Créditos de fintech en default: el sector asegura que nueve de cada diez deudores ya tienen un plan de salida acordado
Más de dos millones de personas con préstamos de plataformas digitales o billeteras virtuales atraviesan algún grado de mora. La Cámara Argentina Fintech expuso ante Diputados cómo se compone esa cartera y por qué las tasas anuales parecen siderales cuando el costo real de un crédito corto resulta mucho más moderado.

La jornada se presentó calurosa y húmeda, esa mezcla que en la zona pampeana complica la transpiración de los cultivos de cobertura pero, claro, en el microcentro porteño el clima corre por cuenta de los dólares y de los créditos digitales que ya no se devuelven a tiempo. Lo cierto es que el escenario crediticio argentino atraviesa un momento que, hasta hace pocos años, hubiera sido inimaginable: hay cerca de 21 millones de personas con acceso a financiamiento formal, una cifra inédita en la historia económica reciente del país. De ese universo, 5,8 millones registran algún grado de irregularidad crediticia, y dentro de ese grupo 2,4 millones -es decir, el 16% del total de créditos en mora del sistema financiero- contrajeron préstamos con fintech o billeteras digitales, plataformas que proliferaron al calor de la bancarización forzosa y de la necesidad de millones de usuarios de resolver el día a día sin pasar por una sucursal bancaria tradicional.
Frente a ese cuadro, el sector salió a poner paños fríos: según los datos que llevó la Cámara Argentina Fintech a la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados, el 90% de esos deudores ya cuenta con algún esquema de refinanciamiento, asistencia o alternativa de salida pactada con la plataforma. La intención declarada, según remarcaron los voceros de la cámara empresaria, es doble: por un lado, evitar que una deuda puntual se transforme en una bola de nieve que arrastre al usuario durante meses o años; por el otro, preservar la construcción del historial crediticio, esa carpeta que en la Argentina suele estar más vacía que un galpón en pleno enero y que, cuando existe, define el acceso a la vivienda, al automotor y hasta a ciertos planes de celular en cuotas.
Por qué la tasa anual asusta aunque el crédito corto cueste menos
El punto central de la exposición fue, sin embargo, la lectura que cualquier persona hace cuando recibe la primera propuesta de préstamo en la pantalla del celular: una tasa nominal anual que parece de otro planeta. La cámara explicó que la Tasa Nominal Anual (TNA) y la Tasa Efectiva Anual (TEA) no reflejan de manera directa cuánto termina pagando alguien que tomó un crédito a pocos días, y que para conocer el costo real hay que mirar en conjunto el monto solicitado, los intereses, los cargos administrativos y el plazo pactado de devolución. El ejemplo que ofrecieron los técnicos fue tan gráfico como elocuente: un préstamo de 100.000 pesos a catorce días implica un pago final de 109.000 pesos, compuesto por 7.400 pesos de intereses y 1.600 pesos de impuestos, lo que arroja un costo efectivo para ese período del 9%. Ahora bien, al anualizar esa misma operación, la TNA trepa al 194%, la TEA al 550% y el Costo Financiero Total Efectivo Anual (CFTEA) alcanza el 850%. La traducción es sencilla y vale la pena repetirla hasta que se entienda: nadie va a devolver 950.000 pesos por haber pedido 100.000; lo que esa cifra describe es lo que ocurriría si ese mismo crédito se renovara de manera sucesiva durante los 365 días del año.
El planteo apunta a desmontar un malentendido que, según el propio sector, se repite en redes sociales y en cadenas de WhatsApp: que las fintech «cobran el 800%» o que «prestan al 1.000%». La cámara aclaró que las tasas responden a un modelo de fondeo específico, ya que las fintech y las billeteras no prestan el dinero de sus propios usuarios -algo expresamente prohibido por la normativa-, sino que toman líneas de crédito de bancos o recurren al mercado de capitales para originar préstamos, en general a personas con poco o ningún historial crediticio y, con frecuencia, sin garantías tradicionales. Esa combinación de mayor riesgo y fondeo más caro se traslada, inevitablemente, al precio que paga el usuario.
“Cuando uno ve 194% de TNA piensa que le están cobrando una locura, pero en realidad lo que está mirando es la foto de un crédito que se renovaría todos los días del año, algo que no pasa en la vida real.”Voceros de la Cámara Argentina Fintech
Crédito regulado versus crédito informal: la diferencia que nadie quiere perder de vista
La cámara también aprovechó la audiencia para marcar una línea que considera sustancial: la diferencia entre el crédito regulado y el que se mueve en los márgenes de la informalidad. El primero, dijeron, ofrece contratos, supervisión, derechos del consumidor y canales de reclamo formales; el segundo, en cambio, puede dejar a las personas sin ningún respaldo ante un cobro indebido o una tasa usuraria disfrazada de «préstamo entre conocidos». En un país donde todavía circulan préstamos puerta a puerta, líneas de WhatsApp y adelantos en efectivo contra la próxima quincena, la frontera entre ambos mundos no siempre resulta tan nítida como parece.
- 2,4 millones de personas mantienen préstamos con fintech o billeteras digitales en situación de mora.
- El 90% de esos deudores ya accedió a un plan de refinanciamiento, asistencia o salida acordada con la plataforma.
- Las fintech no prestan dinero de sus propios usuarios: toman fondeo de bancos o del mercado de capitales.
- Un préstamo de $100.000 a 14 días cuesta $9.000 en intereses e impuestos, equivalente al 9% del capital.
- La TNA del 194%, la TEA del 550% y el CFTEA del 850% describen el costo si el crédito se renovara durante todo un año.
Recorro del surco a la góndola las cifras que dejó la audiencia en Diputados y queda flotando una sensación que, como cada vez que se debate el costo del crédito en la Argentina, tiene más de interrogante que de respuesta: si la mayoría de los deudores ya cuenta con un plan de pago acordado, ¿por qué las tasas que ve el usuario común siguen resultando tan difíciles de digerir? ¿Por qué el Estado no ha avanzado todavía en una regulación específica que obligue a mostrar el costo efectivo en pesos y plazo, y no en tasas anuales que comparan peras con zapallos? La cámara lo planteó como un desafío pedagógico; los usuarios, en el mostrador del celular, lo siguen viviendo como una trampa. Mientras tanto, el crédito digital seguirá creciendo, la mora seguirá negociándose y el debate sobre cómo transparentar de verdad el precio del dinero quedará, otra vez, para la próxima reunión de comisión.
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