La presión alta no avisa: por qué medírsela puede cambiarlo todo
En la Argentina, uno de cada tres adultos convive con hipertensión sin saberlo. Controles periódicos, alimentación y movimiento aparecen como las llaves más concretas para detectar a tiempo una condición que suele pasar silenciosa.

Acá, en la sala de espera del centro de salud del barrio, uno escucha de todo: que si el dolor de cabeza, que si los mareos, que si el cansancio. Pero lo que me llama la atención cada vez más, mientras voy acumulando años y consultas, es la cantidad de gente que se cruza conmigo en la vereda y me dice, casi de paso, que le apareció la presión alta sin haber sentido nunca nada raro. A mí, que me gusta charlar con los vecinos y preguntar cómo andan, eso me golpea, porque pone en evidencia algo que los médicos vienen repitiendo hace tiempo y que a veces se nos escapa en la conversación cotidiana: la hipertensión es una enemiga silenciosa, y por eso la mejor manera de ganarle es ir a buscarla antes de que ella venga a buscarnos a nosotros.
Una enfermedad que no da señales
Una enfermedad que no da señales
Lo primero que conviene entender, y se lo escuché a la doctora que me atiende hace ya bastante, es que tomarse la presión no duele, lleva apenas un par de minutos y puede evitarse con cualquier excusa del mundo, pero el dato que arroja ese breve procedimiento es uno de los más valiosos que un adulto puede conocer sobre su propio cuerpo. La hipertensión puede instalarse sin que aparezca un solo síntoma evidente: ni dolor de cabeza insistente, ni zumbidos en los oídos, ni visión borrosa. La persona se siente bien, sigue con su rutina, levanta a los chicos, va al trabajo, toma el colectivo, y mientras tanto la presión va haciendo de las suyas adentro de las arterias sin pedir permiso. Esperar a que el cuerpo avise es, en la práctica, dejar la puerta abierta a que el problema avance sin ser detectado.
- Reducir el consumo de sal en las comidas cotidianas.
- Sostener una alimentación equilibrada, con verduras, frutas y legumbres.
- Realizar actividad física de manera regular, aunque sea caminar.
- Atender el estrés crónico, que también pesa sobre la presión arterial.
- Medirse la presión con periodicidad, aunque uno se sienta bien.
Las cifras que duelen en la Argentina
Las cifras que duelen en la Argentina
Cuando uno revisa los números que maneja el Registro Nacional de Hipertensión Arterial, la cosa toma otra dimensión: el 36,3 por ciento de los adultos mayores de 18 años en la Argentina tiene hipertensión, lo que traducido al lenguaje de la calle significa que casi cuatro de cada diez personas con las que nos cruzamos en el colectivo, en la oficina o en la cuadra están viviendo con la presión elevada. Son alrededor de 12 millones de personas, y lo más inquietante es que casi cuatro de cada diez de ellos todavía no recibieron un diagnóstico, es decir que caminan por la vida sin saberlo. Y entre quienes sí lo saben y están bajo tratamiento, apenas alrededor del 44 por ciento logra mantener los valores controlados, lo que deja a la gran mayoría todavía expuesta a complicaciones que se podrían evitar.
El fenómeno no es exclusivamente argentino, por más que a veces uno tenga la sensación de que estas cosas pasan lejos. El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, estima que 1.400 millones de adultos en el mundo viven con presión elevada y que solo uno de cada cinco la tiene controlada, una proporción que habla a las claras de un problema de salud pública de enorme magnitud y que, como suele ocurrir con estas cifras globales, termina aterrizando también en la realidad de nuestras propias ciudades, de nuestros propios barrios, de nuestras propias familias.
“Lo más duro es cuando te enterás que un vecino tuyo, al que le decías buen día todas las mañanas, terminó en una guardia por un pico de presión que no vio venir. Yo lo viví con Hugo, el de la ferretería de la esquina, y desde entonces cada vez que puedo insisto: hay que sentarse un rato y medírsela, aunque uno se sienta perfecto.”Roberto, vecino del barrio de Belgrano
Con el paso del tiempo, la hipertensión sin control va deteriorando las paredes de las arterias y termina afectando a órganos vitales, con consecuencias tan serias como los infartos y los accidentes cerebrovasculares, que son de esas palabras que uno lee en el diario y piensa que les pasan a otros, hasta que un día le pasan a alguien cercano. Los controles periódicos permiten reconocer una condición que puede avanzar sin señales claras y forman parte de la prevención de esas complicaciones. Por eso la invitación es concreta y vale la pena repetirla: medir la presión de manera regular, mantener los hábitos saludables que estén a nuestro alcance, sostener los tratamientos cuando ya están indicados y no esperar a sentir algo raro para ocuparse de un tema que, justamente, se caracteriza por no avisar. La salud, como tantas cosas importantes de la vida, se cuida mucho mejor con el calendario en la mano que con el sobresalto en el pecho.
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