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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La esquina donde Mafalda sigue mirando al mundo

El Paseo de la Historieta tiene un punto ineludible en Chile y Defensa, donde la estatua de la nena de Quino se llena de cámaras los domingos. Una recorrida por San Telmo para sacarse la foto, mirar los puestos y dejarse llevar por el barrio.

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Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
La esquina donde Mafalda sigue mirando al mundo

Le cuento una cosa, porque esta nota arranca en un lugar antes que en un hecho, como me gusta a mí contarlas. Hay que imaginarse la esquina de Chile y Defensa en San Telmo un domingo al sol tibio, con las veredas angostas y empedradas que ya tienen esa pinta de barrio viejo que tenemos los porteños cuando queremos sentirnos en casa. Ahí, sentado en un banquito de plaza, con las piernas cruzadas y la mirada torcida hacia arriba, está Mafalda. O mejor dicho, la estatua del personaje que dibujó Joaquín Salvador Lavado, al que todos conocemos como Quino, y que es una de las razones por las que la gente frena en esa esquina como si fuera un monumento al turismo y a la historieta al mismo tiempo.

Acá lo que pasa es simple y a la vez un poquito curioso. La escultura forma parte del Paseo de la Historieta, ese recorrido que el barrio va armando con estatuas de personajes que nacieron en las páginas de las revistas argentinas. Pero esta esquina se volvió algo así como el punto de peregrinación para quienes quieren llevarse la foto con la nena que siempre cuestiona todo. Roberto, un señor de unos sesenta años que vive a tres cuadras y baja todos los domingos a leer el diario en un bar cercano, me dice mientras mira a los turistas hacer cola: "Yo la vi cuando la pusieron, en el 2009, y te juro que todavía me como la fila de gente que se saca fotos con ella. Es como un mausoleo, pero de los buenos". Roberto es de esos vecinos que uno quisiera tener en cada nota, porque habla con la seguridad de quien vio crecer la costumbre.

La feria y los objetos

El domingo es el día ideal para combinar la parada con la feria de San Telmo, que se extiende a lo largo de Defensa y muestra ese universo de puestos donde conviven antigüedades, artesanías y recuerdos con la imagen del personaje. Uno va caminando y se topa con cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas que llevan la cara de Mafalda y, en muchos casos, frases que ella nunca dijo pero que el merchandising se encarga de atribuirle. Por eso conviene mirar con cuidado lo que se compra: no toda cita que aparece en un objeto salió de la pluma de Quino, y eso a veces genera más de una confusión entre los visitantes que recién se acercan al universo de la tira.

  • La esquina de Chile y Defensa es el punto de referencia ineludible para la foto.
  • La feria dominical sobre Defensa ofrece cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas con la imagen de Mafalda.
  • Otros comercios de la zona suman estatuas del personaje para extender el recorrido.
  • Conviene revisar las inscripciones de los objetos para distinguir frases oficiales de las apócrifas.
  • El elenco de la tira incluye a Felipe, Susanita, Manolito, Miguelito, Guille y Libertad.

Ahora bien, hay que decirlo con todas las letras: sacarse la foto requiere paciencia. La esquina se llena de visitantes que esperan su turno para posar junto a la protagonista de las tiras, y aunque no hay un tiempo de espera informado, conviene contemplar esa parada al organizar la caminata. La fila es parte del movimiento alrededor de la escultura y, en cierto modo, también es parte del paisaje. Algunos esperan cinco minutos, otros un poco más, y mientras tanto aprovechan para charlar con gente de distintos países que también quiere llevarse el recuerdo.

“Lo que tiene Mafalda es que sus personajes son complejos y, además, fue incorporando los asuntos del mundo a las tiras.”Tute, humorista gráfico

La propuesta, entonces, termina siendo una de esas cosas que uno recomienda sin dudar: arrancar por la esquina, dejarse estar en la cola, caminar después por Defensa entre los puestos, mirar las estatuas que los comercios fueron instalando cerca y, sobre todo, llevarse el barrio en la cabeza. Yo, si me apuran, me quedo con la imagen de Mafalda sentada en su banquito, mirando para arriba con esa cara de fastidio que era, en realidad, una forma de querer entender el mundo. Y a veces uno vuelve a San Telmo justamente para eso, para entender un poquito más, aunque sea un domingo a la tarde.

EC
Ernesto ChumbitaSociedad y vida cotidiana

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