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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Un tema de tu propia playlist puede sacarles el aguijón a las agujas en el hospital

Un estudio del Hospital Universitario de Zúrich con más de 200 pacientes comprobó que la canción favorita de cada persona bajó la aguja de los punzocortantes durante una punción esperada. La música de relajación diseñada, en cambio, no mostró diferencias contra el silencio.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Un tema de tu propia playlist puede sacarles el aguijón a las agujas en el hospital

Acá en Buenos Aires uno se imagina que en los grandes hospitales europeos las salas de diagnóstico parecen templos de la alta tecnología, con cables por todos lados, pantallas con imágenes en alta definición y profesionales que se mueven con la solemnidad de un cirujano de película. Pero en una de esas salas del Hospital Universitario de Zúrich, en Suiza, lo que terminó marcando la diferencia entre una inyección tolerable y una inyección que se sufre fue, nada más y nada menos, la canción que cada paciente llevaba en el celular.

La investigación, publicada en la revista científica Frontiers in Pain Research, siguió de cerca a más de doscientas personas que tenían que recibir una inyección de contraste antes de hacerse una resonancia magnética. A todos se les iba a clavar una vía intravenosa en el brazo, un trámite que en general dura pocos segundos pero que para muchos significa un momento de tensión y una aguja entrando en la piel. La pregunta que se hicieron los investigadores fue bastante simple y a la vez muy poderosa: ¿puede la música hacer que ese momento duela menos?

Cuatro grupos, una sola aguja

Para averiguarlo, dividieron a los voluntarios en cuatro grupos bien definidos. El primero pasó por el procedimiento en completo silencio. El segundo pudo escuchar la canción o el artista que cada uno eligiera como favorito. El tercero recibió a Wolfgang Amadeus Mozart en todo su esplendor clásico. Y el cuarto tuvo que bancarse una selección de música especialmente diseñada para relajar, de ese tipo que suena en los spas y que muchos ya asociamos con una vela aromática y un difusor de madera.

Antes de la punción, los pacientes marcaron en una escala del uno al diez cuánto dolor tenían. Después lo volvieron a hacer durante la inyección, a los treinta segundos y otra vez a los dos minutos. Esa répétition permitió comparar no solo el momento del pinchazo sino también los instantes inmediatamente posteriores, que son los que más se recuerdan.

“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal.”Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich
  • La canción elegida por cada paciente redujo el dolor tanto al medio minuto como a los dos minutos después de la punción, incluso en quienes llegaban sin dolor previo.
  • Mozart también funcionó, aunque su alivio solo se notó en los pacientes que ya tenían dolor antes del procedimiento.
  • La música de relajación dio resultados prácticamente iguales a los del silencio total: como si no estuviera.
  • Los investigadores creen que el secreto está en la distracción activa que provoca una melodía conocida y emocionalmente significativa.

Por qué la favorita sí y la de relajación no

Acá viene uno de los hallazgos más interesantes del trabajo, y que abre una puerta enorme para repensar las salas de espera y los boxes de estudios complementarios en cualquier sistema de salud. Garcia Alzamora lo explicó de manera muy clara: la música de relajación suele tener un ritmo lento, un volumen bajo y pocas variaciones de intensidad, lo que en la práctica hace que el oyente termine ignorándola. Es decir, pasa al fondo y deja de cumplir cualquier función. La favorita, en cambio, obliga al cerebro a prestar atención: uno reconoce la melodía, anticipa el estribillo, se acuerda de la primera vez que la escuchó, y en ese ida y vuelta cognitivo el dolor pierde protagonismo.

Es el mismo razonamiento que uno aplica cuando va caminando por la calle con un tema que le gusta y de golpe se da cuenta de que ya pasó tres cuadras y ni las registró. La atención es un recurso finito, y si la canción se la lleva puesta, queda menos espacio para procesar la señal de dolor. En criollo: si uno está enganchado con la melodía, la aguja se nota menos.

Lo que falta investigar y lo que ya se puede aplicar

Ahora bien, no todo es color de rosas ni hit del verano. El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclaró con honestidad que el estudio se limitó a punciones de corta duración. Falta saber si el beneficio se mantiene en procedimientos más largos, más invasivos o más dolorosos, donde el factor distracción puede no alcanzar. También quedó pendiente comparar la música con algo tan sencillo y a la vez tan poderoso como la presencia de una persona que dialogue con el paciente durante el procedimiento, ya que la compañía en sí misma podría tener un efecto tranquilizador adicional.

Mientras tanto, lo que estos resultados dejan en la mesa es una herramienta al alcance de la mano, sin costo extra y sin efectos secundarios. Una sala de resonancia en un hospital público de la Argentina bien podría permitir, mañana mismo, que cada paciente llegue con su propia playlist cargada en el teléfono, se ponga los auriculares y elija el tema que más lo conecta con un recuerdo bueno. A veces, como me dijo una vez Marta, la señora que atiende el buffet del hospital de clínicas mientras esperaba que le sacaran sangre, alcanza con tararear bajito la canción de la infancia para que la aguja parezca otra cosa. Y este estudio, lejos de los bares porteños y de las cocinas de los barrios, vino a darle razón científica.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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