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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Seis de cada diez argentinos se endeudan para llegar a fin de mes y el 76% lo hace para pagar la comida, la luz y el médico

Una encuesta de Zentrix revela que los ingresos se evaporan antes del día 20 en dos de cada tres hogares, con un agujero especialmente profundo entre los más jóvenes y los sectores populares.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 4 min de lectura
Seis de cada diez argentinos se endeudan para llegar a fin de mes y el 76% lo hace para pagar la comida, la luz y el médico

El termómetro económico de los hogares argentinos volvió a marcar rojo en agosto, según el Monitor de Opinión Pública que la consultora Zentrix relevó entre el 25 y el 31 del mes pasado sobre 1.466 respuestas válidas, con una muestra ajustada al padrón electoral vigente. Lo que muestra ese termómetro es, en realidad, una fotografía bastante cruda de la economía cotidiana: dos de cada tres personas consultadas —el 66%, para ser precisa con los números del informe— reconocieron que el dinero se les termina, como muy tarde, el día 20 de cada mes. Y dentro de ese grupo, un 24% directamente admitió que no llega ni siquiera al día 10. La pregunta que sobrevuela toda la encuesta es casi una obviedad, y sin embargo duele: ¿qué pasa cuando la plata se acaba antes de que termine el mes? Respuesta: se toma deuda.

La brecha entre clases y entre generaciones

El informe no se queda en el promedio y abre la lupa por nivel socioeconómico y por edad, que es donde la película se vuelve más elocuente. En los hogares de clase baja, el 87,6% de los encuestados dijo que sus ingresos no alcanzan hasta el día 20. En la clase alta, esa proporción se desploma al 7,3%. La diferencia entre puntas es de más de ochenta puntos porcentuales, una distancia enorme que describe, sin eufemismos, la geografía del bolsillo argentino. Por edad, el 83,3% de los consultados de entre 18 y 39 años no logra estirar los ingresos más allá de esa fecha; entre los mayores de 60, esa cifra baja al 60,3%. Los jóvenes, otra vez, son los más golpeados.

En ese escenario, alrededor de seis de cada diez encuestados —un 59,5%— declaró haber contraído alguna deuda en los seis meses previos. El dato más llamativo, y el que le da título al relevamiento, es el uso que se le da a ese crédito: ya no financia el viaje, la moto o el televisor, sino las necesidades más elementales. Entre quienes se endeudaron, el 55,6% lo hizo para pagar alimentos y salud, y otro 20,4% para abonar tarifas y servicios. Sumados, esos rubros explican el 76% de los motivos de endeudamiento. Es decir: tres de cada cuatro argentinos que sacaron un crédito lo hicieron para comer, atenderse en el médico o pagar la luz y el gas. La famosa frase del surco a la góndola, esa que describe todo el camino que recorre un alimento desde el campo hasta la mesa, se replica aquí en sentido inverso: del bolsillo al mostrador de la farmacia, del recibo de sueldo al vencimiento de la tarjeta.

  • Clase baja: el 85% de las deudas se destina a alimentos, salud, tarifas y servicios, un peso que duplica al de la clase alta.
  • Clase alta: el endeudamiento para gastos básicos queda por debajo del 60%, y el resto se reparte entre bienes durables y otras compras.
  • Jóvenes de 18 a 39 años: el 83,3% no llega al día 20 con sus ingresos, frente al 60,3% de los mayores de 60.
  • Salarios vs. inflación: el 81,2% cree que su sueldo no le gana a los precios.

La lectura que hace Zentrix sobre por qué la gente termina pidiéndole prestado al banco o a la tarjeta para sobrevivir es bastante directa: los salarios no alcanzan. El 81,2% de los consultados considera que su remuneración no le gana a la inflación, una mayoría aplastante que se sostiene medición tras medición. Además, cuando se les pidió que mencionaran sus preocupaciones, el 50,1% apuntó a los ingresos y los sueldos como su principal tema pendiente, y el 40,9% mencionó el desempleo. No son respuestas nuevas, pero sirven para entender el trasfondo: cuando el ingreso formal se licúa, el crédito deja de ser una herramienta y se convierte en un parche.

Una mejora frágil

En medio de ese cuadro, hay un dato que la propia consultora destaca como el más llamativo del mes: la valoración positiva de la economía personal pasó del 27,2% en julio al 29,8% en agosto, una suba de 2,6 puntos que, siendo optimista, podría leerse como una incipiente mejora en el ánimo. Pero se trata de un movimiento dentro de un piso muy bajo: menos de un tercio de los encuestados cree que su situación económica personal es positiva, mientras dos tercios reconoce que no llega a fin de mes y seis de cada diez toma deuda para costear lo esencial. La mejoría, en este contexto, luce más como un cambio de expectativas que como una recomposición real del ingreso.

Lo que este relevamiento vuelve a poner sobre la mesa es un problema estructural que el Estado no termina de resolver de manera sostenida: la distancia entre los sueldos y la Canasta Básica. Cuando el crédito empieza a financiar la leche, los medicamentos y la boleta de luz, dejó de ser un instrumento financiero y se transformó en un indicador social. Y cuando dos de cada tres argentinos se quedan sin dinero antes de que termine el mes, lo que se está midiendo no es la calidad del consumo, sino la calidad de la política económica. La pregunta que la encuesta deja abierta, y que va a sobrevolar el resto del año, es si esa mejora de 2,6 puntos en la percepción alcanza para tapar un agujero de más de ochenta puntos entre los que menos tienen y los que más tienen.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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