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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Moras familiares treparon al 12,9% y se convirtieron en el registro más alto en más de veinte años

El dato del Banco Central muestra que los hogares acumulan atrasos a un ritmo que duplicó el de julio pasado, mientras la mora empresarial se mantiene en 3,6% y baja la probabilidad estimada de incumplimiento.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 4 min de lectura
Moras familiares treparon al 12,9% y se convirtieron en el registro más alto en más de veinte años

Septiembre arranca con el termómetro económico en plena ebullición para los bolsillos de a pie: las familias argentinas arrastran una mora en sus créditos bancarios del 12,9 por ciento, la proporción más alta que se haya registrado en más de dos décadas, según el Informe de Bancos que difundió esta semana el Banco Central de la República Argentina. El número no sólo refleja el peso creciente de los préstamos con dificultades de pago sino que describe, sobre todo, una fotografia de un país donde las deudas del hogar pelean de igual a igual con los ingresos y, en muchos casos, terminan ganando la pulseada.

De acuerdo con el informe oficial, al que tuve acceso en su totalidad, los hogares mostraron durante julio pasado una proporción de financiamiento con problemas de pago que más que duplica el registro de las empresas, cuyo indicador se ubicó en el 3,6 por ciento. Para el conjunto del sector privado, la mora cerró en 7,7 por ciento. La diferencia entre familias y firmas productivas vuelve a poner en primer plano la fragilidad del consumidor frente a un escenario donde los precios se recalibran mes a mes y los créditos, en pesos, cuestan cada vez más caro en términos reales.

Una suba de 7,3 puntos en sólo un año

La comparación interanual es la que mejor explica la magnitud del deterioro que estamos transitando. En julio del año pasado, la irregularidad del financiamiento familiar se ubicaba en el 5,6 por ciento; desde entonces acumula un salto de 7,3 puntos porcentuales, hasta alcanzar el mencionado 12,9 por ciento, una cifra que supera el doble de aquel nivel. Frente a junio, en tanto, el incremento fue más moderado: apenas 0,1 puntos, pero suficiente para dejar al indicador en un umbral que no se veía desde los peores momentos de la crisis de fin de siglo. Quiero detenerme en este punto porque, en mi lectura, el dato deja en claro que la mora familiar dejó de ser un problema coyuntural y se transformó en un rasgo estructural del sistema: ya no alcanza con hablar de atraso aislado, sino de una tendencia sostenida que se extiende en el tiempo y que se monta, como explicaré más adelante, sobre una caída real del crédito disponible.

Por qué suben las moras y, a la vez, baja el incumplimiento esperado

  • El aumento mensual de la mora combinó dos factores: por un lado, creció en términos reales la cartera de préstamos con problemas de pago; por el otro, se redujo el financiamiento total otorgado a las familias, lo que automáticamente hace que los créditos impagos pesen más dentro del total.
  • El indicador de probabilidad de incumplimiento estimado para los hogares, en cambio, retrocedió 0,5 puntos y se ubicó en 3,9 por ciento, lo que sugiere que la velocidad con que se deterioran los deudores podría estar empezando a moderarse.
  • Las previsiones que mantienen los bancos frente a eventuales pérdidas cubren el 87,6 por ciento de la cartera irregular, 0,8 puntos más que en junio, y representan el 6,7 por ciento del total de préstamos al sector privado.

La coexistencia de estos dos movimientos resulta, a primera vista, contradictoria: mientras más familias se atrasan, los modelos del Banco Central estiman que cae la probabilidad de que los deudores dejen definitivamente de pagar. La explicación que dio el propio organismo pasa por entender que el numerador de la mora crece, pero el denominador, es decir, el stock total de crédito, se reduce con mayor fuerza. Cuando el stock de préstamos se contrae en términos reales, los créditos con problemas ganan participación relativa aunque pierdan velocidad de crecimiento. Es un fenómeno estadístico, sí, pero con impacto concreto: cualquier hogar que hoy intenta refinanciar un saldo en mora se topa con bancos más cautelosos, tasas más altas y plazos más cortos, una combinación que termina empujando a los deudores hacia circuitos financieros informales o directamente hacia el default.

El cuadro se completa con la foto del financiamiento productivo, donde la mora sigue contenida en 3,6 por ciento, y con el dato de que las previsiones bancarias cubren casi nueve de cada diez pesos en mora, un colchon sólido frente a un eventual salto de los incumplimientos. Ahora bien, lo que el Estado todavía no resolvió, y aquí se concentra la discusión de fondo, es cómo contener el deterioro de los ingresos reales de las familias para que la curva de morosidad pueda empezar a doblar hacia abajo. Mientras la inflación siga erosionando salarios y los créditos en pesos se encarezcan por encima de la variación de precios, la pregunta que sobrevuela al informe del Banco Central es la misma que se hace cualquier hogar a la hora de organizar sus vencimientos: ¿en qué momento el esfuerzo de pagar deja de compensar el costo de estar al día con el banco?

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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