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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Seis años después, Celine Dion volvió a cantar y se quebró en el primer acorde

La canadiense reabrió su carrera en París con una residencia de 16 funciones, atravesada por el síndrome de la persona rígida y por una emoción que no pudo disimular frente a su público.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 3 min de lectura
Seis años después, Celine Dion volvió a cantar y se quebró en el primer acorde

La noche parisina arrancó con una brisa tibia que se colaba por los accesos del Plenitude Arena, ese recinto moderno plantado a las afuera de la capital francesa, y para cuando las primeras notas de On ne change pas empezaron a sonar dentro de la sala, lo que se respiraba adentro ya no tenía nada que ver con el tiempo afuera: era el clima de un reencuentro largamente postergado, de esos que se cocinan durante años en el cuerpo y en la memoria de quien espera del otro lado del escenario.

Porque lo de Celine Dion no fue un regreso más. Fueron seis años de silencio sobre los escenarios, seis años en los que la artista canadiense mantuvo susshows apagados, sus recitales suspendidos, su agenda vaciada de fechas en vivo, y todo eso a raíz de una noticia que ella misma salió a contar en 2022: le habían diagnosticado el síndrome de la persona rígida, una enfermedad neurológica y autoinmune poco frecuente, que compromete el control muscular y puede provocar espasmos severos, un cuadro que la obligó a cancelar una gira entera y a recluirse, en lo profesional, durante lustros.

Una pausa que duró seis años

La apertura del show, en ese contexto, tenía más peso del que suelen tener las aperturas. Apenas Dion intentó hilvanar las primeras frases de la canción, la emoción la desbordó, y la cantante debió detenerse unos instantes frente al público, con los ojos húmedos y la voz a punto de quebrarse. Prometo, había dicho antes de salir a escena, que no voy a llorar. Y añadió, con la honestitud que la caracteriza: me había prometido no llorar. No cumplo mis promesas. Lo dijo como pidiendo disculpas y como agradeciendo al mismo tiempo, como si el llanto fuera la única manera que le quedaba para traducir lo que estaba sintiendo, y el público parisino lo entendió así: con aplausos, con ovación cerrada, con el silencio cómplice de quien sabe que del otro lado hay alguien que volvió a pesar de todo.

“Estoy muy feliz de verlos a todos. Los extrañaba. Voy a cantar para ustedes sin llorar.”Celine Dion

Después de ese primer tropiezo emotivo, la cantante canadiense fue recuperando el dominio de la velada y se animó a hablar del proceso que le tocó atravesar para volver a pararse frente a la gente. Al convivir con ello día tras día, afirmó, he llegado a aceptarlo, y agregó una frase que suena a declaración de principios: he decidido convertirlo en mi razón de vivir. También tuvo palabras para quienes la acompañaron en ese trecho, y recordó la promesa que se había hecho a sí misma en los peores momentos de la enfermedad. Prometí volver, regresar a los escenarios. Así que aquí estoy: cantando para ustedes y para mí, cantando en vivo. Lo dijo con la voz todavía temblorosa, como si cada palabra le costara un esfuerzo extra, y la sala, del otro lado, respondió con una ovación que hizo temblar las butacas del Plenitude Arena.

En el recorrido que va del surco a la góndola, esta vez cambiado por el que va del camerino al escenario, lo que se vio en París fue a una artista que volvió a cantar después de seis años, con una enfermedad autoinmune a cuestas y con el cuerpo respondiéndole todavía a destiempo, y que eligió convertir ese padecimiento en motor de su regreso en lugar de permitir que la dejara afuera del escenario para siempre. Queda, claro, la pregunta que el Estado todavía no resolvió: cuántas artistas con condiciones de salud severas, cuántas voces con diagnósticos parecidos, cuántas trayectorias truncadas por enfermedades poco frecuentes podrían hoy estar cantando en algún escenario si el sistema de salud, el apoyo institucional y la difusión médica fueran otros. Esa cuenta, en Argentina y en casi todo el mundo, sigue pendiente.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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