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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Tarantino y la película de Costner que el mundo olvidó y él vio cinco veces en una semana

El director reveló su obsesión por "Fandango", la ópera prima de Kevin Reynolds de 1985 que recaudó 91.000 dólares en su estreno y hoy es objeto de culto. Un recorrido por una rareza del cine que cambió la mirada del cineasta más influyente de su generación.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 4 min de lectura
Tarantino y la película de Costner que el mundo olvidó y él vio cinco veces en una semana

Hay historias que empiezan con un temporal y terminan con un dato de escritorio, y esta no es la excepción: la revista Vanity Fair publicó una entrevista en la que Quentin Tarantino, uno de los directores más influyentes de las últimas décadas, confiesa una obsesión que llevaba callada más de cuarenta años. Se trata de "Fandango", una película de 1985 dirigida por Kevin Reynolds y protagonizada por un Kevin Costner todavía sin corona, que en su estreno original apenas si reunió a suficiente público como para justificar la semana en cartelera que le concedieron las salas norteamericanas.

Una ópera prima que el mercado miró de costado

La película, escrita y dirigida por el propio Reynolds, sigue a un grupo de cinco amigos que emprenden un viaje por carretera el día de su graduación, en 1972, como despedida de una etapa antes de asumir la vida adulta. El paso por la taquilla fue casi un suspiro: 91.000 dólares recaudados en Estados Unidos, una cifra que hoy suena a fracaso seco y que, sin embargo, no le impidió alargar su vida hasta convertirse en objeto de culto para un puñado de cinéfilos empecinados. Entre ellos, como quedó dicho, estuvo el propio Tarantino, que la vio cinco veces en cine durante aquella única semana en la que las salas la tuvieron en cartelera.

"Es una de las mejores óperas primas de la historia del cine", afirmó el director de "Pulp Fiction" en la entrevista, con ese tono entre confesional y de sorpresa que suele usar cuando habla de los films que lo formaron. Y agregó: "La vi cinco veces en el cine, ¡y solo estuvo en cartelera una semana!". La frase, casi un reproche al destino comercial de la película, resume la distancia enorme que puede haber entre la consagración crítica y el reconocimiento popular: una película puede ser descubierta y amada por alguien que después será referencia del cine de los noventa y, al mismo tiempo, pasar desapercibida para el resto del mundo.

El esmoquin mugriento que cambió la mirada de un director

El reconocimiento de Tarantino no se quedó en lo cinematográfico: fue casi una transferencia de identidad. "La señal de un actor realmente genial es que, después de ver su actuación, quieres actuar como él", explicó. "Quería vestirme como Kevin Costner. Empecé a hablar como Kevin Costner. Quería ponerme un esmoquin mugriento y dormir y orinar y vomitar y beber y sudar en un coche cruzando el desierto. Hizo que un esmoquin mugriento parezca lo más guay del mundo." La imagen, tan gráfica como deliberadamente escatológica, dice más sobre el poder de la pantalla chica de los ochenta que cualquier tratado de historia del cine: un muchacho californiano viendo cinco veces la misma película en una semana y decidiendo, después, que quería parecerse a ese tipo de traje gastado que cruzaba el desierto.

Reynolds, el director que nunca terminó de explotar

La devoción de Tarantino por el elenco se extendió, con el correr de los años, hacia el director. En los años noventa llegó a calificarlo como el futuro Stanley Kubrick de su década, una definición que, vista en perspectiva, pesó más como anécdota de una época que como pronóstico cumplido. Reynolds y Costner siguieron trabajando juntos en proyectos de mayor alcance: "Robin Hood, príncipe de los ladrones" (1991) y "Waterworld" (1995), esta última atravesada por fricciones durante el rodaje que luego se resolvieron con el paso del tiempo. Mucho después, ambos volvieron a coincidir en la miniserie "Hatfields & McCoys", un compromiso que, según se recuerda, llevó a Costner a rechazar un papel que finalmente quedó en manos de otro actor en "Django desencadenado".

Lo que el tiempo todavía no resolvió

"Fandango" mantiene hasta hoy su condición de película de culto para quienes la descubren de casualidad, sin circuito masivo que la empuje ni reedición que la reposicione. Y queda, en mi lectura, la pregunta incómoda que el propio Tarantino dejó flotando: cómo puede ser que un film visto cinco veces en una semana por quien después se convertiría en una referencia mundial del cine haya pasado tan inadvertido para casi todos los demás. Es el tipo de misterio que no resuelve ni el tiempo ni la nostalgia: queda como recordatorio de que el mercado y la posteridad suelen mirar para lados distintos. De "Fandango" al resto de la filmografía de Reynolds hay, todavía, una brecha que ni el director californiano ni la industria del cine terminaron de saldar.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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