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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Nubarrones y reservas: por qué unos días grises no alcanzan para alarmarse con la vitamina D

Ramiro Heredia, especialista en medicina interna, explica quiénes sí deberían controlar sus niveles, en qué casos hace falta suplementar y por qué el resto puede respirar tranquilo. También describe el papel de la alimentación y advierte sobre los riesgos de pasarse con los comprimidos.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Nubarrones y reservas: por qué unos días grises no alcanzan para alarmarse con la vitamina D

Acuérdense de aquella semana de julio en que el cielo parecía una persiana bajada: llovía el lunes, llovía el martes, el miércoles tampoco asomó el sol y uno ya empezaba a preguntarse si el cuerpo se estaba quedando sin vitamina D. La pregunta, lejos de ser caprichosa, aparece cada vez que el termómetro baja y el horizonte se vuelve plomo. Y tiene una respuesta que, cuanto menos, deja tranquilo al común de la gente.

Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, lo dice sin rodeos: los adultos sanos no deberían tomar suplementos de vitamina D sin una indicación profesional previa. Las nubes, explica, filtran parte de la radiación ultravioleta B -la que necesita la piel para producir esta vitamina-, pero no la eliminan por completo. Y, sobre todo, el organismo guarda reservas que amortizan esos días grises. Acá, en Buenos Aires, ya hemos visto ciclos enteros de cielo encapotado sin que eso se traduzca, en una persona sin factores de riesgo, en un déficit clínico.

Quiénes sí tienen que mirar este tema con lupa

El especialista identificó a los grupos que sí requieren atención y eventualmente controles de laboratorio. La lista es precisa, y conviene tenerla a mano:

  • Adultos mayores, porque con los años la piel sintetiza menos vitamina D y el riñón la activa peor.
  • Personas con obesidad, ya que la vitamina D queda secuestrada en el tejido graso y queda menos disponible en sangre.
  • Pacientes con enfermedad celíaca, porque la inflamación y el daño intestinal reducen la absorción.
  • Quien se sometió a cirugías bariátricas o pasó internaciones y cuadros críticos, situaciones que comprometen tanto la ingesta como la exposición solar.
  • Personas con antecedentes de osteoporosis o fracturas, donde la vitamina D es clave para la salud ósea.

Para todos ellos, la decisión de pedir un análisis de sangre y eventualmente empezar un suplemento depende de la evaluación médica. No es algo que uno se automedique leyendo una revista, insiste Heredia. Y acá viene el otro dato fuerte: el exceso también hace daño. La toxicidad por vitamina D puede elevar el calcio en sangre y afectar la función renal. O sea, pasarse de rosca no es mejor que quedarse corto.

Para qué sirve, qué aporta la dieta y cuándo no alcanza

La vitamina D cumple un rol central en la absorción del calcio y el fósforo, los minerales que sostienen los huesos. Su falta sostenida puede causar osteomalacia en adultos, con huesos que se vuelven dolorosos y blandos, y aumentar el riesgo de fracturas. En chicos, una carencia importante puede derivar en raquitismo. Además, participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario, dos cuestiones que se notan cuando faltan.

En la mesa, los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures o leches fortificados aportan cantidades interesantes de esta vitamina. Pero, ojo: cuando ya existe una deficiencia instalada, la alimentación sola suele no alcanzar para corregirla. Ahí entra, siempre con receta, la suplementación.

Me contaba Jorge, vecino del barrio, que el invierno pasado se hizo un análisis de rutina y le saltó bajo el nivel. Lo mandó su médica de cabecera, no fue decisión de él. Tomó lo que le indicó durante tres meses, controló y volvió a números razonables. La moralea es simple: si uno está en los grupos de riesgo, la consulta es con el profesional; si no lo está, el suplemento preventivo de góndola puede ser más un problema que una solución.

El ánimo y la luz: una pregunta que queda pendiente

Heredia también aclaró que el vínculo entre la falta de luz natural y los cambios de ánimo corresponde a otro terreno, el de los ritmos biológicos y el estado de ánimo estacional, que no se resuelve con un comprimido de vitamina D. Es un tema aparte, merecedor de su propio espacio, pero que suele mezclarse con este en las conversaciones de café.

Así que, si estos días el cielo está tapado y uno mira por la ventana con la duda, la recomendación sensata es tranquila: salvo que esté en alguno de los grupos que mencioné, no hace falta salir corriendo a comprar nada. El cuerpo tiene espalda para estos inviernos. Y si la duda persiste, mejor una consulta al médico que un frasco de la farmacia. Como me decía la señora Elsa, acá a la vuelta: hijo, a mí no me falta el sol, me falta el abrigo. Y a veces alcanza con eso.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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