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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Adiós a Chiche Gelblung: el periodista que nunca dejó de trabajar

Murió a los 82 años en un sanatorio de Palermo, tras una cuarta internación en lo que va del año. Había estado al aire hasta el lunes y su despedida reunió a colegas y figuras del espectáculo en la AMIA.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 3 min de lectura
Adiós a Chiche Gelblung: el periodista que nunca dejó de trabajar

La mañana del miércoles 9 de septiembre arrancó en Buenos Aires con una llovizna finita y persistente, de esas que no anuncian tormenta pero terminan calando los huesos. Para mí, que sigo el pulso del periodismo argentino desde hace décadas, esa misma mañana abrió con una noticia que duele: a las 7.30 se confirmó la muerte de Samuel Chiche Gelblung, a los 82 años, en un sanatorio del barrio de Palermo al que había ingresado apenas un día antes por un cuadro respiratorio. Era, según contó su familia, su cuarta internación en lo que va de 2026, un dato que habla tanto de la fragilidad del cuerpo como de la terquedad de un hombre que se negaba a bajarse del aire mientras pudiera seguir hablando.

Lo que más me golpea, cuando reconstruyo su trayectoria del papel al micrófono y del micrófono a la pantalla, es la imagen final: Chiche había trabajado hasta el lunes, apenas cuarenta y ocho horas antes de su muerte. Condujo su programa de radio como si fuera un día más, con esa cadencia que combinaba el dato duro con el comentario filoso, ese tono que lo volvió inconfundible para varias generaciones de oyentes y televidentes.

De la radio a la gráfica: medio siglo en las tres pantallas

Pocas figuras del periodismo argentino pueden exhibir una carrera tan larga y, al mismo tiempo, tan vigente. Gelblung pasó por la prensa gráfica, la radio y la televisión con la misma naturalidad con la que un viñatero del sur mendocino pasa del surco a la góndola. Empezó en medios escritos, se consolidó en la radio y terminó convertido en uno de los rostros más reconocibles de la pantalla chica, donde construyó un estilo directo, frontal, a veces incómodo para sus propios entrevistados, pero siempre auténtico.

En junio, después de una de sus altas médicas, me quedó grabada una frase que él mismo repitió con una media sonrisa: "Todo bien por suerte, mañana ya empiezo". Era, pienso hoy, la definición exacta de su carácter: cada recuperación era, para él, una invitación a volver a lo que llamaba su vocación central, que no era otra que contar lo que pasaba delante de un micrófono.

La despedida en la AMIA y las voces que se acercaron

El velatorio se realizó en una de las salas de la AMIA, en la Ciudad de Buenos Aires, donde el Gran Rabino Eliahu Hamra leyó los salmos antes de que el cortejo partiera hacia el cementerio de La Tablada. Colegas, amigos y figuras del espectáculo pasaron durante toda la jornada a despedirlo. Entre ellos estuvo Graciela Alfano, que resumió el sentimiento de muchos al señalar: "Me hubiera gustado tener una última charla". Esa frase, simple y sin vueltas, fue el mejor retrato del vínculo que Gelblung había sabido construir con buena parte de la cultura argentina.

En abril de 2024, en un ciclo de entrevistas en profundidad, Chiche había mostrado una cara más íntima: habló de su historia personal, de los episodios duros de su infancia y de su relación con la muerte, un tema que, según contó, lo había obligado a pedir ayuda profesional: "Tuve que pedir ayuda a un psicoanalista para entender y aceptar la muerte", reconoció entonces. Esa confesión, hecha con la misma crudeza con la que encaraba una entrevista, terminó de redondear el perfil de un hombre que nunca esquivó las preguntas, ni siquiera las que dolían.

Mientras la ciudad seguía húmeda bajo la llovizna de este miércoles, lo que más me resuena es la cantidad de cosas que quedaron pendientes en la conversación pública argentina sobre cómo se cuida, se jubila y se releva a los trabajadores de los medios que dedicaron más de medio siglo al oficio. Chiche Gelblung se fue trabajando, como quiso. Lo que el Estado todavía no resolvió es cómo acompañar a esos periodistas veteranos cuando el cuerpo empieza a pedir pausa y la vocación, en cambio, se niega a parar.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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