Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Latido Riojano

Latido Riojano

Portada — Vida —

Señales que el corazón manda y muchas mujeres descartan: lo que hay que mirar con lupa

Una cardióloga británica repasó los indicios menos pensados de un problema coronario: desde un cansancio al subir escaleras hasta una indigestión en plena madrugada. El riesgo cambia después de la menopausia y los controles dejan de ser optativos.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Señales que el corazón manda y muchas mujeres descartan: lo que hay que mirar con lupa

Le quiero contar algo que me quedó dando vueltas mientras leía las declaraciones de la cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, porque acá, en cualquier barrio porteño, uno escucha seguido la misma frase: "me duele acá arriba, pero es del estrés". Y a veces no, a veces el cuerpo está avisando de otra cosa.

No todo aviso cardíaco llega como un dolor de pecho

Acá viene el primer dato que vale la pena grabar: el dolor torácico no es la única señal ni la más frecuente en las mujeres. Banerjee puso el dedo en una serie de molestias que muchas veces se confunden con otras cosas y se terminan arreglando con un mate cocido y un par de horas en el sillón, cuando en realidad están pidiendo una consulta.

  • Molestias en la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o uno o ambos brazos.
  • Agotamiento fuera de proporción frente a un esfuerzo chico, como subir escaleras o tender la cama.
  • Acidez o indigestión que aparecen sin relación con lo que se comió, incluso de madrugada.
  • Sensación de falta de aire al hacer algo que antes se hacía sin problemas.
  • Sudores fríos, náuseas, mareos o una especie de angustia repentina que se suma al malestar.

La clave está en cuándo aparece, no solo en dónde duele

Banerjee fue muy clara en un punto que a mí, como lector, me parece el más útil de toda la charla: lo que define la consulta no es tanto el síntoma aislado sino el patrón. Si el cansancio, la falta de aire o la molestia se repiten siempre que uno hace un esfuerzo físico, sin una explicación lógica, hay que sentarse a hablar con un médico.

Mi vecina Marta, que tiene sesenta y dos años y vive acá a la vuelta, me contaba el otro día que dejó de subir al primer piso por ascensor porque sentía que le faltaba el aire, y le echaba la culpa a la presión baja. Después de leer esto, me parece que la próxima vez que la cruce le voy a preguntar si esa falta de aire le aparece también cuando camina dos cuadras, porque esa repetición es la que enciende la luz amarilla.

Por qué duele el brazo y no el pecho

Acá la explicación tiene una lógica que ayuda a entender por qué el corazón nos engaña tanto. Cuando el músculo cardíaco recibe menos oxígeno del que necesita, manda señales de dolor a la médula espinal. El problema es que esas vías nerviosas comparten conexiones con el cuello, los hombros, la mandíbula y los brazos, así que el cerebro termina registrando la molestia en un hombro o en un brazo, aunque el origen esté a veinte centímetros más al centro. Por eso una punzada o un pellizco en el brazo izquierdo, sobre todo si aparece al hacer un esfuerzo, no es algo para descartar con un gesto.

Banerjee también contó el caso de una paciente que venía con eructos y malestar digestivo, convencida de que eran problemas de estómago, y terminó necesitándose stents por una enfermedad coronaria seria, detectada nada menos que con un angiograma. Lo cuento porque me parece la mejor manera de mostrar que la frontera entre "la indigestioncita de siempre" y una señal del corazón a veces es más finita de lo que uno quisiera.

Cuándo la consulta no puede esperar al turno

La especialista marcó dos situaciones para no quedarse en casa. La primera: si a la indigestión o al dolor se le suman sudores fríos, náuseas, mareos o una sensación de pánico, sobre todo en plena madrugada. La segunda: si el dolor en el pecho aparece de cualquier manera, ya sea como una presión clásica o como pinchazos y pellizcos, porque el infarto no siempre avisa con la opresión que dibujan las películas.

Después de la menopausia, los números cambian

Acá viene un tramo que me parece clave y que en general no se habla lo suficiente. Banerjee recordó que después de la menopausia el riesgo cardiovascular de las mujeres sube de manera marcada, porque bajan los estrógenos y con ellos cambian la presión arterial, el colesterol y la manera en que se acumula la grasa en el abdomen. Para una periodista que vive entre los cuarenta y los sesenta, como probable lectora o lector de esta nota, eso no es un dato abstracto: es el momento de empezar a controlar la presión y el colesterol con la misma seriedad con que uno controla el auto.

Me quedo pensando en una imagen muy de aquí, de todos los días: una mujer subiendo las escaleras del colectivo con la bolsa de las compras, parándose en el segundo escalón porque le falta el aire, y diciéndose a sí misma que ya fue, que es la edad, que es el peso, que es el calor. A veces es eso. Pero si esa pausa se repite cada vez, si el cuerpo le avisa con cansancio donde antes había agilidad, vale la pena sentarse cinco minutos y pensar si no es momento de pedir un turno. Yo creo que sí.

“Cuando el corazón recibe menos oxígeno del necesario, transmite señales dolorosas a la médula espinal. Como esas vías comparten conexiones con otras regiones del cuerpo, el cerebro puede registrar la molestia en un hombro o un brazo.”Shrilla Banerjee, cardióloga consultora del Hospital London Bridge
EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo