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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Cuatro veces más: la brecha del colectivo que partió al país en dos

Pinamar cobra el boleto mínimo más caro del país y el AMBA nacional, el más barato: la distancia entre ambos supera los 2.400 pesos por pasaje y se refleja en la cantidad de gente que viaja.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 4 min de lectura
Cuatro veces más: la brecha del colectivo que partió al país en dos

La mañana en la que empecé a leer este relevamiento de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor era de esas en las que el termómetro marca un número que no invita a salir. Esa incomodidad, pienso, es la misma que siente un usuario cuando compara lo que paga por subirse a un colectivo en su ciudad con lo que paga un vecino a mil kilómetros: no es un dato estadístico, es una decisión cotidiana que se vuelve más pesada según dónde se viva.

El mapa del boleto más caro

El relevamiento ordena un país que parece dividido en dos cuando se mira desde el asiento del colectivo. En la punta más alta aparece Pinamar, con un boleto mínimo de 3.176 pesos por pasaje. Detrás se acomodan San Martín de los Andes, con 2.900; Pergamino, con 2.784; Eldorado, con 2.500; y Centenario, con 2.478. Más abajo en la tabla, pero todavía lejos de cualquier promedio, quedan Partido de la Costa (2.410, con una suba del 21 por ciento respecto de septiembre), Bariloche (2.333), Orán (2.200) y las dos ciudades grandes del interior que suelen aparecer en cualquier ranking de servicios públicos: Rosario y Córdoba, ambas en 2.150 pesos, con Rosario habiendo aplicado un aumento del 25 por ciento frente al mes anterior.

En la otra punta del mapa, los valores más bajos del país se concentran en la región metropolitana. Los servicios de jurisdicción nacional del AMBA son los más baratos: 743 pesos. La Ciudad de Buenos Aires cobra 920, con una suba del 3,66 por ciento respecto de septiembre, y el AMBA bonaerense llega a 1.215, tras un incremento del 4,39 por ciento. En ese mismo tramo se ubican Ramallo (950) y un grupo de ciudades del interior profundo con boletos de 1.000 pesos: La Rioja, Villa Mercedes y General Pico.

  • Pinamar: $3.176, la tarifa más alta del país.
  • San Martín de los Andes: $2.900.
  • Pergamino: $2.784.
  • Eldorado: $2.500.
  • Centenario: $2.478.
  • Rosario y Córdoba: $2.150 cada una.
  • AMBA jurisdicción nacional: $743, el boleto más barato.
  • Ciudad de Buenos Aires: $920.
  • AMBA bonaerense: $1.215.

Menos pasajeros, más costo real

El dato de precios, sin embargo, cuenta solo una parte de la historia. En el AMBA, el sistema que más barato ofrece el boleto, la cantidad de gente que efectivamente viaja viene cayendo de manera sostenida. En septiembre de este año, el promedio diario de pasajeros en días hábiles fue de 8.232.858, contra 9.158.089 del mismo mes del año anterior: una baja del 10,1 por ciento, equivalente a 925.231 viajes menos por día. Los sábados la caída fue del 12,1 por ciento y los domingos, del 9,8 por ciento.

La tendencia se extiende cuando se mira un período más largo. Entre agosto de 2022 y agosto de 2026, los viajes mensuales en el AMBA pasaron de 241 millones a 200 millones: 41 millones de viajes menos por mes. En ese mismo lapso, medido en pesos constantes, el costo real por pasajero subió 225 por ciento, de 244 a 794 pesos. El subsidio real, en cambio, bajó 37 por ciento. El resultado es un cambio profundo en quién financia el sistema: en 2022 el pasajero cubría el 15 por ciento del costo total del servicio; hoy cubre el 43 por ciento.

“Viajar en colectivo puede costar cuatro veces más según la ciudad donde se vive, y al mismo tiempo cada usuario paga una parte cada vez mayor del costo real del servicio.”Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor

Lo que el Estado todavía no resolvió

La pregunta que sobrevuela todo el informe es cuánto pesa el precio del boleto a la hora de decidir si subirse al colectivo o buscar otra alternativa. Porque cuando el boleto mínimo en Pinamar cuesta más de cuatro veces lo que se paga por el boleto nacional en el AMBA, y cuando en el principal conglomerado del país el pasajero pasó de financiar el 15 por ciento del sistema a casi la mitad, lo que está en juego no es solo una tarifa: es la forma en que se subsidia el transporte, la equidad entre ciudades y la decisión de miles de personas que, del surco a la góndola y de la góndola al escritorio, evalúan cada gasto con la calculadora en la mano.

El relevamiento deja una fotografía incómoda: un país en el que el colectivo vale muy distinto según el código postal, un sistema metropolitano que pierde pasajeros mientras su boleto se encarece en términos reales, y un Estado que, entre idas y vueltas, todavía no resolvió la pregunta de fondo. Quién paga, y cómo se reparte, el costo real de moverse en la Argentina.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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