La paradoja del bolsillo: salarios que suben, consumo que no arranca
La inflación de agosto perforó el 2% y los sueldos acumulan cinco meses de recuperación real, pero los hogares siguen volcándose al dólar y los bancos se mantienen a la espera. Qué cambió respecto al año pasado y qué falta para que el dinero vuelva a girar en la economía cotidiana.

La inflación de agosto se ubicó en 1,7% mensual, el registro más bajo en mucho tiempo y una señal de alivio para los ingresos que venían perdiendo la carrera contra los precios. A ese número se suma que los salarios acumulan cinco meses consecutivos de suba por encima de la inflación, un dato que, comparado con 2024, marca un giro relevante: durante gran parte del año pasado la dinámica era exactamente la inversa, con paritarias que corrían detrás de la remarcación de góndolas. Sin embargo, la mejora en los números no se está traduciendo en un repunte del consumo, y la economista Valeria Ocampo, de la sección Economía y producción, advierte que se trata de un fenómeno que merece leerse con detenimiento.
1,7%: la inflación más baja en años
El 1,7% de agosto representa un cambio de tendencia que los analistas venían anticipando desde principios de 2025. Para dimensionar el dato basta con recordar que, en el mismo mes del año anterior, la variación mensual del Índice de Precios al Consumidor se ubicaba varios puntos por encima, con picos cercanos al 4%. La desaceleración responde, en gran parte, a la estabilidad cambiaria, la caída de los alimentos frescos y un ancla fiscal más estricta. En ese contexto, el salario real empieza a recuperar terreno, aunque todavía queda una mochila acumulada de pérdida de poder adquisitivo que no se recompone en pocos meses.
A dónde va el peso extra
El dinero que los hogares perciben como margen adicional no está volviendo, al menos por ahora, a las góndolas ni a las tiendas. Una parte significativa se está derivando a la compra de dólares: solo en julio, el público adquirió cerca de 3.000 millones de dólares para atesoramiento, un salto de prácticamente 50% respecto de los meses previos. Aproximadamente un tercio quedó depositado en cuentas en moneda extranjera dentro del sistema financiero, otro tercio salió del circuito formal y el resto se canalizó al pago de tarjetas en dólares. El desplazamiento es elocuente: cada peso convertido deja de financiar consumo presente.
“Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo.”Fernando Marull, economista
Crédito en pausa y bancos a la expectativa
El otro factor que frena la reactivación es el financiamiento. Las entidades bancarias arrastran niveles de morosidad elevados, heredados de los meses de mayor tensión inflacionaria y cambiaria, y se mantienen renuentes a prestar. Las líneas personales y los préstamos con destino al consumo siguen cayendo, mientras se aguarda un eventual descenso de las tasas de interés para los próximos meses. La cautela del sistema, sumada a la de las familias, configura un escenario de doble desconfianza: ni el banco quiere prestar ni el cliente quiere endeudarse más allá de lo indispensable.
Qué le cambia al bolsillo de la familia riojana
Para el segundo semestre, el escenario más probable combina precios estables o con subas moderadas y salarios que podrían seguir ganando algo de terreno real, aunque el consumo tardará en reactivarse mientras la incertidumbre siga empujando al ahorro en dólares. En la práctica, eso significa góndolas que ya no sorprenden con saltos abruptos, una cuota de tarjeta que se mantiene dentro de lo previsible y cierto margen para retomar gastos postergados, como arreglos de hogar o indumentaria, pero todavía con la decisión de las vacaciones, la compra de un electrodoméstico o la refacción grande esperando un poco más de certidumbre. La diferencia respecto de 2024 no es menor: hoy el salario le gana a los precios, mientras que hace un año corría varios cuerpos detrás. Falta, eso sí, que esa mejora se traduzca en movimiento de la economía cotidiana, y esa transición, según coinciden los analistas, recién empieza.
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