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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El llamado al 911 que terminó en camilla: lo que una excursión al Frey dejó como aprendizaje

Un rescate de casi siete horas en el Parque Nacional Nahuel Huapi volvió a poner sobre la mesa los recaudos básicos para que una salida de trekking no se transforme en una emergencia. Acá, el recorrido completo y los consejos de siempre que muchos siguen dejando en la mochila.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
El llamado al 911 que terminó en camilla: lo que una excursión al Frey dejó como aprendizaje

Te voy a contar lo que pasó el sábado al mediodía en un tramo del sendero al refugio Frey, en el Parque Nacional Nahuel Huapi, porque la escena se repite más de lo que uno quisiera y porque, la verdad, sirve como espejo para cualquiera que tenga una caminata de montaña anotada en la agenda. El lugar es lo que imaginás: bosque, roca, cielo enorme, ese silencio que solo se rompe con el viento y con los pasos sobre la piedra. Acá, cuando uno se interna por la picada que sube hacia el Frey, el paisaje se cierra entre lengas y coihues y el piso se vuelve irregular, con tramos de raíz expuesta y pendientes que, sin aviso, te obligan a frenar. En ese contexto, una mujer de 36 años, oriunda de Buenos Aires, marcó el 911 desde un punto intermedio entre el desvío a Playa Muñoz y el ascenso al propio refugio. Había sufrido una lesión en la pierna y no podía continuar. Viajaba con familiares y amigos, y tenía el Registro de Trekking al día, un dato que después fue clave.

A partir de ese llamado se puso en marcha un operativo que se extendió durante casi siete horas y que involucró a siete brigadistas del Departamento de Incendios, Comunicaciones y Emergencias del parque, a dos guardaparques de Zona Centro y a seis integrantes de la Comisión de Auxilio, entre ellos un paramédico. Los equipos subieron en un camión URO y una camioneta RAM, llegaron hasta donde estaba la turista, la estabilizaron en el sitio y la bajaron en camilla varios kilómetros hasta Playa Muñoz. Desde allí una embarcación la llevó a la seccional, donde la esperaba una ambulancia que la trasladó al centro de salud. La mujer llegó en buenas condiciones cerca de las 19:30, según confirmó la Intendencia del parque.

Un rescate que no fue aislado y que vuelve a abrir el mismo debate

Lo que me llamó la atención, y supongo que a vos también si llegaste hasta acá, es que desde la propia Intendencia aclararon que este episodio no fue un hecho aislado. En los días previos se habían registrado otras intervenciones por visitantes que salieron a la montaña sin contemplar suficientemente las características del recorrido. Eso, en criollo, significa que la gente sigue entrando al bosque con la misma liviandad con la que sale a caminar por Palermo o por el Rosedal: sin medir tiempos, sin revisar el equipo, sin repasar el pronóstico. Y el parque, claro, no es un parque urbano.

Mi vecina Marta, que vive en Villa La Angostura desde hace treinta años y conoce el Frey como la palma de su mano, me decía el otro día, mientras tomábamos mate en la vereda, que ella cada vez que alguien le pregunta por el refugio les repite lo mismo: "Andá con tiempo, andá con registro y andá con la cabeza puesta". Es una frase de barrio, pero condensa bastante bien lo que las autoridades del parque acaban de volver a poner por escrito.

Los cuatro recaudos que siempre aparecen y que conviene no saltear

  • Completar el Registro de Trekking antes de partir. Ese formulario, que se hace online, es lo que permite ubicar a una persona si no regresa en el horario previsto y funciona como punto de partida de cualquier búsqueda.
  • Calcular los tiempos reales de caminata pensando en las horas de luz que quedan para el regreso, no solo para la ida. Subir con el sol de frente y bajar cuando ya cae la tarde es la combinación más riesgosa.
  • Adecuar el equipamiento al terreno: calzado con suela de agarre, ropa de abrigo impermeable y mochila con agua y alimentos suficientes para todo el recorrido.
  • Evaluar con honestidad la propia condición física antes de elegir un sendero de dificultad alta. Si el cuerpo no está entrenado, la montaña no negocia.

Las autoridades son claras en algo que vale la pena repetir: estas medidas no evitan todos los accidentes, porque la montaña siempre se reserva un margen de imprevisto, pero reducen de manera concreta el tiempo de respuesta y mejoran las condiciones en las que los equipos de emergencia pueden trabajar. Cuando alguien tiene el registro hecho, los brigadistas saben dónde buscar; cuando los tiempos están bien calculados, la ventana de luz alcanza para llegar; cuando el calzado responde, las torceduras como la del sábado bajan de manera sensible. Son detalles pequeños que, sumados, hacen la diferencia entre volver caminando y volver en camilla.

Lo dejo acá con una imagen que me quedó dando vueltas: la de una camilla bajando por la picada entre las lengas, con un grupo de rescatistas que se turnaba para sostener el peso del cuerpo y del propio cansancio, mientras el sol ya se corría detrás de la cordillera. Acá, en esta montaña que compartimos, cada excursionista que sale con registro, con tiempos pensados y con equipo adecuado es uno menos en esa imagen. Y eso, créanme, vale la pena.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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