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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Plottier le abre la puerta al sauce criollo: un taller gratuito para multiplicar al árbol que casi nadie reconoce

El Centro de Formación Profesional Agropecuario Nº 1 invita a vecinos, productores y estudiantes a aprender, todos los martes desde el 8 de septiembre, cómo reproducir el único sauce nativo de Argentina y devolverlo a los paisajes de la región.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Plottier le abre la puerta al sauce criollo: un taller gratuito para multiplicar al árbol que casi nadie reconoce

A veces uno cruza el puente, levanta la mirada y ve un sauce que llora sobre el río. Lo mira como quien mira un decorado, sin preguntarse de dónde viene ni por qué está ahí. Y sin embargo, ese árbol que muchos confunden con cualquier otro tiene nombre y apellido: se llama Sauce Criollo, su nombre científico es Salix humboldtiana, y es el único sauce que puede decir con legítima orgullo que nació en estas tierras, es decir, en la Argentina. Lo demás, los sauces que vemos por doquier, vinieron de afuera. Ahora bien, lo que pasa con este nativo es que, paradoja mediante, pasa desapercibido para la enorme mayoría de la gente, incluso para quienes vivimos a su sombra. Y eso es exactamente lo que un grupo de gente de acá, de Plottier, está decidido a cambiar, con una propuesta tan concreta como poética: un taller gratuito para aprender a reproducirlo y, de esa manera, devolverlo al territorio que le pertenece.

Un taller con práctica desde el primer día

La cita es en el Centro de Formación Profesional Agropecuario Nº 1, sobre la Ruta 22, en el kilómetro 1232, ese tramo que muchos neuquinos y rionegrinos transitamos tantas veces sin detenernos demasiado. Allí, a partir del martes 8 de septiembre y todos los martes siguientes, de 16 a 18, se repetirá un mismo ritual: juntarse a aprender sobre el sauce criollo, con la coordinación del técnico forestal Julián Basile y la ingeniera agrónoma Gabriela Sotera. La capacitación arranca con una base teórica para entender qué hace especial a esta especie, pero desde el vamos se mete de lleno en la práctica, porque acá la idea no es quedarse en el aula sino terminar con las manos en la tierra.

  • Reconocimiento en campo de la especie, incluso en flor, para aprender a distinguirla sin dudar.
  • Recolección de estacas y armado de un estaquero, que es el espacio donde las ramas cortadas echan raíces y se convierten en nuevas plantas.
  • Seguimiento del proceso de enraizamiento, paso a paso, hasta obtener individuos listos para plantar.
  • Devolución de las plantas al territorio, con acciones concretas de forestación y recuperación en la región.

Lo que me gusta de esta movida, y lo digo con la convicción de alguien que camina seguido por los barrios de la zona, es que no se trata de un tallerito aislado ni de una jornada simpática que termina en una foto. La intención, según me explicitan desde la organización, es consolidar un estaquero permanente que funcione como una verdadera unidad didáctico-productiva, o sea, un lugar donde la formación y la producción de plantas convivan todo el año, no solo durante un mes. Las plantas que salgan de allí están pensadas para plantar: en plazas, en veredas, en márgenes de ríos, en cualquier rincón donde un sauce criollo pueda volver a crecer como lo hizo durante siglos.

Vecinos que se prenden, escuelas que se suman

La convocatoria está abierta a vecinos, productores, estudiantes, organizaciones e instituciones, es decir, a cualquiera que sienta curiosidad o que quiera meter el hombro. Y lo que me animo a decir, porque conozco estas historias de cerca, es que cuando un taller así arranca lo habitual es que termine formando una pequeña comunidad alrededor del árbol. Me lo imagino y casi lo veo: el martes a la tarde, en esa sede sobre la ruta, un grupo de gente compartiendo tijeras, bolsas y mates mientras aprende a multiplicar un nativo que durante años estuvo condenado al olvido. Cerca de Plottier, en Río Negro, ya hubo durante este año experiencias parecidas, con jornadas en escuelas y acciones de plantación en varias localidades, y el INTA viene desarrollando en la Patagonia trabajos de rescate del sauce criollo con la misma lógica de propagación vegetativa. Hay, en definitiva, una red que se está tejiendo en silencio y que este taller viene a sumar otro nodo.

A mí, cada vez que alguien me dice que un árbol nativo pasa desapercibido, se me viene a la memoria la imagen de esas plazas de pueblo donde los niños corren alrededor de un ejemplar enorme sin saber que están abrazando, sin saberlo, a un verdadero hijo del lugar. Por eso celebro que en Plottier se hayan propuesto algo tan sencillo y a la vez tan poderoso como enseñarnos a reproducirlo, y celebro aún más que lo hagan con la puertas abiertas, sin cobrar un peso, con la idea firme de que cada estaca que eche raíz termine convertida, algún día, en un sauce criollo que vuelva a hacerle sombra a alguien. Lo demás, digo siempre, lo hacemos entre todos.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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