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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Sangre, polvo y dos hermanas: «City of Blood» lleva el vampiro berlinois a la pantalla

La serie de Disney+ adapta una novela gráfica y construye un Berlín futuro donde la sangre se comercia como mercadería, los servicios escasean y las cúpulas con aire acondicionado separan a los que tienen de los que apenas sobreviven.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 3 min de lectura
Sangre, polvo y dos hermanas: «City of Blood» lleva el vampiro berlinois a la pantalla

La mañana de un lunes de julio, con el termómetro ya clavado en los treinta grados antes de las diez, Berlín se parece cada vez más a un horno a cielo abierto. Las plazas están vacías, el aire arrastra polvo y los vecinos buscan la sombra como quien busca agua. Esa postal, que en los últimos veranos europeos dejó de ser excepción para convertirse en costumbre, es justamente la que la nueva serie de Disney+ eligió como punto de partida: un futuro cercano donde el calor extremo no es una noticia, sino una forma de vida.

«City of Blood» llega a la plataforma con ocho episodios y propone una distopía que mezcla vampiros, mafia y crisis climática. La historia nace de la novela gráfica escrita por Tobias O. Meißner y dibujada por Reinhard Kleist, y traslada al espectador a una Alemania fragmentada en estados independientes después de una pandemia que se cobró buena parte de la población. En ese mapa roto, Berlín aparece como un territorio áspero, con cortes de agua y electricidad, temperaturas sofocantes y un mercado clandestino que tiene a la sangre como moneda fuerte.

Dos hermanas, dos Berlines

El motor emocional de la serie es un reencuentro. Bea y Phoebe son hermanas que fueron separadas cuando eran chicas y que crecieron en mundos opuestos. Una, adoptada por una mujer con recursos, jamás supo lo que fue racionar un vaso de agua. La otra, abandonada a su suerte, aprendió a moverse en los márgenes de una ciudad donde cada servicio básico es un privilegio. La serie alterna sus recorridos y, con ellos, va revelando las dos caras de un mismo lugar: el Berlín de las cúpulas climatizadas, donde la prosperidad se vive aislada del exterior, y el Berlín del polvo, del calor y del trueque.

A la trama de reencuentro se le suman otras líneas narrativas: las organizaciones que pelean por el control del tráfico de sangre, los personajes que sobreviven en los barrios más castigados y los movimientos políticos que los vampiros tejen para ganar poder. Los primeros capítulos se toman su tiempo para presentar ese universo y a sus habitantes, con un pulso pausado, casi de novela costumbrista del futuro, antes de empezar a cruzar las historias.

El vampiro como metáfora de la escasez

Hay algo de lectura política en la elección del vampiro como figura central. Si la sangre es el recurso más codiciado en un mundo donde el agua y la luz ya no están garantizadas, entonces quienes la comercializan ocupan el lugar que en otras crisis les tocó a los traficantes de alimentos o de combustibles. La serie no esquiva esa analogía: muestra a los vampiros negociando con funcionarios, armando estructuras que replican a las de cualquier organización criminal y discutiendo quién se queda con qué territorio.

Desde lo visual, «City of Blood» apuesta por una estética que combina la mugre berlinesa con un futurismo de bajo presupuesto: cúpulas translúcidas, ropa técnica, calles donde la sombra escasea y cielos que siempre parecen anunciar tormenta. Es una ficción europea en el sentido más literal del término: habla de un continente que ya empezó a discutir cómo se vive cuando el clima deja de ser un tema ambiental para convertirse en un problema cotidiano.

A la hora de recomendarla, la serie les puede interesar a quienes disfruten de las distopías con sabor local, a los fans del género vampírico que busquen algo distinto a las versiones más romantizadas y a quienes quieran ver en pantalla una hipótesis -no tan descabellada- sobre cómo se reorganiza una sociedad cuando los recursos esenciales pasan a manos de unos pocos. Quienes prefieran tramas más dinámicas tal vez tengan que armarse de paciencia en los primeros capítulos, donde la serie prioriza la construcción del mundo por encima de la acción.

Mientras tanto, del otro lado de la pantalla, Berlín sigue soportando olas de calor cada vez más largas y los noticieros europeos vuelven a hablar de sequías y cortes de luz. La ficción, como suele pasar, se anticipó a un presente que todavía no termina de hacerse cargo de lo que viene.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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