La inflación cede en agosto, pero el campo sigue mirando el precio del gasoil antes que el del mostrador
Cinco consultoras privadas coinciden en que el Índice de Precios al Consumidor bajó en agosto y se ubica entre 1,4% y 1,9%. Los alimentos traccionaron la desaceleración; los servicios y el combustible, en cambio, quedan como las variables críticas para lo que viene.

Les cuento cómo arrancó la mañana en la zona rural de Mendoza, con una helada tardía que cubrió los viñedos de Malbec y que obligó a los productores a salir antes de las siete a controlar las hojas quemadas por el frío. Esa postal, tan propia del sur mendocino en esta época del año, me sirve para arrancar esta nota porque hoy me toca hablar de números, pero siempre con la planta y la tierra como referencia inevitable. La inflación de agosto, según cinco consultoras privadas que miden el Índice de Precios al Consumidor semana a semana, habría cerrado entre 1,4% y 1,9%, una desaceleración clara respecto del 2,1% que se observó en julio, y eso es lo primero que quiero poner sobre la mesa porque para un país que viene de tasas de dos dígitos, moverse hacia la zona del uno coma ya es un cambio de paisaje.
Las mediciones las difundieron la Fundación Libertad y Progreso, que aportó la estimación más baja con 1,4%; EcoGo, con 1,5%; C&T Asesores Económicos, con 1,6%; Analytica, con 1,7%; e Invecq, con 1,9%. Es decir, hay un abanico de lecturas, pero las cinco coinciden en una misma dirección: los precios al consumidor dejaron de acelerar y empezaron a caminar más despacio, algo que en la Argentina de los últimos años siempre fue una buena noticia, aunque todavía insuficiente para hablar de estabilidad.
Alimentos y bebidas, el ancla que tiró hacia abajo
El rubro que más empujó la moderación fue, como tantas veces, el de alimentos y bebidas. Según la Fundación Libertad y Progreso, ese segmento subió apenas 1,1% durante agosto, una variación acotada si se la mide por el peso que tiene dentro del índice general. EcoGo, en tanto, detectó un aumento de apenas 0,3% en alimentos durante la última semana del mes, lo que la llevó a recortar en 0,1 punto porcentual su propia proyección respecto de la semana anterior, e Invecq incluso registró una caída de 0,1% en los precios durante la cuarta semana, una señal de menor presión hacia el cierre del mes que en cualquier análisis de góndola siempre se celebra con cautela.
- Verduras: acumularon una suba de 5,6% en el promedio de las últimas cuatro semanas de agosto.
- Frutas: subieron 2,6% en el mismo período.
- Carnes y derivados: registraron un alza de 0,7%.
- Otros alimentos: treparon 0,9%.
- Internet y telefonía celular: muestran subas superiores al 2% mensual, por encima del índice general.
Esos números sirven para entender por qué, del surco a la góndola, la cadena no se mueve de manera pareja. Las verduras y las frutas, que son justamente lo que más rápido siente el productor cuando una helada golpea como la de esta madrugada, lideraron las subas del rubro y superaron el promedio, mientras que carnes y otros alimentos quedaron por debajo, y nada de eso alcanzó para revertir la tendencia general a la baja en el indicador. En otras palabras, el rubro alimentos ayudó a domar el índice, aunque por dentro sigue habiendo productos que se mueven a un ritmo muy distinto.
Servicios, combustible y tipo de cambio: lo que puede sostener la presión
Porque del otro lado aparecen los rubros que no aflojan. Los servicios privados, en particular internet y telefonía celular, registran subas mensuales superiores al 2%, lo que los ubica claramente por encima del índice general y les da un peso creciente en el bolsillo del consumidor, sobre todo en los gastos fijos que se pagan todos los meses sin opción de postergar. A eso se suma el combustible, que es donde esta nota se cruza de manera directa con el campo: el barril de Brent, referencia para el mercado local, cerró la semana pasada en torno de los 95 dólares, por encima de los 90 dólares que YPF tomó como base para el último ajuste en surtidor, y esa diferencia abre la puerta a un nuevo aumento en el precio de la nafta y el gasoil que, como bien sabe cualquier productor que tenga que mover uva o ganado, termina pegando en el transporte y en la cadena de distribución de alimentos.
“Lo que vemos es una inflación que va a transitar entre 1% y 2% hasta fin de año, con registros en la zona del uno coma. Para septiembre estimamos un resultado parecido al de agosto, sin esperar una caída pronunciada.”Ricardo Delgado, de Analytica
Para adelante, las consultoras no anticipan una baja rápida. Ricardo Delgado, de Analytica, proyecta que la inflación se moverá entre 1% y 2% hasta diciembre, con registros en la zona del uno coma, y para septiembre espera un resultado similar al de agosto o apenas algo más alto, mientras que Sebastián Menescaldi, también consultado por las proyecciones, coincide en que el proceso de desaceleración seguirá siendo gradual y no lineal. En el medio queda el tipo de cambio, que es la otra variable que puede sostener la presión sobre los precios en los meses siguientes y que el campo observa con particular atención, porque cuando el dólar se mueve, se mueven los insumos, los fletes y los precios de la maquinaria, y todo eso termina recalentando los costos de producción incluso en una cosecha que viene con buenas perspectivas climáticas.
Y acá viene lo que el Estado todavía no resolvió y que a mí, como cronista que recorre fincas y galpones de empaque, me preocupa: la baja de la inflación no llegó todavía a los servicios que el productor paga todos los meses, ni al gasoil que carga el tractor, ni a las tarifas que ajustan por inflación pasada y que, como me decía esta mañana mientras revisábamos los daños de la helada un viñatero de San Rafael al que conozco desde hace años y que responde al nombre de Osvaldo, terminan haciendo que el productor vea la macroeconomía con optimismo pero sienta la microeconomía con resignación. Porque del surco a la góndola hay un trecho enorme, y en ese trecho todavía falta que el Estado acomode lo que no acomodó: los precios de la energía, los costos logísticos y la carga impositiva que sigue pesando sobre cada eslabón de la cadena agroindustrial, que es, no nos olvidemos, la que genera buena parte de los dólares que el país necesita para sostener este proceso de desaceleración que las consultoras hoy, con prudencia, empiezan a celebrar.
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