La nueva morosidad: cuando la deuda ya no se firma en un banco sino en la pantalla del celular
Un relevamiento del Instituto Argentina Grande muestra que entre los menores de 30 años las billeteras virtuales duplican a los bancos en proporción de clientes con cuotas atrasadas, y que la precariedad de los ingresos se convirtió en el motor principal del fenómeno.

El termómetro social del crédito cambió de mano. Ya no se mide por las sucursales bancarias que permanecen abiertas en las esquinas de los barrios sino por las notificaciones que parpadean en la pantalla del teléfono cada vez que se solicita un préstamo desde una aplicación. De acuerdo con un informe del Instituto Argentina Grande, 5.715.202 personas acumulan al menos una deuda impaga en el sistema financiero argentino, una cifra que equivale al 12 por ciento de la población total y que retrata con crudeza el deterioro del bolsillo de las familias en un país donde los ingresos siguen sin encontrar un piso firme.
Lo más inquietante del relevamiento no está en el número general sino en el perfil de los deudores. Entre los menores de treinta años, el 19,4 por ciento de quienes tienen compromisos registra mora con una billetera virtual o fintech, mientras que apenas el 7,9 por ciento atrasa cuotas con un banco tradicional. Esa brecha, casi uno contra medio, convierte a los más jóvenes en el único segmento etario donde las plataformas digitales concentran más deudores en mora que las entidades bancarias, un dato que habla de cómo se modificó el punto de partida del endeudamiento.
Los números detrás del fenómeno
Los datos afinan la radiografía. En la franja de 15 a 20 años se contabilizaron 53.445 casos de mora con plataformas digitales contra 21.669 con bancos, una relación de más de dos a uno que confirma el dominio fintech en los primeros pasos por el sistema crediticio. Entre los 21 y 35 años, los bancos retoman la delantera con 905.007 deudores morosos frente a 667.055 de las fintech, y la diferencia se mantiene en el tramo de 36 a 50 años, donde la banca reúne 922.075 casos contra 557.217 de las plataformas digitales. Recién a partir de los 66 años el peso de los bancos se vuelve arrasador: 189.738 contra 49.523.
“El problema radica en los ingresos. Se puede refinanciar reiteradamente o hacerlo una sola vez, pero siempre se estará condicionado a la imposibilidad de pagar con el flujo de caja real.”Mariano Almeyda, director del Centro de Estudios para la Ciudad
La advertencia de Mariano Almeyda, director del Centro de Estudios para la Ciudad,resume el corazón del asunto. En el análisis que la entidad hizo sobre quienes renegociaron obligaciones entre abril y agosto de 2026, el 50,6 por ciento permaneció en la misma categoría de morosidad y apenas el 30,5 por ciento logró mejorar su situación, lo que confirma que los acuerdos de refinanciación sin ingresos estables tienden a empujar al deudor de una trampa a la siguiente. La precariedad laboral, sumada a la pérdida del poder adquisitivo del salario y a las jubilaciones que no alcanzan, transformó al crédito digital en una herramienta de subsistencia más que de consumo, y dejó al descubierto que la promesa de inclusión financiera de las fintech se construyó sobre una base demasiado frágil.
El Estado todavía no resolvió la discusión de fondo, en el rincón de la política económica donde se define cuánto puede ganar una familia para no tener que pedir un crédito a una aplicación. Porque del surco a la góndola, del sueldo al pagarés digital, lo que estas cifras dibujan es algo conocido: cuando los ingresos no alcanzan, la deuda deja de ser una decisión financiera y se convierte en un arreglo cotidiano para llegar a fin de mes, con la particularidad de que ahora ese arreglo se firma con un pulgar sobre la pantalla del teléfono.
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