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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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La trampa silenciosa que se les cierra a las jóvenes: cuando deber poco también es no poder pagar

Un informe del Centro de Estudios de la Ciudad muestra que casi cuatro de cada diez mujeres de hasta 25 años con créditos activos están en mora. La deuda promedio ronda los $987.660 y en algunos partidos del conurbano bonaerense trepa hasta $3.380.000. Hay un Estado que mira para otro lado.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 5 min de lectura
La trampa silenciosa que se les cierra a las jóvenes: cuando deber poco también es no poder pagar

Lo vengo diciendo en esta columna desde hace tiempo y cada nuevo informe lo confirma con números que duelen: la morosidad financiera en la Argentina dejó de ser patrimonio de los hogares empobrecidos y hoy atraviesa de lleno a las mujeres jóvenes, ese segmento que el sistema presume como cliente modelo y que en la práctica termina atrapado entre cuotas que no puede pagar, sueldos que no le alcanzan y un Estado que no termina de hacerse cargo de lo que ocurre cuando el crédito deja de ser una oportunidad y se convierte en una condena. El Mapa de la Deuda que acaba de difundir el Centro de Estudios de la Ciudad con datos a julio de 2025 arroja una postal que prefiero mirar de frente antes que maquillar con eufemismos: de cada diez mujeres menores de 25 años con deudas activas en el sistema financiero argentino, casi cuatro ya están en mora, lo que representa una tasa del 38,25% a nivel nacional, más del doble del promedio general, que se ubica en 17,94%, una cifra que, traducida del lenguaje técnico al castellano de la gente de a pie, significa que el porcentaje de incumplimiento casi se duplica cuando se trata de una piba que recién arranca su vida adulta y que muchas veces lo único que tiene a su favor es la firma en un contrato que jamás leyó en detalle.

Una radiografía con cifras que hablan

El universo bajo análisis comprende 784.172 mujeres de hasta 25 años con deudas activas en bancos, financieras y tarjetas, de las cuales 311.087 registran atrasos en sus pagos. Lo más revelador del trabajo que tomó como base la información oficial no está en el volumen total sino en la composición: la deuda promedio de todo el grupo es de $1.020.000, pero entre quienes ya cayeron en mora ese número desciende a $987.660, lo que en mi lectura de campo no hace más que confirmar una sospecha que arrastro de recorridas y de charlas con productoras y comerciantes del sur del país: cuando la deuda es chica también es la más frágil, porque se trata de montos que suelen tomarse para llegar a fin de mes, para comprar una heladera, para pagar el alquiler, para sostener un emprendimiento que aún no dio sus frutos, y entonces el primer tropiezo salarial se transforma en atraso y el atraso en mora y la mora en la puerta de un veraz que ya no distingue entre quien quiso progresar y quien simplemente no pudo.

  • San Luis, 46,35%, es la provincia con mayor morosidad entre mujeres menores de 25 años.
  • Chaco (43,73%) y Catamarca (42,83%) completan el podio de las más complicadas.
  • San Juan (42,29%), La Rioja y Corrientes (41,94% cada una), Santa Cruz (41,67%), provincia de Buenos Aires (40,47%) y Chubut (39,95%) también superan ampliamente la media nacional.
  • Neuquén, con 30,03%, y La Pampa, con 31,65%, son los distritos con la situación más contenida del país.

En el recorte por municipio, dentro de la provincia de Buenos Aires, la foto se vuelve todavía más cruda: Pila lidera con 65,18%, seguida por General Lavalle, con 63,53%, y Castelli, con 62,06%, tres partidos chicos donde unos pocos casos bastan para disparar el porcentaje, sí, pero donde lo verdaderamente alarmante está en el monto. En Castelli, por ejemplo, la deuda en mora promedio de este segmento trepa hasta $3.380.000, más del triple de lo que se observa a nivel nacional para el grupo, un número que para mí es la postal del descontrol, la radiografía de cómo se endeuda una joven que no tiene respaldo familiar, ni red de contención, ni mercado laboral que la espere con un contrato formal, sino apenas la promesa de una tarjeta que le aprobaron por tener un número de DNI y un recibo de sueldo a la vez precario y cobrado en blanco.

“Yo lo veo en el mostrador de mi negocio: vienen chicas de veintipico a pedirme fiado lo que no pueden pagar con la tarjeta. La tarjeta ya las comió.”Mariela, comerciante del centro de Castelli

Lo que el Estado mira y no resuelve

En términos agregados, la deuda en mora de las 311.087 mujeres de este segmento suma 307.248 millones de pesos, apenas el 1,78% del total de mora del sistema financiero argentino, que en julio fue de 17,23 billones de pesos, una proporción baja en el agregado pero enorme en lo humano, porque del surco a la góndola del banco hay un trayecto que recorren mujeres que pidieron un crédito con la expectativa legítima de estudiar, montar un taller, comprar herramientas, y que ahora cargan con un historial sucio que les cierra puertas sin que nadie del Banco Central, del Ministerio de Economía ni de la Secretaría de la Mujer se haya tomado el trabajo de preguntarles qué les pasó. La morosidad de los varones del mismo rango de edad es apenas inferior, 37,1%, lo que confirma que no es una cuestión de género en abstracto sino de condiciones materiales y de responsabilidades de cuidado que recaen de forma desigual sobre las mujeres más jóvenes y sobre las madres muy jóvenes, muchas de ellas jefas de hogar a una edad a la que sus propias madres todavía no habían terminado la secundaria, y a las que nadie les explicó que un crédito personal sin respaldo no es oportunidad sino trampa.

El informe del Centro de Estudios de la Ciudad, que se completó con aportes de la consultora Econviews, describe una tendencia y, como toda buena radiografía, deja en evidencia lo que las autoridades todavía no resolvieron: la ausencia de un programa específico de educación financiera con perspectiva de género, la falta de límites efectivos a los préstamos personales con destino al consumo que los bancos otorgan a jóvenes sin historial laboral suficiente, y la persistencia de un sistema de scoring que castiga la pobreza en lugar de atender sus causas, de modo que mientras el Estado siga mirando para otro lado, cada nueva camada de mujeres menores de 25 años seguirá cayendo en la misma olla que les prepararon quienes más deberían haberlas cuidado, y este espacio, mientras tanto, seguirá contando lo que pasa del surco a la góndola, aunque la góndola en cuestión sea la de un banco.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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