The Good Place: la comedia que se atrevió a ponerle a a la pregunta de cómo vivir
La serie de Michael Schur que cerró su recorrido tras cuatro temporadas y 53 episodios sigue convocando a quienes buscan algo más que chistes en la pantalla.

Me acuerdo de la primera vez que escuché a Eleanor Shellstrop confesar, todavía shockeada, que ella no merecía estar ahí. Era un jueves a la noche, en lo de una amiga que preparaba unas pizzas caseras y tenía el piloto del televisor en mute, por las dudas. El aroma a muzzarella recién sacada del horno se mezclaba con las risas que llegaban desde la pantalla, y en ese living compartido, con la perra dormida sobre los pies, empecé a entender por qué The Good Place no era una sitcom más.
Una premisa que se cocina en cuatro temporadas
La serie creada por Michael Schur cuenta, a lo largo de cuatro temporadas y 53 episodios, lo que le pasa a Eleanor después de morir. Llega a un lugar que, en teoría, está reservado para las buenas personas. El problema es que ella sabe mejor que nadie que su vida no le dio el título. Esa distancia entre lo que fue y el premio que le tocó es el motor de todo lo demás.
El elenco se banca el riesgo con soltura. Ted Danson como Michael, el arquitecto del vecindario al que cae Eleanor, con su sonrisa amable y su manual de bienvenida que nadie termina de leer. William Jackson Harper metiéndose en la piel de Chidi, el profesor de filosofía que se pasa cada escena dudando si esto o aquello está bien. Jameela Jamil como Tahani, esa mujer que parece perfecta en la foto pero que esconde unas cuantas grietas. Y Manny Jacinto como Jason, el tipo que, si le preguntan por Kant, lo más probable es que termine hablando de un equipo de la NBA.
- El utilitarismo, el consecuencialismo y la ética deontológica atraviesan las discusiones de los personajes.
- Kant convive con monstruos ridículos, situaciones imposibles y chistes que caen en cualquier momento.
- Las decisiones de Eleanor, Chidi, Tahani y Jason son la excusa para preguntarse cuánto pesan las consecuencias de un acto.
- La serie no esquiva los temas más densos: la pérdida, el paso del tiempo y los vínculos que uno elige sostener.
La comedia como puerta de entrada a las preguntas pesadas
Lo que vuelve a The Good Place tan particular es que no baja línea, no sermona. Plantea los dilemas y deja que el público se los lleve puestos a la casa, como aquella noche en lo de mi amiga, donde terminamos discutiendo si existía una manera correcta de cortar una pizza. El humor absurdo funciona como vehículo para meter preguntas que, en otro contexto, darían pereza. Schur entendió algo clave: que la gente se ríe mientras piensa, y que pensar mientras se ríe es un golazo.
A lo largo de sus cuatro temporadas, la ficción cambia de forma, suma giros y va corriendiéndose del lugar de partida. Las preguntas sobre la moral se cruzan con otras más terrenales, las del tiempo compartido con alguien, las de la gente que uno elige tener cerca. Por eso sigue funcionando cuando uno la revisita: porque habla de cómo vivir, y eso es algo que no caduca.
“La ficción cuenta con un desenlace que cierra el recorrido de sus protagonistas y deja, al mismo tiempo, varias preguntas dando vueltas.”The Good Place
¿Y a vos, qué dilema de la serie te gustaría debatear? Esa pregunta queda picando, como el aroma a pizza que se queda en la ropa después de una noche compartida.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


¿El fin de Los Anillos de Poder? La serie de Prime Video enfrenta una caída en su audiencia

Roblox rompe su propia cerca y ahora deja salir los juegos a Steam, PlayStation y hasta al navegador
