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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Levantarse de la silla dos minutos puede cambiar el resto de la tarde

Una revisión de 25 ensayos clínicos con más de mil participantes detectó mejoras pequeñas, pero reales, en la atención y la memoria cuando se interrumpe el trabajo sentado con caminatas, estiramientos o escaleras. La clave está en la frecuencia y en no esperar a tener tiempo libre.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
Levantarse de la silla dos minutos puede cambiar el resto de la tarde

Acá, en cualquier oficina o aula de la ciudad, la escena se repite: alguien pasa cinco o seis horas clavado frente a la pantalla, se levanta con la espalda dura y la cabeza embotada, y todavía se pregunta por qué le cuesta terminar lo que empezó. La respuesta, según un equipo de investigadores que acaba de poner bajo la lupa a más de mil personas, puede estar en algo tan simple como pararse cada tanto.

Lo que midieron y a quiénes

La revisión, publicada por un grupo encabezado por Yongming Li, reunió 25 ensayos clínicos con 1.115 participantes de entre 8 y 78 años. Todos compartían una condición: pasaban largos ratos sentados y, en algún momento del día, se les pidió interrumpir esa quietud con movimientos breves. Las pausas evaluadas no pasaron de los diez minutos. Algunas duraron apenas dos y se repitieron cada media hora o cada hora. Entre las actividades figuraron caminatas, estiramientos, yoga, subir escaleras, pedalear en una bicicleta fija, hacer ejercicios de resistencia y hasta correr en el lugar o saltar. Después de cada pausa, los participantes volvieron a sus tareas y fueron evaluados en distintas funciones mentales.

  • Atención sostenida, es decir, la capacidad de quedarse concentrado en lo que se está haciendo.
  • Capacidad de cambiar de consigna, que es la habilidad de pasar de una tarea a otra sin perder el hilo.
  • Control de respuestas impulsivas, el freno que uno se pone antes de actuar por reflejo.
  • Memoria de trabajo, el sistema que permite retener un número de teléfono mientras se lo marca, por ejemplo.

El resultado promedio fue modesto, con un valor de 0,24 en la escala estadística que usaron los investigadores, donde 0,2 ya se considera un efecto pequeño. Sin embargo, los autores notaron que la mejoría se hizo más visible cuando las rutinas se sostuvieron durante varias semanas y cuando se aplicaron en ámbitos escolares o laborales, donde el sedentario suele ser más prolongado y más denso.

Qué recomiendan los especialistas y por qué

Para entender el mecanismo, los investigadores plantearon como hipótesis lo que Mike Trott, de la Universidad de Queensland, suele resumir en pocas palabras: cualquier movimiento breve dispara la liberación de dopamina y noradrenalina, dos sustancias que el cerebro usa para mantenerse despierto, atento y con la información a mano. En la misma línea, Mark Hamer, del University College London, destacó que en las escuelas alcanza con proponer movimientos sencillos antes de continuar una lección, sin necesidad de contar con equipamiento deportivo ni con un profesor de educación física. "Es razonable esperar un beneficio, aunque hay que tomar con cautela un promedio que junta edades y etapas cognitivas tan distintas", resumió el investigador británico.

En el día a día, la diferencia práctica parece estar más en la frecuencia que en la duración. Acá, en las oficinas que conozco de cerca, lo más sencillo es pactar con uno mismo un pacto modesto: cada vez que la pantalla marque la hora, levantarse, dar dos vueltas a la manzana del piso, estirar las piernas junto al escritorio y volver. Como me dijo ayer Marta, una contadora que trabaja en un estudio del centro, mientras esperaba el ascensor: "No es que me sobra el tiempo, es que sin esas dos vueltas no me da la cabeza para cerrar el balance". Para quienes llevan a los chicos al colegio o se pasan la tarde frente a la compu, la traducción es la misma: la pausa no compite con la actividad física del fin de semana, la complementa, y lo que promete es algo más modesto y más útil, que el resto del día se banque sin que la cabeza se vaya de paseo antes que uno.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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