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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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«Sunny Dancer», el regreso a la vida después del cáncer según Bella Ramsey

George Jaques filma en Escocia una historia sobre aprender a vivir cuando la quimioterapia ya pasó: amistad, miedo y romances en un campamento donde nadie quiere estar y, al final, nadie quiere irse.

MO
Micaela OyolaCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
«Sunny Dancer», el regreso a la vida después del cáncer según Bella Ramsey

Te voy a ser honesta: llegué a la primera proyección de Sunny Dancer con la guardia alta. Películas sobre jóvenes con cáncer suelen caer en golpes bajos, en escenas de hospital con piano de fondo y en un libreto que te manipula la lágrima. Pero cuando las luces se apagaron y Bella Ramsey apareció en pantalla caminando entre los árboles de un campamento en Escocia, algo me dijo que esta vez la cosa iba a ser distinta. Y así fue.

La historia sigue a Ivy, una chica de diecisiete años que lleva diez meses en remisión después de una leucemia. Sus padres la empujan a sumarse a un campamento de cuatro semanas pensado para pibes que pasaron por lo mismo. Ella arriba con cara larga, sin ganas de hacer amigos ni de sumarse a ninguna actividad. Es difícil culparla. ¿A quién le entusiasma la idea de pasar un mes encerrado con desconocidos que, como vos, cargan cicatrices que no siempre se ven?

Un rodaje con alma propia

Antes de seguir con la historia vale la pena contar cómo se hizo, porque acá hay una camada de decisiones que se notan en cada plano. El director, George Jaques, filmó la segunda película de su carrera en un entorno rural de Escocia y contó con jóvenes sobrevivientes de cáncer como parte del equipo. También hubo terapeutas disponibles para acompañar al elenco durante todo el rodaje. Es una película que se preocupó por la gente que la hacía, y eso se siente cuando la mirás.

Jaques habló del peso personal que tiene el proyecto. Su madre tuvo cáncer de mama durante la adolescencia del director, que además es embajador de Teenage Cancer Trust, una organización británica que trabaja con adolescentes que atraviesan la enfermedad. Esa mochila íntima aparece en los detalles: en cómo mira la cámara a los personajes, en la paciencia con la que filma sus silencios, en la manera en que deja respirar las escenas sin apurar el llanto.

«No la considero una película sobre el cáncer. La enfermedad atraviesa a los personajes, pero sus deseos y sus relaciones también organizan el relato», explicó Jaques. Y tiene razón. Acá el cáncer es parte del paisaje, no el centro de la escena. El centro lo ocupan los vínculos.

Un elenco que se banca la historia

  • Bella Ramsey como Ivy, la protagonista que llega con los brazos cerrados y termina abriéndolos a los golpes.
  • Ruby Stokes como Ella, su compañera de habitación, con esa química de cuarto compartido que a veces construye amistades para toda la vida.
  • Daniel Quinn-Toye como Jake, un chico que lidia con ataques de pánico y se convierte en el interés amoroso de Ivy.
  • Earl Cave como Ralph, el que procesa todo con humor negro, ese escudo clásico de los adolescentes que no quieren que les pregunten cómo están.

Lo que más me gustó de Sunny Dancer es que no le escapa a las distintas formas de reaccionar frente a una enfermedad que te cambia el cuerpo y la cabeza. Ivy descarga parte de su malestar con agresividad. Jake se paraliza. Ralph hace chistes que incomodan. No hay una sola manera correcta de procesarlo y la película lo entiende sin juzgar a nadie.

Música, bailes y colores que abrazan

La banda de sonido es uno de los grandes aciertos de la película. La música de Este Haim y Zachary Dawes se cruza con canciones de Scissor Sisters y Goldfrapp, y todo arma una puesta de colores cálidos que funciona como un manto. Las fiestas y los bailes del campamento son el corazón de esas secuencias: momentos donde la enfermedad queda afuera, aunque sea un ratito, y lo que entra es la música, las luces bajas y la sensación de estar vivo.

Entre actividades grupales, salidas nocturnas al bosque y encuentros musicales, la convivencia empieza a modificar esa distancia que Ivy había levantado al llegar. Aparecen oportunidades de amistad y de romance, pero también persisten los miedos, esos que no se van solo porque te den el alta médica. La película entiende algo clave: la recuperación no es un trámite, es un proceso largo y a veces desordenado.

Sunny Dancer todavía no tiene fecha de estreno confirmada en la Argentina, así que por ahora hay que quedarse con la expectativa. Lo que te puedo asegurar es que es una de esas películas que dejan huella: una historia sobre pibes que quieren volver a ser pibes, sobre padres que no saben cómo acompañar, sobre campamentos donde nadie quiere estar y, al final, nadie quiere irse.

MO
Micaela OyolaCultura y espectáculos

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