Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Latido Riojano

Latido Riojano

Portada — Vida —

Tres viajes, una sola pregunta: cómo se convive con una base militar al lado de casa

El documental "Los vencedores", del cineasta Pablo Aparo, se mete en la vida cotidiana de los kelpers y la muestra sin golpes bajos. Ganó dos premios en el BAFICI y sigue en cartel en Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Tres viajes, una sola pregunta: cómo se convive con una base militar al lado de casa

Acá, en medio de esta nota, lo que más me quedó dando vueltas es una pregunta sencilla que dispara el filme apenas arranca: tres mil quinientos habitantes civiles en las islas Malvinas, una cifra que prácticamente se emparda con la cantidad de militares que permanecen de manera estable en la base aérea de la zona. Es decir, una población entera que tiene una instalación militar enorme a pocos kilómetros, y que tiene que armar su vida alrededor de eso, levantarse cada mañana con eso, criar a los chicos con eso, envejecer con eso. Esa es la pregunta que se hizo Pablo Aparo, un cineasta porteño de 40 años, antes de subirse al primer avión, y es también la pregunta que empuja toda la película de punta a punta, sin respiro.

Para contestarla, Aparo viajó tres veces. El primer viaje fue en 2020 y duró diez días, apenas una primera toma de contacto. Los dos siguientes, en 2023 y en 2024, le comieron cinco meses en total, que no es poco. Tuvo que gestionar los permisos de filmación ante la Administración de Malvinas y se topó con lo que cualquier reportero o documentalista que haya trabajado en lugares sensibles conoce: respuestas desparejas, algunas puertas abiertas de par en par y otras que se cierran en la cara. A algunos kelpers les copó la idea y se prestaron al juego; otros le pidieron que guardara la cámara, e incluso hubo quienes directamente le bloquearon el paso a ciertos lugares. El director lo cuenta sin rencor, casi como describiendo el clima del día: con la misma naturalidad con la que uno dice que en Stanley llovizna a las cuatro de la tarde.

Matt, el terrateniente que dijo sí

El corazón del documental, el eje narrativo que organiza todo lo demás, es la convivencia de Aparo con Matt, un terrateniente local dueño de una estancia enorme, metida en medio de las montañas, conocido además por expresar sin tapujos su rechazo hacia la Argentina. Matt fue el único que aceptó la invitación de filmación. Y la cosa fue tan rápida que esa misma tarde el director argentino ya estaba durmiendo en la granja de este hombre, en un pedazo de campo perdido donde la línea de frontera entre lo íntimo y lo ajeno se vuelve bastante porosa. A partir de ahí la película se construye desde ese lugar: la rutina de Matt, su relación con la tierra, sus silencios, su forma de mirar al país del que llegó el realizador.

Hay una escena que a mí me parece la más fuerte de toda la película, y Aparo la cuenta con una crudeza que se agradece: cuando los dos van juntos al Salón de la Pradera del Ganso, que es el sitio donde el Ejército argentino mantuvo encerrados a los isleños durante varias semanas en mayo de 1982. Ahí adentro habían estado Matt y su propia familia, encerrados por soldados argentinos. Cuando Matt entró al lugar acompañado por un argentino, varios asistentes se levantaron y se fueron. La cámara registra ese vacío, esa incomodidad, y no le agrega una palabra de más. Esa imagen sola ya cuenta más sobre la guerra de Malvinas que varios libros enteros.

  • Donaciones que circularon en 1982: ropa de invierno y alimentos enviados desde el continente para soldados argentinos que pasaban frío y hambre; los isleños dicen que aparecieron en galpones después del cese del fuego.
  • Cartas escritas por soldados argentinos a los propios kelpers, redactadas en un inglés básico, pidiendo comida o abrigo: un material casi desconocido del lado argentino.
  • La huella del conflicto en la vida cotidiana: una población civil reducida, una base militar permanente a pocos kilómetros, y doscientos años de historia compartida que pesan en cada conversación.

Como me decía un vecino al que le conté de qué iba el documental mientras tomábamos un café en la esquina de siempre, lo más valioso de "Los vencedores" es lo que no muestra: no hay golpes bajos, no hay gritos, no hay una bajada de línea patriotera ni la reversión opuesta, que también es una forma de manipulation. Lo que hay es una mirada curiosa, paciente, que se banca la incomodidad de preguntar y de escuchar. Por eso me parece una película incómoda en el mejor sentido: porque te mueve el piso sin apretarte la garganta.

Dónde verla esta semana

"Los vencedores" ganó dos premios en el BAFICI y tuvo funciones en el Malba. Hoy puede verse en salas de la Ciudad de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba. Un consejo de vecino que ya aprendí a fuerza de equivocarme: conviene revisar la cartelera de cada sala antes de ir, porque la programación cambia semana a semana y no todas las funciones duran lo mismo. Si te interesa el tema Malvinas, pero sobre todo si te interesa entender cómo vive la gente del otro lado cuando las cámaras de la televisión ya se fueron, esta película es una puerta de entrada que vale la pena cruzar. A mí, personalmente, me dejó pensando varios días en la idea de que a veces la mejor manera de honrar una historia es, simplemente, dejar que el otro la cuente.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo