Segundo caso de hantavirus en Neuquén: el operativo que se activó tras la muerte de un joven en Zapala
Una persona identificada como contacto estrecho del paciente fallecido quedó internada en estado estable. Las autoridades sanitarias reconstruyeron los vínculos y mantienen a 15 personas en aislamiento estricto.

Quiero contarles lo que pasa acá, a pocos kilómetros de donde vivo, porque a veces las noticias que parecen lejanas terminan golpeando la puerta de al lado. El Ministerio de Salud de Neuquén confirmó un segundo caso de hantavirus en una persona que venía siendo monitoreada como contacto estrecho del primer paciente de este año, un muchacho de 26 años que murió tras una internación de urgencia en el Hospital Zonal de Zapala. El diagnóstico se confirmó en el Laboratorio Central de la provincia y, a esta hora, el paciente permanece internado en Zapala, en estado estable, bajo observación médica permanente.
Para dimensionar lo que está ocurriendo conviene describir antes el lugar. Hablamos del Departamento Zapala, en el corazón de la Patagonia neuquina, una zona cordillerana donde los galpones, los campamentos rurales y los pueblos como Aluminé conviven a diario con el roedor colilargo, que es el reservorio natural del virus. Acá, cuando alguien cae con fiebre alta y dolor muscular después de haber limpiado un galpón o de haber dormido en una cabaña cerrada, los equipos de salud ya saben que tienen que activar el protocolo, y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Una variante que se transmite entre humanos
Lo que vuelve especialmente delicado a este brote es la variante Andes Sur, que circula en Neuquén, Río Negro y Chubut, y que es la única del mundo con transmisión documentada entre personas. Esto significa que el riesgo no termina cuando se aleja al roedor, porque una persona enferma puede contagiar a sus contactos estrechos durante las primeras etapas de la enfermedad, sobre todo en la convivencia en espacios cerrados. Por eso el operativo sanitario reconstruyó uno por uno los vínculos del joven fallecido desde el momento en que ingresó al Hospital de Aluminé con fiebre superior a 38 grados, dolores musculares, dificultad respiratoria y un dolor abdominal intenso que fue empeorando hora a hora.
Su cuadro se agravó rápidamente y murió en la terapia intensiva de Zapala tras un paro cardiorrespiratorio. Ahí nomás se encendió la alerta, y la directora del Hospital de Aluminé confirmó que se aisló de manera preventiva a 15 personas desde el inicio del brote. Hoy, mientras el nuevo caso se atiende en Zapala, el resto de los contactos identificados cumple aislamiento domiciliario estricto con seguimiento activo y pasivo a cargo de la Dirección Provincial de Epidemiología. Nadie se mueve de su casa hasta tanto no quede descartado cualquier riesgo.
Cómo cuidarse en la zona cordillerana
- Ventilar galpones, cabañas y espacios cerrados durante al menos 30 minutos antes de ingresar, abriendo puertas y ventanas en diagonal para generar corriente cruzada.
- Evitar barrer en seco o aspirar superficies donde pueda haber excrementos de roedores: lo correcto es humedecer previamente y usar barbijo.
- Desmalezar alrededor de la vivienda, tapar orificios por donde puedan entrar roedores y mantener la comida fuera de su alcance.
- Ante fiebre alta, dolor muscular, cefalea o dificultad respiratoria tras haber estado en zonas rurales o de monte, consultar de inmediato al centro de salud más cercano y mencionar el antecedente de exposición.
El síndrome cardiopulmonar por hantavirus suele comenzar con síntomas que se confunden con una gripe fuerte, fiebre, dolores musculares, decaimiento general y dolor de cabeza, pero puede avanzar con rapidez hacia una insuficiencia respiratoria grave si no se trata a tiempo. Por eso los médicos del sur insisten tanto con la consulta precoz: cada hora cuenta, y más en esta época del año, cuando la actividad del colilargo se concentra en los ambientes que compartimos con él.
Me quedo pensando en una imagen que me compartió Jorge, un vecino de Aluminé con el que hablé mientras juntaba información para esta nota. Me dijo que tiene la costumbre, cada vez que va a abrir su galpón al costado de la casa, de pararse afuera, abrir las dos hojas grandes de chapa y esperar un buen rato antes de meter la camioneta. Lo aprendió después de un susto viejo, me contó, y ahora lo hace como quien se persigna antes de entrar a un lugar sagrado. Acá, en el Pehuén y en toda la zona andina, esa clase de gestos simples son los que muchas veces separan una temporada tranquila de una tragedia. Mientras los equipos de Epidemiología siguen llamando por teléfono a cada contacto aislado, vale la pena recordarlo: ventilar, no barrer en seco, consultar a tiempo. Tres hábitos que, en la Patagonia, pueden salvar una vida.
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