para dos experiencias distintas

Antes de meternos en los números, vale la pena ordenar las ideas, porque en la conversación cotidiana uno escucha "estoy solo" y "me aislé" como si fueran sinónimos, y no lo son. El aislamiento social describe una cuestión más bien objetiva: tener pocas relaciones o interactuar de manera limitada con los demás. La soledad, en cambio, es un sentimiento, es el malestar por la falta de una conexión que a uno le resulte significativa, tal como la define el Consejo Nacional de Envejecimiento. Por eso puede haber alguien muy acompañado en cantidad y muy solo en calidad, y al revés: alguien con pocos vínculos pero que siente que esos pocos le alcanzan y lo contienen.

Esa distinción no es un capricho de los académicos. Es la clave para entender por qué los hábitos saludables amortiguaron el impacto del aislamiento pero no hicieron mella frente a la soledad, como mostró el equipo encabezado por Lu Qi, de la Universidad de Tulane, en un comunicado difundido el 22 de septiembre de 2026. Comer mejor, moverse, dormir bien y no fumar sirvieron para recortar la pérdida de años sin enfermedades asociada al aislamiento social. Pero, frente al hecho de sentirse solo, esos mismos hábitos no alcanzaron para reducir el riesgo de manera significativa. Es como si el cuerpo pudiera entrenarse para tolerar la falta de contacto, pero no tanto para tolerar la falta de sentido en los contactos que tenemos.

Cómo se midieron los años de vida saludable

El trabajo siguió a más de 277 mil personas de entre 40 y 69 años reclutadas por el Biobanco del Reino Unido. Al momento de ingresar, ninguna de ellas padecía las siete condiciones que los investigadores decidieron vigilar: diabetes, enfermedades cardíacas, enfermedades pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. A partir de ahí, el equipo tomó los 50 años como referencia y calculó cuántos años más podían esperar vivir sin desarrollar ninguno de esos problemas, comparando a quienes se sentían solos o estaban socialmente aislados con quienes no atravesaban ninguna de las dos situaciones.

“Los hallazgos abarcan tanto la salud física como la mental. Las cifras se refieren a años libres de las enfermedades estudiadas, no directamente a años de vida perdidos.”Lu Qi, investigador principal de la Universidad de Tulane

Qué lugar tienen los vínculos y la sensación

Lo que deja esta investigación, mirándola desde acá, desde la vida de cualquier porteño, chaqueño o tucumano que abra la puerta de su casa y se pregunte cómo está, es algo que vecinos como Don Julio me suelen repetir mientras toman un cortado en el bar de la esquina: que la salud no se cuida solo con la dieta y la caminata, sino también con quién tenemos enfrente cuando nos sentamos a la mesa. La diferencia entre aislamiento y soledad no es un tecnicismo: es la diferencia entre tener a quién llamar y tener con quién quedarse en silencio. Y cuando esa diferencia se pierde, los años se van notando, sobre todo en la cabeza y en el ánimo, que son los primeros lugares donde se nota todo.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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