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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Latido Riojano

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La mujer que le enseña a un robot a pelar papas, y de paso se compra el saldo del celular

Divya filma desde la India lo que cualquiera hace un domingo a la tarde: cortar verduras, limpiar la cocina, ordenar la casa. La diferencia es que ella cobra por eso y, de paso, entrena a las máquinas que algún día querrán reemplazarnos.

FM
Federico MazaTecnología · · 3 min de lectura
La mujer que le enseña a un robot a pelar papas, y de paso se compra el saldo del celular

A todos nos pasó: el día que la licuadora decidió no andar, el GPS nos mandó a una calle cortada o el celu se quedó sin batería justo cuando más lo necesitábamos. Pero el escenario inverso, el de la tecnología funcionando exactamente como fue pensada, también tiene su costado insólito. En el sur de India, una mujer se coloca el teléfono en la cabeza, como si fuera una linterna de camping, y filma sus propias tareas domésticas para que un robot con inteligencia artificial aprenda a hacerlas mañana.

Divya vive en el distrito de Karur y se convirtió en una de las personas que entrenan sistemas de IA con material visual del mundo real. La idea es simple y, a la vez, ambiciosa: para que un robot domestique se maneje en una cocina o en un living, primero hay que mostrarle cómo lo hace un humano. Cada corte de verdura, cada pasada de trapo, cada movimiento fino termina convertido en un ejemplo que la máquina analiza para después imitarlo o adaptarlo.

Cuatro horas filmadas, dos horas cobradas

Lo que suena a trabajo fácil tiene su letra chica. Divya relata que, de las cuatro horas que pasa grabando en una jornada, apenas entre dos y dos horas y media terminan siendo aprobadas. O sea, imagine que usted trabaja una tarde entera y le pagan por la mitad: el resto se va al tacho de archivo porque el ángulo no servía, la luz no alcanzó o el encuadre no le gustó al que revisa del otro lado.

El tiempo, además, se estira. "Si normalmente me toma 30 minutos cortar verduras, este trabajo me toma una hora cuando tengo que grabarlo en video", cuenta ella. Traducido al castellano de todos los días: hacer la tarea con la cámara encendida es como cocinar mirando el reloj y el temporizador al mismo tiempo, por si alguien estuviera tomando nota de cada gesto.

Del pedido al marido al ingreso propio

Acá viene lo que a mí, confieso, me terminó pareciendo lo más interesante de la nota. Divya relata que antes, para recargar el saldo del celular, tenía que pedirle plata a su esposo. Hoy, con lo que gana filmando sus propias rutinas, paga esa recarga y hace compras menores por su cuenta. Es un cambio chico en la planilla y enorme en la cabeza. No hablo de riqueza: hablo de no tener que pedir permiso para una recarga.

  • Entrenar robots con IA necesita grandes volúmenes de video de tareas humanas reales, no solo datos de fábrica.
  • Filmar con un celular sujeto a la cabeza permite capturar la escena desde el punto de vista de quien ejecuta la tarea.
  • No todo lo grabado sirve: una parte importante del material se descarta por ángulo, luz o calidad del movimiento.
  • El pago por estas grabaciones puede ser bajo por hora efectiva, pero representa autonomía económica para personas en contextos vulnerables.
  • La duración final del trabajo casi duplica la de la tarea original, porque filmar no es lo mismo que hacer.

Yo, que llevo años escribiendo sobre tecnología, confieso que todavía no termino de acostumbrarme a este tipo de cruces. Entrenamos robots con las mismas manos que, en muchos casos, un robot podría dejar sin trabajo. Pero la realidad es más desordenada que la teoría: por ahora, las máquinas necesitan mirar a Divya cortar verduras para recién empezar a entender cómo se hace.

Mi consejo, ya que estamos: la próxima vez que una tarea doméstica le parezca aburrida, piense que, en algún lugar de India, alguien la está filmando para vendérsela a un robot. Si eso no le da perspectiva, no sé qué se la va a dar.

FM
Federico MazaTecnología

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