Una plaza, un tensiómetro y una charla a la sombra: Cipolletti salió a cuidar el corazón de sus vecinos
El parque del Complejo Cultural se pobló de médicos, enfermeros y curiosos durante una jornada abierta que combinó controles de presión arterial, talleres de RCP, vacunación y una caminata. Lo que dejó la tarde, contado desde adentro.

Llegué al parque del Complejo Cultural Cipolletti cuando el sol empezaba a cruzar la copa de los árboles y ya se notaba movimiento: mesas plegables, guardapolvos blancos, una ambulancia estacionada cerca del ingreso y un grupo de gente que caminaba entre los stands sin apuro, como si la tarde estuviera organizada para quedarse un rato. El escenario, acá, no era el de un hospital ni el de un consultorio frío, sino el de un espacio verde de la ciudad pensado para que el vecino se acercara sin turno y sin miedo a preguntar.
Medirse la presión y anotarlo: la sugerencia del cardiólogo
La propuesta fuerte de la jornada fue la toma de presión arterial gratuita. Lo singular no fue solo el control en sí, sino lo que vino después: una charla mano a mano con Pablo Schvartzman, cardiólogo que trabaja con los residentes de Cardiología de Leben Salud. Yo lo escuché explicar con paciencia algo que muchos damos por sabido pero casi nadie cumple: a sus pacientes les pide medirse todos los días y anotar los valores durante por lo menos una semana antes de volver al consultorio. Esa libreta, me dijo, vale más que cualquier máquina sofisticada, porque muestra cómo se comporta la presión en la vida real, no apenas en el momento del examen.
Alrededor, la gente hacía fila con la planilla en la mano o esperaba el turno charlando. Marta, una vecina de la zona que se acercó con su marido, me dijo al pasar que hacía años que no se controlaba la presión "como la gente" y que la excusa fue siempre la misma: "para qué, si me siento bien". Escuchó a Schvartzman y se quedó pensando en la libreta.
La presión alta no es cosa de la edad
Durante el intercambio, Schvartzman desmintió una de las creencias más arraigadas que aparecen en las consultas: que con los años es lógico que la presión suba y haya que bancársela. El razonamiento, según me lo resumió, es que las arterias se endurecen con el correr de los años, y eso es verdad, pero de ahí no se deduce que haya que tolerar valores elevados como si fueran un sello de la edad. Una cosa es que el cuerpo cambie y otra, bien distinta, es resignarse a convivir con una hipertensión que se puede tratar. Esa distinción, me parece, vale más que cualquier folleto.
Aprender a actuar antes que llegue la ambulancia
La jornada, coordinada por la Municipalidad de Cipolletti, fue mucho más que un puesto de control. A pocos metros, un grupo participaba de un taller de reanimación cardiopulmonar y escuchaba las indicaciones sobre cómo usar un desfibrilador externo automático. Ayelén Quijada, directora municipal de Protección Civil, me explicó que la idea era sencilla y ambiciosa al mismo tiempo: acercar información básica sobre las enfermedades cardiovasculares y, sobre todo, animar a la gente a hacer los controles de rutina, los de siempre, los que muchas veces se postergan hasta que aparece un susto.
- Toma gratuita de presión arterial con asesoramiento personalizado.
- Taller de RCP y manejo de desfibriladores externos automáticos.
- Puesto de vacunación a cargo del hospital local.
- Caminata con marcha activa organizada por la Dirección de Deportes, con pausa de relajación al final.
- Participación del programa Paso a Paso, del SIARME, de la Asociación de Lucha contra la Obesidad y del Centro Integral de Patologías Orientadas a la Diabetes.
- Espacio de la Universidad de Flores dedicado a la lactancia materna.
Entre las instituciones presentes se contaron el Sistema Integral de Atención Rionegrina de Medicina de Emergencias, distintas áreas municipales y grupos de pacientes que trabajan durante todo el año en prevenir enfermedades crónicas. La Universidad de Flores acercó también un stand sobre lactancia, un recordatorio de que el cuidado del corazón empieza mucho antes, en la primera infancia.
Antes de que la tarde se empezara a ir, Schvartzman me contó una pequeña escena que, creo, resume el espíritu de la jornada: una de las primeras personas atendidas en las mesas le pidió, antes de irse, un turno para hacerse su primer control cardiológico. Una decisión tomada al paso, en una plaza, una tarde de sábado, con un tensiómetro y una recomendación amable. A veces, parece, alcanza con sentarse a la sombra y abrir la conversación para que alguien decida cuidarse.
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