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Vuelve la Feria del Libro a Neuquén con diez días para perderse entre páginas, conversaciones y músicos en vivo

La edición número 13 de la Feria del Libro "Marcelo Martín Berbel" se instala desde este viernes en el Museo Nacional de Bellas Artes y el Parque Central, con propuestas para grandes y chicos, talleres docentes y figuras como Reynaldo Sietecase, Alejandro Dolina, Guillermo Martínez y Darío Sztajnszrajber.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Vuelve la Feria del Libro a Neuquén con diez días para perderse entre páginas, conversaciones y músicos en vivo

Acá en Neuquén la cuenta regresiva ya empezó: desde este viernes 11 y hasta el sábado 20 de septiembre la ciudad se vuelve, como cada año, el punto de encuentro de los que todavía creemos que un libro merece un viaje, una cola y una firma. La decimotercera edición de la Feria del Libro "Marcelo Martín Berbel" toma otra vez sus lugares clásicos —el Museo Nacional de Bellas Artes y las globas montadas en el Parque Central— y lo hace con un lema que esta vez suena casi a declaración de principios: "Libros que transforman, una ciudad en movimiento".

Antes de meternos con las figuras que se vienen, vale la pena detenerse un segundo en dónde pasa todo, porque el escenario importa. El Museo Nacional de Bellas Artes queda ahí nomás, en el corazón de la ciudad, con sus salas listas para recibir presentaciones y conversatorios, mientras que en el Parque Central las carpas blancas ya empezaron a armarse para alojar los stands de librerías y editoriales y los escenarios al aire libre donde, si el tiempo acompaña, la cosa se pone bien de vereda. Cuando una se acerca caminando desde la calle, lo primero que ve es el movimiento de los libros siendo acomodados en mesas y el ruido de las cajas abriéndose: un pequeño caos ordenado que anticipa lo que viene.

Un viernes de apertura para leer de todo

La primera jornada tiene una variedad que ya invita a pegar el salto entre una sala y otra. Hay una novela histórica sobre la figura de Julio Argentino Roca, un ensayo sobre educación emocional pensado para los tiempos que corren y un conversatorio sobre cuerpo e intimidad en la literatura, que es de esos temas que a uno le hacen abrir la carpeta y prestar atención. También se presenta una investigación en ciencias sociales vinculada a derechos humanos, y varias obras de autores patagónicos que, como siempre, son los grandes protagonistas silenciosos de la feria.

El finde llega cargado: Sietecase, Dolina con músicos y más

El sábado la cosa sube unos decibeles. Reynaldo Sietecase presenta su nueva novela y, más tarde, Alejandro Dolina graba en vivo un episodio de su programa radial con músicos en escena, lo que ya de por mismo convierte a la globa del Parque en una pequeña platea de radio que late. En paralelo hay un taller de encuadernación básica para mayores de 15 años —de esos que a mí siempre me tentaron y nunca me animé— y una charla sobre maternidad y discapacidad, además de la presentación de una novela infantil pensada para los más chicos de la casa.

  • Guillermo Martínez, con su mezcla de literatura y enigma.
  • Mauricio Kartun, maestro del texto que se dice en escena.
  • Martín Sivak, que suele bajarle a la realidad complexión de crónica.
  • Pompeyo Audivert, un actor que también escribe y cuenta.
  • Darío Sztajnszrajber, filósofo de los que incomodan con una sonrisa.
  • Soledad Barruti, que se mueve como pez en el agua en el tema alimentación.
  • Viviana Rivero, de las que saben atrapar a un público enorme con sus novelas.

La lista de invitados se completa con autores y editoriales de la región, porque la feria nunca pierde de vista su ADN patagónico: acá no se viene solo a ver a los famosos de afuera, sino a cruzarse con el escritor del pueblo de al lado que trae su primera novela bajo el brazo.

Para ir con chicos y para ir con la libreta del colegio

Para los que vamos con chicos —o con nietos, que también vale— la programación incluye propuestas de narrativa infantil y actividades escolares a lo largo de los diez días, con horario completo para que una pueda organizar la recorrida sin andar corriendo. Y para los docentes hay espacios de formación específicos dentro del predio, una de las partes más valoradas de la feria, porque muchas veces es el único momento del año en que se juntan a pensar la enseñanza en torno a un libro.

Yo todavía guardo la imagen de la última edición, cuando ya caía la tarde sobre el Parque Central y una señora llamada Marta —vecina del barrio Belgrano, lectora de toda la vida— me decía, mientras sostenía tres bolsas con libros, que ella iba a la feria "como otros van a la procesión". Esa es, creo, la mejor definición que escuché: una peregrinación laica, con paso tranquilo y bolso grande, en busca de esa cosa rara que a uno le pasa cuando un libro le cambia la semana. Si tenés planeado ir, armá la lista de deseos, llevá anotado el nombre de los autores que no querés dejar pasar y, sobre todo, dejá espacio en la mochila: uno siempre vuelve con más de lo que pensó.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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