Una bici, un candado y un fallo que sacudió al súper de Neuquén
La Justicia confirmó la multa contra un supermercado por el robo de una bicicleta en su estacionamiento. El caso reaviva el debate sobre la responsabilidad de los comercios cuando habilitan playas para sus clientes.

A veces las historias más chicas son las que terminan marcando un antes y un después. Esta empieza en Neuquén capital, en una playa de estacionamiento que a simple vista parece un detalle menor, casi decorativo, de cualquier supermercado. Sin embargo, ese rectángulo de pavimento con unas barras para apoyar las bicicletas terminó siendo el escenario de una pelea legal que llegó hasta los tribunales y que dejó una conclusión que a más de uno le va a hacer revisar la letra chica de los carteles que cuelgan en las góndolas.
Lo que pasó es bien sencillo de contar. Un cliente llegó con su bicicleta, la ató con candado en el lugar pensado para eso, entró a hacer las compras y, cuando volvió a la playa de estacionamiento, el rodado ya no estaba. Se había evaporado sin dejar rastros. El hombre hizo el reclamo que cualquiera haría: fue hasta la Dirección Provincial de Protección al Consumidor y planteó que el comercio tenía que responder por lo ocurrido, porque él había cumplido con todos los recaudos que estaban a su alcance.
La decisión del organismo y la pulseada judicial
La dirección provincial le dio la razón al consumidor. Entendió que cuando un comercio habilita un estacionamiento para el uso de sus clientes asume, por ese solo hecho, la obligación de garantizar condiciones mínimas de seguridad en ese ámbito. La sanción que aplicó fue equivalente a cinco canastas básicas alimentarias, lo que traducido a plata de hoy ronda los cuatro millones de pesos, una cifra que, como se encargaron de remarcar los propios afectados, supera de largo lo que habría costado reponer la bicicleta.
El supermercado no se quedó de brazos cruzados. Ejerció su derecho a defenderse en la sede administrativa y, cuando la multa quedó firme, llevó la cuestión a la Justicia. Pero el fallo volvió a darle la espalda al comercio y confirmó la sanción. En paralelo, el damnificado mantiene abierta una causa en el fuero civil para reclamar el resarcimiento económico directo, y el expediente administrativo funciona como prueba preconstituida en ese proceso.
“Acá lo dejan atado con candado y al rato te dicen que no se hacen cargo. Si te lo roban en la calle es una cosa, pero si te lo roban adentro del estacionamiento del súper, el responsable tiene que ser el súper.”Marcelo, vecino de Neuquén capital
Carteles que no salvan de nada
Hay una costumbre muy arraigada en los comercios argentinos que uno ve en cada esquina: el cartelito que avisa, con letras chicas o no tan chicas, que el establecimiento no se responsabiliza por los objetos dejados en el estacionamiento. Para el organismo provincial, esa cartelería no sólo es inútil: directamente no tiene valor legal y puede inducir a error. Es decir, no exime de nada y, peor aún, puede terminar costando una multa extra si el comercio insiste en mantenerla colgada.
- Objetos que el cliente lleva consigo dentro del local, como el celular, la billetera o la cartera, quedan bajo la custodia del propio consumidor.
- Bienes que el cliente deja en el espacio de estacionamiento que el comercio pone a disposición, como una bicicleta, pasan a estar bajo la responsabilidad del establecimiento.
- Los carteles que niegan responsabilidad por robos en la playa de estacionamiento no tienen valor legal y pueden ser sancionados.
- El cliente que toma los recaudos básicos, como asegurar la bicicleta con candado en el lugar indicado, cumple con su parte y no ve recortada su protección.
Quedan dos lecturas para llevarnos a casa. La primera es para los consumidores, que durante años aceptaron resignados esos cartelitos como si fueran un destino inevitable: la Justicia acaba de recordar que no lo son. La segunda es para los comerciantes, especialmente para esos supermercados de barrio que tienen una playita con un par de barras y un dispenser de tickets: a partir de ahora, habilitar un estacionamiento no es un gesto amable, es una responsabilidad concreta. La bici de aquel cliente no volvió, pero el fallo le dejó en claro al súper que la próxima vez la historia puede terminar mucho peor.
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