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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando la rodilla no deja dormir: por qué aparece el dolor nocturno y cuándo conviene consultar

Un especialista en medicina deportiva explicó que la molestia que se intensifica al acostarse suele tener causas concretas y que, mientras se coordina la atención, hay medidas simples para aliviar

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Cuando la rodilla no deja dormir: por qué aparece el dolor nocturno y cuándo conviene consultar

Me acuerdo de doña Elvira, una vecina del barrio que el otro día me paró en la puerta del kiosco y me dijo, con esa mezcla de fastidio y resignada que gastamos los que ya pasamos los cincuenta, que las noches se le habían vuelto un martirio porque la rodilla derecha no la dejaba dormir, y que por más que cambiara de postura en la cama el dolor seguía ahí, latente, molestando como si alguien le estuviera apretando la articulación desde adentro, y que ella pensaba que era cosa de la edad nomás, pero que ya le estaba arruinando la rutina porque al día siguiente estaba cansada, de mal humor y con miedo de subirse a la escalera para arreglar el tendedero, y por eso me preguntó si yo sabía algo del tema, porque me lee cada mañana y porque confía en que uno, cuando puede, tira una mano.

El lugar antes que el hecho

Acá, en el consultorio del doctor Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria, la escena se repite bastante seguido: gente grande que llega con la misma queja, ese dolor de rodilla que aparece de noche, cuando uno se acoya pensando que por fin va a descansar, y que sin embargo se vuelve más perceptible, más insoportable, más difícil de ignorar, y entonces el paciente se da vuelta, prueba de este lado, prueba del otro, se pone una almohada acá, se la saca, y no hay caso, la rodilla sigue protestando.

Por qué duele más cuando nos acostamos

Lo que Baker le explicó a su paciente, y que a mí me sirve para contestarle a doña Elvira, es que el movimiento durante el día cumple una función que uno no suele notar: va manteniendo lubricada la articulación, y esa lubricación natural hace que el roce no se sienta tanto, pero cuando llega la noche y uno se queda quieto, quieto en serio, esa lubricación disminuye, y entonces todo lo que fue sumando el cuerpo a lo largo del día, el cansancio, la inflamación chiquita, la presión, el desgaste, se acumula y se percibe más, sobre todo si la rodilla queda en una posición sostenida que carga el lado afectado, y por eso duele más al acostarse, y por eso también, como me dijo doña Elvira mientras acomodaba la bolsa de pan bajo el brazo, parece que de día una se arregla pero a la noche la rodilla pasa la factura.

  • Cambiar la postura al dormir puede aliviar mientras se busca el tratamiento adecuado
  • Una almohada entre las piernas, de costado, o debajo de las rodillas, boca arriba, reduce la presión sobre la articulación
  • El calor suele ayudar más en molestias crónicas asociadas con artritis
  • El frío resulta útil en lesiones recientes por sobreuso y cuando hay hinchazón
  • Ibuprofeno y naproxeno bajan la inflamación, pero pueden interactuar con anticoagulantes
  • La elección del analgésico conviene definirla con el profesional tratante
  • Correr sobre pavimento puede dejar una carga que se siente al final del día
  • La natación y el ciclismo permiten ejercitarse con menos impacto
  • El dolor merece consulta cuando persiste, corta el sueño o dificulta las actividades habituales

Lo que conviene revisar antes de tomar una pastilla

Antes de salir corriendo a la farmacia, Baker, y acá traduzco porque la nota original viene en otro idioma, hay que pensar qué otros medicamentos se están tomando, porque los antiinflamatorios más comunes, como el ibuprofeno o el naproxeno, sirven para bajar la inflamación pero pueden cruzarse mal con otros fármacos, sobre todo con los anticoagulantes que muchos adultos mayores usan por indicación del cardiólogo, y entonces la alternativa, como el paracetamol, tiene que conversarse con el médico de cabecera, no decidirse solo en el mostrador de la farmacia, y esa conversación, me parece a mí, es la que doña Elvira todavía no tuvo, y es la que vale la pena tenerla.

“Las medidas de alivio permiten reducir la incomodidad mientras se coordina la consulta; elegir un tratamiento requiere conocer qué la provoca”Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria

Cuando la consulta ya no puede esperar

La línea que el especialista trazó es bastante clara, y a mí me parece razonable: si el dolor aparece de noche pero no impide dormir ni cambia la rutina del día siguiente, uno puede probar con la almohada bien puesta, con el calor o con el frío según el caso, y ver cómo evoluciona; pero si la molestia persiste, si corta el sueño de manera repetida o si empieza a complicar las actividades cotidianas, como subir una escalera, caminar hasta la parada del colectivo o cargar la bolsa del súper, entonces ya no es cuestión de aguantarse con un parche o un gel, sino de ir al consultorio para que un profesional determine la causa, que puede ser una lesión, una inflamación localizada o un cuadro de artritis, y a partir de ahí indique el tratamiento correspondiente, porque, como me dijo una vez un vecino llamado Osvaldo mientras tomaba mate en la vereda, aguantar el dolor no es de guapo, es de cabeza dura, y la cabeza dura, a esta altura de la vida, no sirve para nada.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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