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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Mil pesos, un billete que ya no alcanza ni para el pan y empieza a quedar corto hasta en el bolsillo

En agosto de 2026, mil pesos compraban 200 gramos de pan o medio litro de nafta súper; la pérdida de poder adquisitivo coincidió con un cambio en el efectivo, donde los billetes de diez mil y veinte mil ganan espacio y los de mil, aunque todavía lideran por unidades, caen mes a mes desde su pico de julio de 2024.

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Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 4 min de lectura
Mil pesos, un billete que ya no alcanza ni para el pan y empieza a quedar corto hasta en el bolsillo

Les confieso una imagen que tengo grabada y que me sirve de punto de partida cada vez que hablamos de dinero en la calle: la billetera de mi vieja, allá lejos, todavía con un billete de mil pesos doblado en cuatro, como si fuera un tesoro. Eran otros tiempos, cuando ese papel significaba algo más que un suspiro en la góndola. Hoy, en cambio, el de mil es el billete que nos recuerda, con cada compra, cuánto se fue licuando el salario y la moneda. Lo que hace diez años compraba, hoy prácticamente no llega a cubrir nada de lo elemental, y esa metamorfosis es la que quiero recorrer con ustedes en esta nota, del surco a la góndola, de la panadería al surtidor, porque en el campo y en la ciudad, con el productor y con el ama de casa, la pregunta es la misma: en qué se nota más que mil pesos ya no alcanzan.

Pan, harina y arroz: el derrumbe de la capacidad de compra

Las cifras son elocuentes y, a la vez, duelen. En diciembre de 2017, mil pesos permitían llevar a la mesa 24,66 kilos de pan francés tipo flauta; en agosto de 2026, ese mismo monto alcanzaba apenas para 200 gramos, es decir, 0,20 kilos. La caída es de tal magnitud que cuesta dimensionarla sin hacer el cálculo dos veces. Con harina de trigo común 000, la diferencia pasa de 90,66 kilos a 0,94 kilos, y con arroz blanco simple, de 45,25 kilos a 0,54 kilos. No hace falta ser economista para entender que cuando un billete que circula en millones de unidades ya no compra ni un kilo de harina, algo estructural se rompió en la cadena de precios, y el reflejo en la mesa de los argentinos es inmediato.

El escenario se repite en las carnes, dos productos centrales en la dieta y también en la economía regional. Con mil pesos se podían adquirir 7,55 kilos de asado al comenzar del período y apenas 0,06 kilos al final, mientras que el pollo entero pasó de cubrir 25,23 kilos a 0,21 kilos. Son números que muestran, con la frialdad de los datos, cómo se reduce el poder de compra de una denominación que, sin embargo, todavía conserva una presencia extendida en el mercado.

Colectivo y nafta: lo que el transporte deja al descubierto

El achique no se detiene en la góndola, también se nota en lo que cuesta moverse. En diciembre de 2017, mil pesos equivalían a 166,7 boletos de colectivo en el Área Metropolitana de Buenos Aires; en agosto de 2026, apenas cubrían 1,2 pasajes. Para la nafta súper, la capacidad de compra bajó de 44,13 litros a 0,49 litros, es decir, menos de medio litro con el mismo billete que alguna vez llenó varios tanques. Quienes usan el transporte público o el auto a diario sienten ese cambio antes que nadie, y lo trasladan a la conversación cotidiana como un termómetro informal de la inflación.

Menos billetes de mil, más de diez mil y veinte mil

La pérdida de poder adquisitivo vino acompañada de un cambio en la composición del efectivo. El billete de mil pesos comenzó a circular el 30 de noviembre de 2017 y alcanzó su mayor cantidad de unidades en julio de 2024, con 6.212 millones de ejemplares; desde agosto de ese año, el volumen empezó a bajar hasta llegar a 1.203,9 millones en agosto de 2026. En paralelo, las denominaciones mayores ganaron terreno: en agosto de 2026 había 947,1 millones de billetes de diez mil pesos y 816,7 millones de veinte mil, estos últimos en circulación desde noviembre de 2024. El reemplazo permite transportar montos equivalentes con menos papeles, por lo que la caída en la cantidad de billetes de mil no supone, por sí sola, una reducción del dinero circulante, aunque sí marca un desplazamiento en los hábitos de pago. Aun con ese retroceso, el de mil sigue siendo la denominación con más unidades en la calle.

“El de mil es el billete que más circula por cantidad, pero ya casi no sirve para comprar nada; mientras tanto, el de diez mil y el de veinte mil se van quedando con el protagonismo que dejó la inflación.”Marcelo, productor tambero de la zona de Villa María

Lo que el Estado todavía no resolvió

Como-columnista y como vecina de a pie, lo digo sin vueltas: este escenario no se revierte solo con emisión de billetes nuevos ni con parches cambiarios. La pérdida de valor del peso frente a los productos básicos y al transporte expone una cuestión de fondo que el Estado no resolvió hasta aquí, que es la estabilidad de precios y la previsibilidad para producir y consumir. Mientras los billetes se renuevan y la gente aprende a contar paquetes de diez mil en la cartera, en las góndolas el verdadero ajuste sigue pasando todos los días, y ese es el debate pendiente.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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