La cifra del mes dice 1,7%, pero en la mesa de los argentinos la cuenta sigue dando más
El INDEC marcó la inflación más baja del año, aunque la Canasta Básica Total trepó 2,6% y los alimentos quedaron apenas una décima por encima del promedio. Dólar quieto, brecha estable y un costo de construcción que ya pide diez años de sueldo.

Les confieso que cada vez que el Instituto Nacional de Estadística y Censos publica el dato mensual de inflación me preparo como quien sale al campo después de una lluvia persistente: con la certeza de que el número grande va a decir una cosa y la realidad cotidiana de los argentinos va a contar otra muy distinta, y esta vez no fue la excepción, porque mientras el Índice de Precios al Consumidor cerró agosto en 1,7%, el valor más bajo del año y una señal que en el papel parece tranquilizadora, la Canasta Básica Total, ese indicador que define la frontera entre estar dentro o fuera de la pobreza, trepó 2,6% en el mismo período, lo que confirma que la desaceleración promedio convive con sectores donde los precios siguen apretando más fuerte que el promedio general.
En ese reparto desigual, los alimentos subieron 1,8%, apenas una décima por encima del índice general, pero las tarifas de servicios fueron el rubro que más se disparó en el mes, con un incremento de 2,8%, un dato que golpea de lleno en el presupuesto de cualquier hogar porque servicios como luz, gas y agua no son opcionales ni se pueden postergar, y cuando suben más que la inflación general obligan a resignar otros gastos del mes, desde la carne hasta la verdura, en una cadena de ajustes que termina recalentando, paradójicamente, el rubro alimentario en las mediciones siguientes.
El dólar se toma un respiro y el mercado mayorista se mueve
En materia cambiaria, el panorama mostró una calma relativa que, mirada con detenimiento, también esconde movimientos relevantes: el dólar minorista cerró el viernes a 1.530 pesos para la venta en el Banco Nación, el mismo nivel que la semana anterior, mientras que el promedio de las entidades financieras se ubicó en 1.531,73 pesos para la venta y 1.480,30 pesos para la compra, de acuerdo con la información que difundió el Banco Central, en tanto que el dólar informal se mantuvo en 1.545 pesos, con una ganancia semanal de apenas cinco pesos, equivalente a 0,3%, lo que ratifica una brecha cambiaria acotada que, sin embargo, no se traduce todavía en alivio concreto para los bolsillos.
- Indice general de agosto: 1,7%, el registro más bajo del año.
- Alimentos: suba de 1,8%, una décima por encima del promedio.
- Canasta Basica Total: 2,6%, define el umbral de pobreza.
- Tarifas de servicios: 2,8%, el rubro que más subio en el mes.
- Dolar minorista Banco Nacion: 1.530 pesos para la venta, sin cambios semanales.
- Dolar mayorista: cerro a 1.508,50 pesos, con baja de 4,50 pesos.
- Construir 100 metros cuadrados: mas de 238 millones de pesos, unos diez anos de ingreso medio.
Ahora bien, no quiero dejar pasar lo que ocurrió en el mercado mayorista, donde se operaron 835,4 millones de dólares en el segmento de contado, uno de los montos más altos del año, y esa presión vendedora empujó el precio hacia abajo hasta cerrar en 1.508,50 pesos, con una baja de 4,50 pesos respecto al cierre previo, un dato que los analistas suelen mirar con atención porque cuando el volumen crece y el precio baja suele interpretarse como una señal de oferta abundante, algo que en el actual contexto económico, con el Central procurando sostener las reservas, no pasa desapercibido.
Del surco a la góndola, la pulseada sigue abierta
Porque en esta mesa, que es la mesa de todos los argentinos, la discusión de fondo no termina en el 1,7% que difundió el INDEC ni en la estabilidad aparente del tipo de cambio, sino que sigue abierta en cada góndola de supermercado, en cada factura de servicios y en cada cuota de un crédito que cuesta cada vez más caro en términos reales, dado que el sistema financiero muestra señales de contracción en el crédito al consumo, con bancos y billeteras virtuales que redujeron el otorgamiento de préstamos personales y de tarjeta ante una mora persistente, ya que las entidades detectan menos incumplimientos nuevos, pero endurecen los requisitos de acceso y priorizan refinanciaciones de deudas ya existentes, un cuadro que retrata con crudeza lo que durante años repitieron los especialistas: que los salarios perdieron capacidad de compra, que los gastos crecieron más que los ingresos y que muchos hogares llegaron al financiamiento después de agotar sus ahorros.
Y acá aparece otra cifra que duele: construir una vivienda de cien metros cuadrados demandó en agosto un desembolso superior a los 238 millones de pesos, y la brecha entre ese costo y el ingreso medio implica aproximadamente diez años de trabajo para afrontar la obra, de modo que hablar de acceso a la casa propia, que es la mayor inversión que hace una familia en toda su vida, se transformó en un horizonte que se aleja cada vez más para buena parte de la clase media y trabajadora, mientras las cifras macro siguen sin encontrar el modo de derramar hacia la vida cotidiana de manera consistente.
“El INDEC puede seguir bajando el número grande, pero cuando la Canasta Básica Total sube más del doble del índice general, la diferencia entre el dato y la experiencia de las familias deja de ser una discusión técnica y pasa a ser una cuestión de supervivencia.”Rosa Quintero, editora de Campo y vitivinicultura
Cierro esta columna como siempre, dejando planteado lo que el Estado todavía no resolvió y que pesa sobre cualquier análisis serio de la economía doméstica: la persistente diferencia entre la inflación promedio y la inflación que efectivamente pagan los sectores más vulnerables, la falta de un puente estable entre la política cambiaria y la formación de precios en góndolas y tarifas, la insuficiencia de los ingresos formales frente a bienes básicos como la vivienda, y la ausencia de un sistema de protección al consumidor que no quede en el papel cuando la inflación cede en las estadísticas pero sigue golpeando en el mostrador, porque del surco a la góndola, y de la góndola al plato, la cadena todavía tiene demasiados eslabones flojos, y mientras esos eslabones no se ajusten, los argentinos seguirán viviendo en una economía donde el número del mes y la realidad del bolsillo nunca terminan de coincidir.
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