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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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Le metieron el cerebro de una mosca a un joystick y casi funciona: la extravagante idea que recorre los laboratorios

Un mapa con 166.000 neuronas de Drosophila ya clasifica correos, juega al Doom y especula con criptomonedas. Todavía no le gana a una red neuronal decente, pero a los investigadores les importa tres cominos.

FM
Federico MazaTecnología · · 4 min de lectura
Le metieron el cerebro de una mosca a un joystick y casi funciona: la extravagante idea que recorre los laboratorios

Fede, te juro que el otro día el GPS me mandó dos veces por la calle cortada y terminé discutiendo con el volante. Pero eso es un problema menor al lado de lo que están haciendo unos científicos: enchufarle el cerebro entero de una mosca de la fruta a un joystick. Y no es chiste: lo hicieron de verdad, y hasta le hicieron clasificar correos. Spoiler: no le fue tan mal, aunque tampoco le fue tan bien.

Un conectoma con más neuronas que el WiFi del vecino

La criatura en cuestión se llama MaleCNS v1.0 y es una reconstrucción digital del sistema nervioso de la mosca Drosophila melanogaster, esa que te arruina la fruta de la mesada en verano. Tiene 166.000 neuronas, unos 125 millones de conexiones y casi 11.700 tipos de células distintas. Lo armaron entre Google Research, el HHMI Janelia Research Campus, Harvard y Princeton, todos juntos como en una picadita académica. La ventaja de no ser humano es que te pueden cortar en 7.000 rebanadas finitas y fotografiarlas con microscopio electrónico para mapear cada sinapsis. Con un cerebro de 86.000 millones de neuronas, el nuestro va a tener que esperar.

Para ponerlo en castellano: una red neuronal artificial, de las que usa ChatGPT o el traductor de Google, es como un mazo de cartas ordenado a mano. Esto es más bien como desarmar un motor completo, marca por marca, tornillo por tornillo, y volverlo a armar. La diferencia es que el motor es biológico y tiene 166.000 piezas.

Doom, mail y criptomonedas, todo con cerebro de insecto

El ingeniero Alex Wormuth fue el que dijo "vamos a hacerlo jugar al Doom" y lo hizo. Lo que pasa es esto: las imágenes de la pantalla se transforman en estímulos para las neuronas sensoriales del modelo. La información de brillo y color viaja por la red simulada y sale traducida en acciones: disparar, moverse, cubrirse. Cuando el personaje recibe daño sin morirse, se activan unas células dopaminérgicas que ofician de señal de castigo, algo así como el coscorrón virtual que te dice "no vayas por ahí". Le llaman aprendizaje por refuerzo, pero viene a ser lo mismo que cuando uno aprende a no tocar la hornalla después de la segunda quemadura.

El mismo Wormuth llevó esa lógica a Stonkfly, un proyecto que mira gráficos financieros y decide operaciones con criptomonedas en una cartera simulada. Las ganancias mandan una señal a 15 células; las pérdidas, a otras dos vinculadas a respuestas aversivas. Resultados concretos sobre si sirve para invertir: no hay. Es más un ejercicio conceptual que un consejo financiero, así que nadie ponga sus ahorros en esto. Yo ya me quemé con un Bitcoin en 2018, no necesito una mosca que me diga cuándo comprar.

También hubo mano de obra para el Super Mario 64, el Beat Saber, resolver salas de escape virtuales y hasta diseñar tipografías. Todas aplicaciones experimentales que exigen agregarle una capa de simulación al conectoma, que es el mapa que describe cómo se conectan las neuronas entre sí.

El resultado: casi como una red neuronal, pero más lento

En la prueba más concreta, la de clasificar correos electrónicos, la simulación alcanzó alrededor del 80 % de la precisión de una pequeña red neuronal artificial convencional. Ojo: eso es un rendimiento relativo, no significa que el modelo acierte el 80 % de los mensajes. Significa que, comparado con una red chica y bien entrenada, le empata en ocho de cada diez casos. Y eso está bien para un sistema que no fue pensado para eso, pero está lejos de ser útil en la práctica.

Los propios autores lo aclaran: estas simulaciones son más lentas y menos precisas que las redes diseñadas a medida para cada tarea. Traducido: si querés que tu mail se ordene solo, usá Gmail. Si querés entender cómo funciona un cerebro, aunque sea el de un bicho, este proyecto es un golazo.

Consejo final, y esta vez en serio: no se la tecnología solo porque suena exótica. Cuando te vendan la próxima "IA revolucionaria", preguntá contra qué la compararon y con qué datos la midieron. Si la respuesta es un powerpoint y un video de TikTok, guardá la plata. La mosca, mientras tanto, sigue volando.

FM
Federico MazaTecnología

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