Viernes, 28 de agosto de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Latido Riojano

Los jóvenes argentinos vuelven la mirada hacia el mercado de capitales: cedears, tecnológicas y una deuda pendiente con la educación financiera

Casi 9.000 menores de edad ya invirtieron a través de subcuentas habilitadas por la Comisión Nacional de Valores. Buscan diversificar, no apostar. Mientras tanto, cuatro de cada diez no manejan conceptos básicos de presupuesto y ahorro, y más del 30% incumple pagos pequeños que comprometen su historial crediticio.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · 27 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura

Soy Rosa Quintero, y aunque mi materia prima habitual son los surcos y las parras, en esta nota me toca cruzar la tranquera y asomarme a otra economía que también define cómo viven los argentinos: la de los números en una pantalla, la del primer peso que se pone a trabajar lejos del bolsillo. Lo que vengo a contar tiene que ver con una generación que, aun sin haber terminado el secundario, ya sabe qué es un cedear y qué empresa mueve el índice más famoso de Wall Street, pero que al mismo tiempo no termina de ordenar su propia economía cotidiana. La paradoja es el centro de esta historia, y vale la pena desarmarla con tiempo.

Educación financiera: lo que todavía no aprendimos

Empiezo por el dato más crudo, el que muestra la debilidad de base. Cuatro de cada diez jóvenes argentinos no manejan conceptos elementales como presupuesto, ahorro o crédito, según un relevamiento de Junior Achievement Argentina al que pude acceder para esta columna. Esa brecha no es abstracta: se traduce en los números de endeudamiento que procesa Equifax para la franja que va de 1995 a 2009, donde apenas el 68,8% cumple en tiempo y forma con sus compromisos. El resto, más del 30%, cae en mora.

Lo interesante, y lo que desespera a los especialistas, es que no se trata de deudas pesadas: son montos chicos, a veces olvidados, a veces postergados, que igual quedan registrados y lastiman el historial crediticio de quien todavía no terminó de armar su vida financiera. Es la diferencia entre no llegar a fin de mes por un problema grande y no pagar una boleta chica por desorganización, que parece menor pero deja huella. Esa huella es la que después complica el acceso al crédito cuando llega la edad de pedir un préstamo para un auto, para un alquiler o para arrancar un proyecto.

Del aula al mercado: la otra cara

En paralelo, hay una juventud que ya pasó de la teoría a la práctica, aunque sin proponérselo del todo. Desde 2024 la Comisión Nacional de Valores habilitó a los agentes del mercado a abrir subcuentas para menores de entre 13 y 17 años, con la firma de un representante legal, y a los 18 la titularidad pasa directamente al joven. La normativa permite operar con bonos, acciones, cedears, ETFs y fondos comunes de inversión, un menú que hasta hace poco parecía reservado para los adultos con ahorros consistentes.

Dos plataformas que apostaron por ese segmento acumulan en conjunto cerca de 9.000 cuentas abiertas por chicos y chicas que todavía usan uniforme escolar. En una de ellas, el 67% de las cuentas está activa hoy; en la otra, la mitad de los menores concretó operaciones durante el último trimestre. La edad promedio del inversor activo ronda los 16 años, una franja en la que muchos ni siquiera tienen documento verde y ya están eligiendo dónde poner su plata.

“El hecho de que su inversión principal sea el SPY nos indica que no están buscando la ganancia mágica, sino que entienden el concepto de diversificación y apuestan al ahorro de mediano y largo plazo.”Lorena Malatesta, vicepresidenta de Marketing en IOL Inversiones

La lectura de Lorena Malatesta, a quien consulté para esta nota, me dejó pensando. Cuando uno escucha que un chico de 16 años pone sus primeros ahorros en un instrumento que replica las 500 empresas más importantes de Estados Unidos, lo natural sería desconfiar: o está siguiendo una moda, o alguien le pasó un dato a ciegas. Lo que dicen los números, en cambio, es lo contrario. Esa elección revela una madurez llamativa: en lugar de correr detrás de la acción que va a explotar, prefiere pararse sobre un índice amplio y dejar que el tiempo haga su parte. Es, del surco a la góndola, la diferencia entre el jugador y el que entiende que la riqueza se construye de a poco, no de un saque.

Lo que el Estado todavía no resuelve

Paula Spitaleri, de Balanz Academy, puso el dedo en la llaga cuando le pregunté cuál era el objetivo de estas cuentas para menores: que cuando llegue la edad de acceder al crédito, esos jóvenes ya tengan incorporados los conceptos básicos y no dependan sólo del impulso o de la intuición. La definición es casi un programa político, y por eso duele. Porque mientras una parte de esa generación se alfabetiza en el mercado de capitales mirando la pantalla del celular, otra parte sigue sin saber armar un presupuesto familiar o sin entender por qué pagar tarde una boleta chica termina costing más caro que la boleta misma.

El Estado argentino tiene aquí una cuenta pendiente que no es nueva pero que se vuelve urgente. No alcanza con abrir subcuentas y habilitar instrumentos sofisticados si en paralelo no se garantiza que en las escuelas se enseñe, de verdad y con continuidad, qué es el ahorro, qué es el crédito, qué es el interés compuesto y qué consecuencias trae un incumplimiento. La normativa de la CNV es un paso adelante, sin duda, pero deja a miles de chicos y chicas que no llegan a esas plataformas dependiendo exclusivamente de lo que aprendan en la casa, cuando la casa alcanza. Lo que todavía no se resolvió, y lo digo desde la experiencia de recorrer el interior productivo del país, es cómo hacemos para que la educación financiera deje de ser un privilegio de quienes tienen acceso a plataformas, y se convierta en un derecho parejo para todos los jóvenes, vivan en un pueblo chico o en la General Paz.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo