Neuquén, bajo el agua: una semana de lluvia que puso a prueba los desagües y la paciencia de los vecinos
El municipio desplegó cuadrillas en toda la ciudad y los pluviales del centro respondieron, pero en los barrios de tierra la lluvia sigue dejando huella. Acá, todo lo que hay que saber para reportar anegamientos.

Acá en Neuquén ya perdió la cuenta de los días. Llueve desde hace una semana sin parar, o casi sin parar, y la capital neuquina amaneció otra vez con el asfalto mojado, las raíces de los árboles asomando en las veredas y un rumor que se repite en las mesas de los bares del centro: "otra vez estamos igual". Pero la realidad, según cuentan quienes están hace años en la cuadra, es que esta vez la ciudad aguantó mejor que otras. Yo estuve caminando por la Mosconi al caer la tarde del martes y todavía se notaba el agua bajando por las colectoras, pero nadie tenía que cruzar a la rana ni esquivar un charco que le cubriera las botas. Carlos, que atiende un kiosco en la esquina de la avenida y me conoce desde hace veinte años, me dijo mientras me convidaba un café con la mano: "Mirá, yo pasé muchas de estas. Esta vez el agua se fue. Antes se quedaba días. Eso ya es otra cosa".
La explicación oficial tiene nombre y apellido: Francisco Baggio, subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana. Según él, el sistema de drenaje de la ciudad está calculado para bancar entre 15 y 20 milímetros acumulados por día sin generar anegamientos graves en las zonas más urbanizadas. Esa capacidad teórica se puso a prueba durante estos siete días de lluvia persistente, y desde el municipio la evaluación inicial fue que la estructura del casco céntrico respondió dentro de lo esperado. No quiere decir que no haya habido complicaciones, pero sí que los ductos principales trabajaron y las colectoras funcionaron como tenían que funcionar.
La Mosconi, elBajo y el trabajo de las cuadrillas
El punto más sensible fue la avenida Mosconi, donde se renovó recientemente el sistema pluvial. Lo que se vio en estos días fue que las colectoras nuevas derivaron el agua hacia los colectores principales con bastante rapidez, y eso evitó la imagen de siempre: el Bajo anegado, los comercios con agua en las veredas, el tránsito cortado y los vecinos improvisando vallas con baldes. Acá, los que vivimos hace rato en la zona sabemos que esa postal era moneda corriente cada vez que llovía tres o cuatro días seguidos. Esta vez no desapareció del todo, pero se atenuó de manera notoria.
Mientras tanto, las cuadrillas municipales no pararon. Estuvieron en la calle desde el primer día de alerta y se repartieron tareas que van mucho más allá de cortar el agua. Limpiaron rejillas, destaparon bocas de tormenta y revisaron los ductos principales. En la intersección de Chubut y Santa Cruz, por ejemplo, trabajaron con equipos Vactor, que son unos camiones con sistema de succión que permiten sacar el barro y los sedimentos que se acumulan dentro de los caños. En esa esquina en particular encontraron materiales de obra que habían ido reduciendo la capacidad de captación del pluvial, lo que explica por qué históricamente esa esquina se llenaba de agua con cada tormenta.
A dónde va el agua cuando sale de las calles
Pocas veces uno se detiene a pensarlo, pero toda el agua que baja por las rejillas de Neuquén termina en algún lado, y ese lugar tiene nombre propio: el arroyo Durán y el canal Villa María, que descargan finalmente en el río Limay. Cuando el Limay sube de nivel por las lluvias en la cuenca alta, la ciudad activa un sistema de respaldo que suena técnico pero es muy concreto: las lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un predio de más de nueve hectáreas que funciona como una especie de pulmón de agua, absorbiendo el excedente para que baje el nivel del arroyo y los barrios del sur drenen más rápido. Es el tipo de infraestructura que uno no ve hasta que falta, y esta vez, por lo que cuentan en Defensa Civil, estuvo disponible.
Donde la lluvia sí pasa factura
Ahora bien, no todo es el centro ni la Mosconi. Si uno cruza hacia la Meseta o se mete en Valentina Norte, la película cambia. Son barrios donde muchas calles todavía son de tierra, no tienen cordón cuneta ni asfalto, y cuando llovió siete días seguidos el panorama se vuelve otro. El barro no deja entrar la maquinaria pesada, así que las cuadrillas trabajan con motobombas para sacar el agua estancada y tratar de que los vecinos puedan circular y que el transporte público no quede varado. Las tareas de nivelación y reparación definitiva, las que vienen a dejar la calle en condiciones otra vez, recién se retoman cuando el piso está firme y deja de ser una mezcla de agua y barro imposible de trabajar. Acá la conocen bien: María, que vive en Valentina Norte desde hace quince años y me crucé cuando iba a comprar pan, me dijo con una sonrisa cansada: "Cuando para de llover empiezan las máquinas. Mientras tanto, con las botas".
Cómo reportar un anegamiento desde casa
- Llamar al 103, la línea de Defensa Civil, disponible las 24 horas durante toda la emergencia.
- Llamar al 147, la línea municipal de atención al vecino, también operativa todo el día.
- Tener a mano la dirección exacta, una referencia visible y, si se puede, el momento en que se acumuló el agua.
- No descartar casos chicos: una rejilla tapada o una boca de tormenta desbordada también se reportan.
- Para calles de tierra con barro y agua estancada, aclarar que no es posible el ingreso de maquinaria pesada.
El pronóstico para los próximos días anticipa lluvias variables hasta el viernes, con posibilidad de tormentas puntuales, así que la recomendación de las autoridades es mantenerse atentos y no confiarse de los días sin agua. Acá, en esta ciudad que tiene una relación pendular con la lluvia, la paciencia vecinal se estira y se acomoda como puede. Yo me quedo con la imagen que me regaló Carlos al cerrar la puerta del kiosco, mientras secaba el piso con un trapo: la calle todavía brillaba bajo las últimas gotas, pero el agua ya se iba, despacio, camino al Limay, como si la ciudad hubiera aprendido por fin a despedirse de ella sin que le quede el barro encima.
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