Saltar al contenido
Domingo, 18 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Latido Riojano

Latido Riojano

Portada — Vida —

Pastillas que prometen más años: la diferencia entre un análisis de laboratorio y vivir más

El negocio de la longevidad crece a base de cápsulas con precursores de NAD+, vitaminas y omega-3. La ciencia tiene otra cosa para decir: lo que sirve de verdad no viene en frasco, y lo que viene en frasco, en general, no sirve.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Pastillas que prometen más años: la diferencia entre un análisis de laboratorio y vivir más

En la góndola de cualquier dietética del barrio ya hay una sección entera dedicada a la longevidad. Cápsulas con NMN, con nicotinamida ribósido, con resveratrol, con selenio, con vitamina D, con omega-3, todas con etiquetas que prometen casi detener el reloj biológico. La oferta es grande, los precios también, y la pregunta que cualquier lector razonable debería hacerse es simple: ¿qué dice la ciencia de todo esto, más allá del marketing?

Para entender el asunto hay que empezar por una molécula que suena técnica pero está en cada célula del cuerpo: el NAD+. Es una coenzima indispensable para producir energía y reparar el ADN. Con los años sus niveles bajan, y esa caída está asociada a distintos trastornos propios del envejecimiento. En tubos de ensayo y en ratones de laboratorio, aumentar el NAD+ mejoró algunos parámetros metabólicos. A partir de ese punto nació toda una industria de suplementos que toman ese dato como si fuera una promesa cumplida.

Lo que sube en sangre y lo que sirve en la vida

El problema, como tantas veces, está en el salto entre el laboratorio y la clínica. Los ensayos en humanos confirman que los precursores del NAD+ efectivamente elevan sus niveles en sangre. Lo que todavía no tienen es evidencia clínica sólida de que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, en mejor funcionamiento de los órganos o en más años de vida. Que un valor cambie en un análisis de laboratorio no quiere decir, ni de cerca, que vayamos a vivir más. Es una de esas trampas que el marketing disfruta y que la ciencia, por ahora, no avala.

La misma lógica aplica a vitaminas y minerales clásicos. El estudio SELECT, con más de 35.000 participantes, demostró que el selenio no previno el cáncer de próstata y que quienes recibieron vitamina E tuvieron, incluso, mayor riesgo de desarrollarlos durante el seguimiento. El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, no encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer o los eventos cardiovasculares en quienes no tenían déficit previo.

Cuando sí hay un déficit, suplementar tiene sentido

Esto no significa que estos nutrientes sean inútiles. Cuando hay una carencia real, corregirla tiene impacto concreto. Las deficiencias de vitamina B12 y de vitamina D son frecuentes en edades avanzadas, y tratarlas mejora la calidad de vida. La diferencia está en medir primero y suplementar después, si corresponde, y no en comprar a ciegas porque un envase dice 'anti-age' o 'longevidad'.

  • Actividad física regular que incluya ejercicios de fuerza, adaptada a cada edad y a cada cuerpo.
  • Alimentación equilibrada, con proteínas suficientes y sin necesidad de cápsulas mágicas.
  • Buen descanso, con horarios sostenidos y pantallas a raya.
  • No fumar, o dejarlo lo antes posible.
  • Vínculos sociales y vida comunitaria, uno de los predictores más sólidos de envejecer bien.

La ciencia médica trabaja en tres escalones: lo que pasa dentro de una célula, lo que se observa en animales y lo que demuestran los ensayos clínicos en miles de personas. Casi toda la oferta comercial de suplementos se apoya con entusiasmo en los primeros dos y se presenta como si hubiera pasado el tercero. Un hallazgo real pero acotado se transforma en una promesa que nadie terminó de demostrar en la clínica.

La calle, que siempre dice algo

En el barrio de Boedo, donde uno va a comprar el pan de cada mañana, todavía se escuchan estas cosas. Rodolfo, jubilado y vecino de toda la vida, me lo decía la semana pasada mientras tomaba un café en la vereda: 'Yo gasté una fortuna en cápsulas durante años, hasta que el médico me midió la sangre y me dijo que tenía todo bien, que lo único que me faltaba era caminar más y dormir mejor'. Rodolfo no es un caso aislado, es casi un retrato del momento que vivimos: gente que busca en una cápsula lo que la evidencia encuentra en el movimiento, la mesa compartida y las conversaciones de todos los días.

La conclusión es incómoda para la industria, pero bastante clara. Lo que la ciencia respalda con firmeza para vivir más y, sobre todo, mejor, sigue siendo lo de siempre: moverse, comer bien, dormir, no fumar y cultivar vínculos. No hay cápsula que reemplace eso, por más que la etiqueta prometa lo contrario. Y antes de gastar en cualquier suplemento, la mejor inversión sigue siendo una consulta médica con análisis en la mano, para saber si falta algo o si, como le pasaba a Rodolfo, no falta nada y el problema es otro.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo