Los primeros 90 días con antipsicóticos: la ventana crítica que muchos desconocen
Un estudio con casi 97.000 pacientes en Inglaterra demostró que el azúcar en sangre y el peso se disparan con una velocidad alarmante en el arranque del tratamiento. Especialistas argentinos insisten en que los controles metabólicos previos no son un capricho: pueden evitar una diabetes que se instala en silencio.

A veces uno se imagina que lo más delicado de un tratamiento psiquiátrico es el momento de encontrar la pastilla justa, esa que calme la angustia sin apagar del todo la chispa. Pero un estudio publicado hace pocos días en The Lancet Psychiatry viene a recordarnos algo que suele quedar debajo de la alfombra: el cuerpo entero está mirando, y el metabolismo, sobre todo, paga los platos rotos antes de lo que uno cree.
Acá, del otro lado del mostrador, la pregunta que sobrevuela cualquier consulta es casi la misma: ¿esto me va a engordar? ¿me puede dar diabetes? Son miedos que los pacientes traen de casa, en general porque ya les pasó a un familiar, a un amigo, o porque lo leyeron en algún foro a las tres de la madrugada. Lo que la ciencia viene a decir ahora, con números muy concretos, es que esos miedos no son infundados y que el peligro no se distribuye parejo a lo largo del tiempo. Se concentra, y vaya si se concentra, en los primeros tres meses.
Un mapa preciso de lo que pasa en el arranque
La investigación siguió durante más de dos décadas a cerca de 97.000 adultos ingleses que comenzaron a tomar antipsicóticos de segunda generación entre 2000 y 2023. No es una muestra menor: es, probablemente, uno de los trabajos más grandes jamás hechos sobre este tema. Los investigadores compararon cómo venían los pacientes antes de empezar la medicación y qué pasó con su glucemia y con su peso corporal después.
- El azúcar en sangre subió unas 14 veces más rápido durante los primeros 90 días de tratamiento que en el período previo.
- El peso corporal aumentó unas 9 veces más rápido en ese mismo tramo inicial.
- La olanzapina fue el fármaco con cambios más marcados: el azúcar se aceleró 50 veces y el peso unas 10 veces frente al período previo.
- Las personas que ya tenían prediabetes al arrancar el tratamiento desarrollaron diabetes tipo 2 en el 19% de los casos dentro de los dos años siguientes, contra apenas un 3% de quienes empezaron con glucosa normal.
Esos números hay que dejarlos caer despacio, porque no son caprichosos. Un incremento de esa magnitud en apenas tres meses significa que el cuerpo está recibiendo una señal química potentísima y que, en muchos casos, no la puede manejar sin. Por eso mismo, los autores del trabajo son tajantes: hay que medir antes y hay que medir durante, sobre todo al principio.
“Nuestro estudio muestra que los primeros 90 días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en mente, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London
El mensaje es casi de manual, pero en la Argentina todavía choca contra una realidad bastante más desordenada. No todos los centros de salud mental tienen un metabolismo a tiro. A veces, como me contaba la semana pasada Daniel, un vecino de Boedo que acompaña a su hijo a controles en un hospital público, lo que sobra es voluntad y lo que falta es glucómetro. Igual él insiste: cada vez que pueden, piden que le pesen al pibe y le saquen sangre, aunque sea una vez al mes al principio, porque sabe que la diferencia entre detectarlo a tiempo y descubrirlo a los dos años puede ser enorme.
Bazo-Alvarez, que además es la cara visible de un grupo de investigación con base en Londres, resumió la idea de fondo con una frase que en cualquier consultorio debería quedar escrita con marcador: al verificar de manera temprana, los médicos pueden detectar problemas antes y ofrecer apoyo, consejos o tratamiento para ayudar a prevenir problemas de salud más graves más adelante. Suena a consejo de manual, sí, pero es exactamente la clase de consejo que en este tema salva vidas en silencio.
Hay un dato más que me parece importante dejar flotando, porque muchas veces se pierde: las mujeres, en este estudio, mostraron un salto de azúcar en sangre mucho más acelerado que los varones durante los primeros 90 días. Eso no significa que los hombres estén a salvo; significa que el cuerpo femenino, por razones hormonales y metabólicas que todavía se investigan, parece más vulnerable a este tipo de fármacos en el arranque. Otra razón para que el seguimiento sea personalizado y no un trámite burocrático cada seis meses.
Vuelvo a Daniel y a su historia, que es la de miles. El otro día me decía, mientras esperábamos el colectivo en la esquina, que lo más duro de un diagnóstico psiquiátrico no es solo el diagnóstico en sí, sino todo lo que se te suma después: la diabetes que aparece como un fantasma, los kilos de más que de pronto te cambian la ropa y el ánimo, el colesterol que se va para arriba sin pedir permiso. Por eso este tipo de estudios, aunque venga de Inglaterra y se publique en una revista en inglés, importa acá, en la sala de espera del hospital, en la consulta del médico de cabecera, en la farmacia de la esquina. Importa porque pone nombre y apellido a un riesgo que antes era solo intuición de los profesionales más experimentados.
Así que si alguien cercano está por empezar, o acaba de empezar, un tratamiento con olanzapina, quetiapina, risperidona o aripiprazol, la recomendación es tan simple como urgente: pedir un análisis de sangre con glucemia en ayunas y un peso basal antes de la primera pastilla, y repetir esa rutina a los treinta días, a los sesenta y a los noventa. Después, los controles pueden espaciarse. Pero esos primeros tres meses son, como dice el estudio, la ventana crítica. Y en medicina, las ventanas críticas no esperan.
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