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Mermeladas neuquinas con sello patagónico se consagraron en un mundial inglés y ya tientan al público argentino

Tres recetas de Sabor Natural, hechas por jóvenes con discapacidad en una chacra de San Martín de los Andes, obtuvieron medallas y una mención de honor en los Dalemain World Marmalade Awards 2026. La organización Puentes de Luz, detrás del emprendimiento, cumplió casi veinte años sosteniendo formación, trabajo y autonomía en la Patagonia.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
Mermeladas neuquinas con sello patagónico se consagraron en un mundial inglés y ya tientan al público argentino

Les cuento una historia que empieza bien al sur del sur, en una chacra de San Martín de los Andes donde se cultivan frutas y hierbas aromáticas, se cosecha, se acondiciona y se envasa con una paciencia que acá, a la vuelta de la cordillera, parece cosa de todos los días pero no lo es. El resultado son mermeladas artesanales que este año cruzaron el Atlántico y volvieron con reconocimientos bajo el brazo, algo que todavía cuesta creer mientras una se sirve una tostada en la cocina de casa.

En la edición 2026 de los Dalemain World Marmalade Awards, una competencia que se realiza en el Reino Unido y que esta vez reunió 3.400 productos llegados desde 33 países, tres frascos de Sabor Natural fueron seleccionados por un jurado que sabe mucho de cítricos, azúcar y oficio. La mermelada de limón y menta con bayas de arrayán y la de naranja tradicional se llevaron medalla de bronce. La de naranja con clavo de olor y canela tuvo que conformarse, aunque es una forma de hablar, con una mención de honor, que en un mundial de la mermelada viene a ser algo así como subirse al podio con un pasito menos. Las tres variedades tendrán una edición limitada disponible para el público, así que el que quiera darse un gusto tiene que estar atento.

Un proyecto que nació de unas familias y se volvió motor de toda una comunidad

Sabor Natural es el brazo productivo de Puentes de Luz, una organización de la sociedad civil con sede en San Martín de los Andes que trabaja con adolescentes, jóvenes y adultos con discapacidad. Los participantes intervienen en todas las etapas del proceso: cosecha, elaboración y envasado. También se producen miel y blends de especias que llegan a distintos puntos de la Patagonia y del país. La organización nació en 2007 a partir de un grupo de familias que buscaban construir un horizonte concreto para sus hijos e hijas con discapacidad.

“Lo que se ve acá, en la tranquera de la chacra, no es un taller con chicos haciendo dulces: es gente laburando, con un oficio aprendido, con un horario, con un nombre en una planilla y con una remuneración a fin de mes. Esa es la diferencia entre un proyecto asistenciado y un emprendimiento productivo, y por eso a mí, personalmente, me cuesta no emocionarme cada vez que lo cuento.”Ernesto Chumbita, Sociedad y vida cotidiana

Luis Rodríguez, psicólogo y hermano de una mujer con síndrome de Down, fue uno de los fundadores. En 2012 abrieron su propio Centro de Día, lo que evitó a muchas familias los desplazamientos de varias horas hasta Neuquén capital o Bariloche para acceder a servicios de atención. Casi veinte años después, Puentes de Luz acompañó de forma cotidiana a más de cien personas, ofreció espacios de apoyo a más de mil familiares y capacitó a más de seis mil docentes y profesionales. Sus eventos comunitarios llegaron a convocar a más de treinta mil personas a lo largo de los años.

  • Limón y menta con bayas de arrayán, medalla de bronce.
  • Naranja tradicional, medalla de bronce.
  • Naranja con clavo de olor y canela, mención de honor.

Entre quienes forman parte del proyecto están Maxi Wosner, que trabaja en el mercado laboral abierto y también en el taller de Sabor Natural; Sofía La Placa, pintora reconocida como Embajadora Cultural de San Martín de los Andes por el Concejo Deliberante; y Lautaro Prieto, jugador de la Selección Argentina de Básquet para personas con síndrome de Down, que además se anima con el fútbol. Son apenas tres nombres propios detrás de muchos otros, y sirven para entender que acá no se trata de un premio gastronómico más: se trata de un equipo de gente que aprendió un oficio y que, de golpe, compite de igual a igual con productores de Medio Oriente, de Europa, del sudeste asiático.

San Martín de los Andes, un pueblo que se mira en su propia chacra

Cuando llegás a San Martín de los Andes, lo primero que te llama la atención es el lago y el cordaje de los Andes recortado contra el cielo. Lo segundo, si uno se queda unos días y conversa con sus vecinos, es la cantidad de organizaciones que sostienen desde hace años una red comunitaria densa, casi silenciosa. Puentes de Luz es una de esas engranajes. Funciona con donaciones, con el aporte de las familias, con el trabajo voluntario de profesionales y, ahora también, con lo que vaya dejando Sabor Natural cuando la gente compre sus frascos.

Marta, una vecina del barrio El Arenal con la que me crucé el otro día mientras buscaba noticias, me dijo algo que se me quedó dando vueltas: «Mirá vos, pensar que el arrayán del patio de mi casa termina en una medalla en Inglaterra, y todo porque unos pibes se animaron a cocinarlo». Lo dijo así, nomás, mientras apagaba el motor del auto, y tenía razón: el arrayán crece al borde de los caminos de montaña, los pibes lo cosechan, lo cocinan, lo envasan, y el frasco termina en un palacio inglés compitiendo con los mejores del mundo.

Yo no voy a decirles qué mermelada elegir porque no probé ninguna de las tres, y sería una deshonestidad recomendar a ciegas lo que todavía no pasó por mi paladar. Pero les voy a decir algo: cuando un producto así llega del otro lado del mundo con una medalla, conviene probarlo. Y cuando detrás de ese producto hay veinte años de laburo comunitario, familias sosteniendo a sus hijos con discapacidad y un pueblo entero que se pone la camiseta, conviene probarlo dos veces. Acá, en el Sur, las cosas buenas suelen pasar lejos de los grandes focos, y por eso uno las descubre tarde, cuando ya están en los premios. Esta vez, al menos, las contamos a tiempo.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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