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Miércoles, 21 de octubre de 2026
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Tormentas en Neuquén: lo que cada vecino puede hacer en su casa antes de que se desate el temporal

La alerta amarilla del Servicio Meteorológico Nacional encendió las luces de alerta en toda la provincia. Cuadrillas municipales ya trabajan en sumideros y canales, pero gran parte de la solución empieza en la vereda de cada uno. Acá, los consejos prácticos y la advertencia de un funcionario que conoce el problema de memoria.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
Tormentas en Neuquén: lo que cada vecino puede hacer en su casa antes de que se desate el temporal

La ciudad de Neuquén amaneció este jueves con el cielo cambiado y una advertencia que ya se hizo costumbre cada vez que el sur del país se pone bravo: el Servicio Meteorológico Nacional activó una alerta amarilla por tormentas que alcanza a toda la provincia. Lo que viene no es una llovizna tímida sino acumulados que, según el organismo, pueden moverse entre los 10 y los 35 milímetros, con chances de superarse en algunos puntos. A eso hay que sumarle ráfagas fuertes y la posibilidad, siempre latente en estas latitudes, de que caiga granizo de manera ocasional. En criollo: lo que se viene es de esos temporales que en cinco minutos te empapan la vereda y en media hora te dejan la calle como un río.

Lo que vuelve a esta advertencia especialmente sensible es el contexto. La semana que está terminando ya dejó lluvias que, en distintos puntos de la región, superaron el promedio anual de precipitación. Así las cosas, el sistema pluvial neuquino trabaja al límite: con el suelo saturado hasta el hartazgo y con el agua bajando a toda velocidad desde la barda hacia el río, cada tormenta se transforma en una prueba de fuego para los desagües de la ciudad. Y acá aparece la pregunta del millón: ¿qué se puede hacer antes de que se desate el temporal para que la calle no termine convertida en una pileta?

El trabajo de las cuadrillas y los 360 sumideros bajo la lupa

Para entender la magnitud del operativo hay que mirar el número: la ciudad de Neuquén tiene 360 sumideros distribuidos a lo largo de su trama urbana. Mantenerlos limpios y funcionando no es un capricho sino la diferencia entre que una tormenta pase sin grandes sobresaltos o que termine anegando una cuadra entera de cordón a cordón. Cuadrillas municipales vienen realizando tareas preventivas en sumideros, canales entubados y también en los que corren a cielo abierto, con la idea de llegar lo más ordenadas posible al momento de la tormenta.

La advertencia de Haspert: lo que no hay que hacer bajo ningún punto de vista

Acá aparece la voz del funcionario que conoce el problema desde adentro. El subsecretario de Limpieza Urbana, Cristian Haspert, lo dijo sin rodeos: el principal enemigo del sistema no es la lluvia en sí misma sino los residuos que terminan tapando las rejas de los sumideros. Y cuando una cuadra se inunda de vereda a vereda, el origen más frecuente no hay que buscarlo en el cielo sino en un tapón dentro del sistema. La solución, en esos casos, no es inmediata: hay que esperar uno o dos días hasta que baje el nivel del agua para poder ingresar y destapar los conductos. Eso significa, traducido al vecino, varias horas con la calle inundada sin que nadie pueda hacer mucho más que tener paciencia.

“Se puede caer una persona, un animal o un vehículo, porque si hay mucha agua no lo ves.”Cristian Haspert, subsecretario de Limpieza Urbana de la Municipalidad de Neuquén

La frase de Haspert apunta al corazón del problema. La Municipalidad difundió un pedido puntual y que admite matices cero: no levantar las rejas de los sumideros bajo ninguna circunstancia. El razonamiento es sencillo y a la vez demoledor: si hay mucha agua acumulada, lo que está debajo de esa reja se vuelve invisible. La reja no frena el paso del agua, al contrario, está pensada para que el agua pase; lo que hace es impedir que entren residuos que terminen obstruyendo el sistema. Por eso, retirarla solo consigue generar un peligro enorme para quien circula por la calle sin saber qué hay debajo.

Lo que cada vecino puede hacer desde su casa

  • Limpiar las canaletas del techo de la vivienda y verificar que no haya hojas ni ramas que tapen el desagüe: en una tormenta fuerte, una canaleta obstruida termina volcando el agua justo donde uno no quiere.
  • Esperar al viernes para sacar la basura: la recomendación municipal es no dejar bolsas ni residuos en la vereda mientras la alerta siga activa, porque el primer temporal de la noche suele transformarlas en proyectiles que van a parar directo sobre las rejas de los sumideros.
  • No circular por calles anegadas si no se puede estimar la profundidad del agua: en Neuquén, con la barda encima, el agua baja rápido y arrastra todo lo que encuentra a su paso.
  • No retirar las rejas de los sumideros, aunque parezca que están tapadas: el riesgo para personas, mascotas y vehículos es concreto y el agua puede ocultar aberturas peligrosas.

Y ahora, un detalle que a veces se pasa por alto. Hablo con Marta, una vecina del barrio Sapere, mientras acomoda las macetas del patio antes de que se largue. Me cuenta que, después de la tormenta de hace dos semanas, ella y su marido aprendieron a revisar las canaletas cada vez que el pronóstico anuncia lluvia fuerte. No es un dato científico, es la experiencia de alguien que vio el agua entrar por donde no debía y que ahora, cada vez que el cielo se pone gris, sale a la vereda a chequear que nada esté tapado. Dice, con esa calma que da haberlo vivido, que más vale perder media hora barriendo hojas que terminar con el living inundado.

Para el viernes, según el pronóstico, la inestabilidad empezaría a ceder y el tiempo mejoraría en la región. Será, en todo caso, el momento de volver a sacar la basura a la vereda, revisar qué dejaron las lluvias en los patios y, sobre todo, mirar con otros ojos las rejas de la calle: esas rejillas que muchas veces se caminan sin mirarlas y que, cuando funcionan como tienen que funcionar, son las grandes responsables de que la tormenta pase sin dejar un tendal de agua en las esquinas. Acá, en esta ciudad donde el cielo cambia de humor en cuestión de minutos, la diferencia entre un susto y un verdadero dolor de cabeza empieza, casi siempre, en la vereda de cada uno.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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