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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Aquella reunión de hermanas en el Tokio de 1979 que se mueve como un secreto a voces

Koreeda estira su mirada íntima en una miniserie de siete capítulos que Netflix dejó pasar casi sin ruido: cuatro hermanas, un padre sospechado y un guion que prefiere las grietas al estallido.

MO
Micaela OyolaCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Aquella reunión de hermanas en el Tokio de 1979 que se mueve como un secreto a voces

Me acuerdo de haber leído el nombre de Koreeda asociado casi siempre a la sala de cine. Por eso me llamó la atención encontrarme con una serie de siete episodios firmada por él, colgada en Netflix sin fanfarria, escondida entre otros lanzamientos. La busqué a tientas, como tantas veces que uno rescata algo del catálogo antes de que el algoritmo lo entierre del todo. Se llama Asura y, créanme, merece que alguien le avise al mundo que existe.

Un reencuentro que arranca con una sospecha

La historia se planta en el invierno de 1979, en Tokio. Cuatro hermanas vuelven a verse después de mucho tiempo: Tsunako, que da clases de ikebana; Makiko, ama de casa; Takiko, que trabaja en una biblioteca; y Sakiko, que se gana la vida como camarera. Ninguna vuelve por casualidad. Takiko llega con una corazonada que viene masticando en silencio: cree que su padre anciano, Kotaro, tiene una amante y un hijo escondido. A las otras les cuesta creerlo, pero se ponen de acuerdo en algo que ya dice mucho de esa familia: no le van a contar nada a la madre, Fuji.

Ahí, en ese pacto de silencio, empieza todo. Porque el secreto del padre no rompe la familia de un solo golpe: funciona como un martillo suave que golpea las grietas que ya estaban. Lo que se viene reprimiendo en cada una sale a la superficie episodio tras episodio, y uno termina mirando no tanto el descubrimiento en sí, sino lo que el descubrimiento destraba en cada hermana.

Siete capítulos para respirar, algo poco habitual en el ritmo de las plataformas

  • El formato serie le permite a Koreeda estirar el tiempo que en sus películas suele comprimir: cada hermana tiene escenas propias y momentos para habitar su conflicto.
  • El peso dramático se reparte entre las cuatro sin que ninguna quede condenada al rol secundario o de mero complemento.
  • El director intercala el drama con humor cotidiano, un recurso que ya es marca de fábrica en su cine y que acá evita que la historia caiga en el melodrama fácil.
  • La cercanía con los personajes se sostiene en los detalles de vestuario, de comida, de luz de invierno: se siente el aire frío de Tokio y se huele el arroz recién servido en la casa de los padres.

Koreeda es el mismo de siempre, el de Nadie sabe y el de Una familia de Tokio: alguien que prefiere quedarse en la cocina filmando una conversación de sobremesa antes que cortar a una explosión. Acá, con más metraje para moverse, esa paciencia rinde. Uno termina conociendo a las cuatro como si las hubiera visitado en su casa, con sus manías y sus silencios a flor de piel.

Próxima fecha y una recomendación que es casi un favor

¿La próxima fecha? No hay premiere ni función especial: Asura ya está disponible en Netflix, esperando al que se anime a buscarla. Es de esas series que, una vez que la arrancás, te saca del scroll infinito y te sienta en el sillón. Si te cruzaste con el nombre de Koreeda alguna vez y te sedujo su forma de mirar familias que se quieren a su manera, este es el regalo escondido del catálogo. Y si recién te enterás de que existe, como me pasó a mí, mejor todavía: nos lo contamos mutuamente.

MO
Micaela OyolaCultura y espectáculos

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