Un caso real que sacudió a Estados Unidos vuelve a la pantalla, ahora en streaming
La nueva película de Gus Van Sant reconstruye un secuestro con tintes de protesta mediática y llega a Movistar Plus tras un paso discreto por los cines.

La lluvia fina cae esta semana sobre la región vitivinícola y, mientras los productores calculan cómo afectará el estado sanitario de los racimos, me toca cambiar el surco por la butaca: en el living, con un café al lado, me sumerjo en una historia que tiene más de intriga urbana que de vendimia, aunque, créanme, las pasiones que describe no les resultarán ajenas a quienes lidian con bancos y escrituras.
Se trata de Prime Crime: A True Story, también conocida como Dead Man's Wire, la nueva película de Gus Van Sant que reconstruye el caso real de Tony Kiritsis, un hombre que a fines de los años setenta tomó como rehén al hijo de un banquero de Indianápolis y, en lugar de pedir un rescate clásico, exigió algo mucho más insólito: que lo dejaran contar su historia en la televisión nacional.
Del crédito negado al rehén con collar explosivo
Kiritsis se había presentado en la sede del banco donde tramitaba un préstamo para comprar un terreno. Cuando se lo negaron, sospechó que la entidad buscaba quedarse con la propiedad para especular. La respuesta fue tan extrema como cinematográfica: volvió con un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal colocado alrededor del cuello del hijo del dueño y formuló dos exigencias, una indemnización económica y, sobre todo, la posibilidad de hablar en vivo ante las cámaras. Esa es, literalmente, la escena que abre la película y la promesa de un thriller que no apela a la espectacularidad gratuita sino a una presión sostenida, de reloj.
Van Sant, conocido por títulos como Todo por un sueño y por figuras centrales del cine independiente norteamericano, retoma aquí su interés por personajes que chocan contra las reglas del sistema y buscan salidas desesperadas fuera de los márgenes establecidos. Hay algo de esa obstinación quieta, de mezcla entre fragilidad y firmeza, que también se ve en los viñedos cuando un productor chico se planta frente a una bodega que le quiere pagar tres pesos la uva.
El peso de la trama lo lleva Bill Skarsgård, actor sueco de una trayectoria que va del terror al drama, que compone a un Kiritsis más atribulado que violento, alguien a quien la cámara termina registrando casi como a un vecino al que le estalló la paciencia.
Un thriller con aire retro y música con mensaje
- La película construye una atmósfera de tensión sostenida, con referencias formales al cine de género norteamericano de los años setenta, en particular al thriller urbano que mezcla la presión policial con la cobertura mediática en tiempo real.
- El cierre incorpora música de Gil Scott-Heron, un guiño que carga de sentido político el desenlace sin abandonar el registro del thriller.
- Con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones de dólares, el film recaudó apenas 3,8 millones en su paso por las salas, según los datos disponibles.
- La historia no resuelve del todo sus contradicciones, pero propone una lectura sobre los límites reales de quien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan.
En lo que va del recorrido de esta historia del surco a la góndola, si me permiten estirar la metáfora, pocas veces un caso policial estadounidense se parece tanto a un reclamo vitivinícola: productor chico contra entidad grande, papeles que no cierran, un canal para hacerse escuchar y la sensación de que, al final del día, alguien tiene que explicar por qué las reglas las escriben otros. Esa empatía es, a mi criterio, lo mejor de la película.
Lo que el Estado, o en este caso el sistema bancario y mediático, no resolvió entonces ni termina de resolver ahora es la pregunta de fondo: qué hacer con un hombre que, sintiéndose aplastado por la máquina, decide que la única manera de ser escuchado es poner su propia vida, y la de otro, en el centro de la escena. La película no lo absuelve ni lo condena, y es probable que al salir de verla a ustedes tampoco les quede una respuesta cerrada, sino esa molestia tibia que dejan los buenos thrillers cuando todavía están dando vueltas en la cabeza.
“¿Qué pensás: el cine de género con intención autoral tiene más futuro en las plataformas que en las salas?”Rosa Quintero
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