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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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La tela se enfría: la industria textil acumula una caída del 22,6% y ya despidió a más de 28.000 trabajadores desde 2023

Entre enero y julio de 2026 la producción se desplomó casi nueve veces más que el promedio industrial, las fábricas funcionan a menos de la mitad de su capacidad y los empresarios describen un cuadro peor que el de las hiperinflaciones y la pandemia.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura · · 3 min de lectura
La tela se enfría: la industria textil acumula una caída del 22,6% y ya despidió a más de 28.000 trabajadores desde 2023

El termómetro de la industria textil marca un frío que no cede. Los números difundidos por la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) muestran que entre enero y julio de 2026 la producción del sector retrocedió 22,6% frente al mismo período del año anterior, una caída casi nueve veces más profunda que la del promedio industrial y que confirma que el derrape no encuentra piso. Solo en julio, la baja interanual fue de 13%, y el segmento más golpeado es el de tejidos y acabados, que acumula un retroceso de 35,1% en lo que va del año.

Fábricas a media máquina

Las plantas textiles operaron en julio al 45,3% de su capacidad instalada, un nivel 12,9 puntos por debajo del resto de la industria manufacturera, que alcanzó el 58,2%. Desde 2024, el rubro se mueve en una franja de entre 30% y 50% de aprovechamiento, muy por debajo del 50% a 60% que registraba en 2023. Esa ociosidad creciente es la traducción fabril de un mercado interno que dejó de comprar ropa, hilos y telas al ritmo que las fábricas necesitan para sostenerse.

El mapa del deterioro: empleo y locales

  • El empleo formal del complejo textil, confección, cuero y calzado se ubicó en 92.531 puestos en junio, con 1.284 trabajadores menos que en mayo y 16.536 menos que en junio de 2025.
  • Desde diciembre de 2023, el saldo neto acumulado es de 28.322 empleos perdidos.
  • El sector explica el 50% de los puestos que se destruyen mes a mes en toda la industria, pese a representar apenas el 8,4% del empleo industrial total.
  • En junio funcionaban 4.282 establecimientos entre textiles y confección, 517 menos que un año atrás.
  • Desde diciembre de 2023 cerraron 770 locales, el 67% de ellos en los últimos doce meses.
“Con las crisis fuertes que hubo, el consumo nunca disminuyó a los niveles que ha disminuido en este momento, por lo menos en el área textil. En todas esas, se salió adelante en corto tiempo.”Ricardo Kuchikian, al frente de Cocot Dufour

La voz de Kuchikian resume el ánimo que recorre al sector. El empresario, que conoce los registros de la Fundación porque lleva décadas al frente de la firma, calificó al momento actual como el peor desde la fundación de la empresa, por encima incluso de crisis que incluyeron hiperinflaciones y la pandemia. Para él, lo distintivo de este ciclo no es la profundidad de la crisis en sí, sino la ausencia de rebote: en cada una de las crisis anteriores, dice, la recuperación llegó en el corto plazo; esta vez todavía no asoma.

El empresario describió además los límites que enfrenta el sector para compensar la caída de ventas con ajustes internos. Cuando no hay consumo, sostuvo, se puede crear, inventar e idear, pero el resultado muchas veces es plano, una forma elegante de decir que no alcanza con creatividad si la demanda no aparece. También planteó la necesidad de ajustar la producción a lo que los costos permitan sostener, un movimiento que en la práctica significa menos turnos, menos horas extras y, en el peor de los casos, menos personal en planta.

El cuadro completo, entonces, es el de una industria que pierde volumen, ocupa menos de la mitad de sus máquinas, achica su plantilla y ve cerrar locales a un ritmo que se aceleró en los últimos doce meses. El recorrido del surco a la góndola, esa cadena que alguna vez fue virtuosa, hoy muestra eslabones flojos en cada tramo: el hilo se produce menos, la tela se teje menos, la prenda se confecciona menos y la góndola recibe menos mercadería nacional frente a la importación que, según el propio sector, sigue llegando a precios que la producción local no puede igualar. Y mientras la facturación se derrumba, lo que el Estado todavía no resolvió es la herramienta concreta para frenar la sangría: un esquema de protección efectiva para el entramado textil que vaya más allá de los anuncios y que permita, de una vez, estabilizar a un sector que hace tiempo dejó de creer en los rebotes cortos.

RQ
Rosa QuinteroCampo y vitivinicultura

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